Recensiones Bibliográficas. Gema SANCHEZ MEDERO y Rubén SANCHEZ MEDERO.

PP-CDS. Pactos y alternativas de gobierno de centro derecha en 1989.

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Los autores analizan los pactos llevados a cabo por el Partido Popular (PP) y el Centro Democrático y Social (CDS), en el ámbito autonómico y local, al amparo de la Ley Orgánica 5/1985 que introdujo el régimen de moción de censora como método de alteración de equipos de gobierno municipal sin pasar por nuevas elecciones, analizando, las causas de tales pactos y los procedimientos seguidos para llevarlos a cabo.

Ya en 1987 Alianza Popular, las elecciones municipales, trató de llegar a acuerdos de gobierno con el CDS, sin que éste aceptara para mantener incólume su seña de identidad como partido de centro, además de que la relación entre Fraga y Suarez fue siempre de profunda antipatía (para Fraga, Suarez era un patán que hizo lo que él debió haber hecho y para Suarez, Fraga era un cavernícola que sólo podía aportar el recuerdo de la común andadura anterior), mientras que AP pretendía tales acuerdos para romper su imagen de derecha tradicional, incapaz de acceder al mítico centro y alcanzar el objetivo de Fraga, denominado “mayoría natural”.

También los socialistas trataron de pactar con el CDS para aislar a AP, en el lugar donde el imaginario popular le ubicaba. Era pues, el CDS, un partido capaz de actuar como bisagra entre los dos mayoritarios y debía sacar réditos de tal posición.

Desde luego, la falta de acuerdos beneficiaba el PSOE que podía constituir ayuntamientos con mayoría simple, en ocasiones sin necesidad de apoyarse en IU.

Se preguntan los autores si la política de pactos que finalmente establecieron el PP y el CDS tenía por objeto mejorar la gobernanza de determinadas instituciones o si, por el contario, no tenía más finalidad que la del beneficio partidista. Huelga decir, que no se trataba de corregir ineficiencia gubernativa alguna, sino de satisfacer necesidades de partido, que aunque no sea muy edificante no deja de ser lícito.

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L.- PP-CDS. Pactos y alternativas de gobierno de centro derecha en 1989. Gema SANCHEZ MEDERO y Rubén SANCHEZ MEDERO.

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Recensiones Bibliográficas. Carlos SOLCHAGA.

El final de la época dorada

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Trata el libro recensionado del periodo que siguió a la llamada época dorada, entendida como aquella iniciada tras la segunda guerra mundial, que tendría su esplendor entre el inicio de los años 60 y el año 1973, en que se produjo la primera crisis del petróleo.

Aquella época de oro, que transformó la vida cotidiana del primer mundo, introduciendo en los hogares los electrodomésticos, el plástico, los alimentos conservados por métodos nuevos (liofilización, etc.) y, en definitiva, el consumismo y la exigencia de confort, tocaba a su fin.

Desde la perspectiva ideológica, el capitalismo, que representaba el líder mundial, los Estados Unidos de América, y su moneda el dólar, se corregía con una moderada planificación económica orientada a garantizar el Estado del Bienestar (pleno empleo, seguridad social, sistema público de pensiones, etc.), porque era convención generalizada que había de evitarse la inestabilidad económica del periodo que medió entre las dos guerras (la gran depresión, el paro generalizado, etc.). Nacen es esta época las empresas multinacionales que liderarán y autoalimentarán el incipiente consumismo que caracterizaría al primer mundo.

Las tesis de Keynes estaba en su apogeo, crecimiento económico, comsumismo y pleno empleo. Era la socialdemocracia, cuya doble finalidad sería la garantía de la sociedad del bienestar, que se cargaba sobre las espaldas del Estado interventor y recaudador y, además, la protección de la sociedad occidental frente al comunismo que imperaba en medio planeta.

Pero el sistema entraría en crisis en los años 1972 y 1973 con la crisis de las materias primas y el incremento del precio del petróleo impuesto por la OPEP.

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K.- El final de la época dorada. Carlos SOLCHAGA.

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Recensiones Bibliográficas. Carlos HUNEEUS.

La Unión de Centro Democrático y la transición a la democracia

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El libro que se recensiona trata de explicar la transición a la democracia en España, siguiendo la naturaleza y vicisitudes de uno de sus instrumentos más relevantes, la UCD, desde una triple perspectiva: su origen singular, su protagonismo en el proceso y su autodestrucción.

Vamos a tratar de acomodar esta recensión a la primera parte del temario de la asignatura que se ocupa de tres conceptos capitales del periodo de la transición: continuidad, reforma o ruptura; configuración del régimen democrático y los gobiernos de la UCD.

Aunque las recensiones no suelen incorporar citas de otros autores, con el objeto de dar una visión más completa de los juicios que se incorporan, éstos se apoyan en criterios de otros autores que estudiaron el fenómeno de la transición a la democracia española y de la UCD. Creo así cumplir más fielmente el encargo.

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J.- La Unión de Centro Democrático y la transición a la democracia. Carlos HUNEEUS.

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Recensiones Bibliográficas. Javier TUSELL GOMEZ.

La alternativa de la derecha (1996-2000)

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El trabajo del fallecido profesor Tusell analiza el periodo político correspondiente al Gobierno presidido por el José Mª Aznar, entre los años 1996 y 2000 antes, por tanto, de que el mismo Aznar revalidara su estancia en la Moncloa pero con mayoría absoluta que, aunque no de manera plena porque pueden incidir otras circunstancias, constituye la valoración más objetiva del mandato analizado.

Ciertamente la victoria electoral del PP, por 300.000 votos de diferencia, fue valorada como escasa a la vista de la serie de escándalos de corrupción y de infracción de la legalidad que protagonizó el PSOE y el propio Gobierno, aunque la sorpresa por tan menguada diferencia de votos, que resalta el autor, debiera matizarse por la consideración de las siguientes circunstancias:

a) El GAL, desmesurado atentado al Estado de Derecho y legitimador de conductas terroristas, para no pocos ciudadanos favorables al nacionalismo sea moderado o violento, no fue juzgado negativamente por una parte posiblemente mayoritaria de la sociedad española, porque nuestra educación cívica no ha llegado a percibir la vulneración del Estado de Derecho por el propio Gobierno como delito horrendo, dando suelta, por el contrario, a la visceral satisfacción que produce la venganza.

b) Por lo que se refiere a los supuestos de corrupción que menudearon por doquier, gran parte de la sociedad tendió a ser permisiva con el PSOE y a concretar la condena en personas concretas, no en la organización ni tan siquiera en la política de desarme de los instrumentos de intervención pública, con la devaluación de los interventores de los ayuntamientos y demás entidades públicas. Probablemente hoy, quince años después, la ciudadanía hubiera sido más crítica con aquellas conductas.

Lo cierto es que el electorado no valoró tan negativamente como una mente sensible hubiera esperado y el resultado electoral fue tan magro como reseña el autor.

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I.- La alternativa de la derecha (1996-2000). Javier TUSELL GOMEZ.

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Recensiones Bibliográficas. José DIAZ NIEVA y José Luis ORELLA MARTINEZ.

La derecha franquista en la transición

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El trabajo que se recensiona analiza las vicisitudes de la derecha surgida del franquismo en el periodo de la transición estricta, hasta la celebración de las segunda elecciones generales en el año 1979 y desaparición de la UCD.

Los autores parten de la idea, indiscutible, de que el origen franquista de esta derecha “fue causa de que se les  minusvalorase por el resto de las fuerzas política”, aunque arranca su descripción narrando los orígenes de los  democristianos que circulaban durante el franquismo, sin tener contacto alguno con las esferas oficiales, tales como el grupo del profesor Giménez Fernandez, Izquierda Democrática, que luego heredaría Ruiz Jimenez; el de Luis Lucía, viejo ex–cedista valenciano y el de José Mª Gil Robles, en el que se encontraban Alvarez de Miranda y Cavero, entre otros, bajo la denominación de Federación Popular Democrática.

En la hora de iniciarse la transición a la democracia son tres los grupos democristiano, el de Ruiz Jimenez, Izquierda Democrática, de fuerte tendencia socializante, que acabaría en la Plataforma Democrática con las fuerza de la izquierda clásica, radicalización que originó la separación del grupo liderado por Alvarez de Miranda que constituyó el Partido Popular Demócrata Cristiano  al que se unirían aperturistas del régimen de Franco, como Osorio, y continuaba, naturalmente la Federación Popular Democrática.

Por lo que hace referencia a los nacionalistas vascos y catalanes, en esta advocación democristiana se cobijaron tanto el PNV como UDC (Unión Democristiana Cristina) que se acabaría integrando en CIU. Recuerdan los autores cómo el PNV merecería de la propia UCD el reconocimiento de una super-prima de reconocimiento democrático y, también, de vasquidad, lo que pudo hacerse para evitar su radicalismo, como dicen los autores, aunque no sólo no lo consiguieran sino que lo aceleraron.

El PNV trató de controlar el acceso de los grupos democristianos españoles en la Internacional Democristiana y lo consiguió en ocasiones, aunque finalmente fuera expulsado de su seno.

Con vistas a las elecciones de 1977 Izquierda Democrática y la Federación Popular Democrática formaron una Agrupación electoral que les llevó al desastre, posiblemente porque la democracia cristiana fue una solución de la post-guerra mundial que en los años setenta estaba en manifiesto retroceso, cuando en España se presentaba como novedad.

Desde luego en tal Agrupación electoral no entró el Partido Popular Demócrata Cristiano de Alvarez de Miranda, porque en su seno había colaboracionistas.

 

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H.- La derecha franquista en la transición. José DIAZ NIEVA y José Luis ORELLA MARTINEZ.

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Recensiones Bibliográficas. Melvyn P. LEFFLER.

La guerra después de la guerra. Estados Unidos, la Unión Soviética y la Guerra Fría.

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I.- Ficha bibliográfica:

Autor: Melvyn P. LEFFLER.

Traductor: Ferran ESTEVE.

Editorial CRITICA, Barcelona 2008. 736 páginas.

II.- Breve presentación de la obra.

Nos encontramos ante un análisis del largo periodo de cuarenta años de la política internacional conocido como Guerra Fría, iniciado entre los años 1945-1948 y que concluyó tras la caída del Muro de Berlín entre el año 1989 y 1990, cuyos protagonistas, casi exclusivos, fueron los Estados Unidos de América y la Unión Soviética, las dos superpotencias de la época.

Este análisis se apoya en los cinco hitos más característicos del periodo que el autor personifica en los líderes, rusos y americanos, que los protagonizaron, de modo que los cinco hitos conforman la estructura del libro que recensionamos.

Así se establecen los cinco hitos referidos: 1º.- Los orígenes de la Guerra Fría, 1945-1948: Stalin y Truman; 2º.- Una puerta abierta a la paz, 1953-1954: Malenkov y Eisenhower; 3º.- El Apocalipsis queda atrás, 1962-1965: Jruschov, Kennedy y Johnson; 4º.- La distensión se erosiona, 1975-1980: Brezhnev y Carter; 5º.- El fin de la Guerra Fría, 1985-1990: Gorbachov, Reagan y Bush.

Estamos ante un trabajo de investigación que se hace posible, fundamentalmente, tras la desclasificación de los documentos que las dos superpotencias mantenían en el secreto de sus archivos y con el estudio de las memorias de diversos de los protagonistas del fenómeno histórico analizado. Es, por tanto, un trabajo interpretativo de fuentes primarias, aunque, naturalmente, el autor aporta su bagaje científico como historiador del presente y especialista en las relaciones internacionales de los Estados Unidos.

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G.- La guerra desde la guerra. Los EE.UU, la URSS y la guerra fría. Melvyn P. LEFFLER.

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Recensiones Bibliográficas. Miguel MAURA.

F. Así cayó Alfonso XIII…

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I.- INTRODUCCION.

El autor, protagonista de muchos de los hechos reseñados, pretende con el libro que recensionamos “dar a conocer la auténtica verdad, para que cada cual ocupe en ella el lugar que por su conducta le corresponda”, basando su redacción tanto en los hechos conocidos por ciencia propia, como en las obras del general Berenguer, del conde de Romanones, del duque de Maura y del general Mola, contando como guión con la colección completa de El Debate que le permitió recodar hechos y detalles así como contrastar el juicio que estos merecieron al periódico católico, con lo que cree aportar la garantía de un relato veraz.

Miguel Maura se siente obligado a ofrecer este relato porque es el único superviviente de aquél Gobierno provisional de la República que asumió el poder al abandonarlo Alfonso XIII, siendo como lo es ahora “católico, apostólico y romano, conservador de cuanto merezca ser conservado, liberal hasta la médula de los huesos, … Quiere esto decir que nadie podrá tachar mi relato sin mentir, descaradamente, de masónico, judaizante y comunistoide”.

El libro se compone de dos partes, una dedicada al destronamiento y la otra dedicada al Gobierno provisional del que fue ministro de Gobernación, con un epílogo, firmado en 1961, que resume con claridad el contenido del libro y hace una proyección de futuro sobre la figura del Rey que el general Franco designara ocho años después.

Es un libro de defensa de su conducta política, por lo tanto, un libro de parte, lo que no empece se aprecie en él rigor en los datos y congruencia en el relato, de aquí que tenga indiscutible valor histórico. está cuajado de anécdotas con las que se perfila muy acertadamente la silueta de los personajes que aparecen en sus páginas y, también, el ambiente político y social del periodo que abarca, desde la caída del general Primero de Rivera hasta la apertura de las Cortes constituyentes de 1931.

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F. Alfonso XIII un político en el trono.

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Recensiones Bibliográficas. Javier MORENO LUZON y otros.

E. Alfonso XIII un político en el trono

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I.- INTRODUCCION. LA PRESENTACION DEL PROFESOR MORENO LUZON.

El editor, profesor Moreno Luzón, hace una escueta presentación del libro que recensionamos seguida de una detallada descripción de las dos corrientes historiográficas que han interpretado el Reinado y la persona de Alfonso XIII, señalando que el libro trata de superar esta dualidad doctrinal para estudiar, desde distintas perspectivas, la vertiente política del monarca.

Estamos ante un libro extraordinariamente denso, en el que todas la aportaciones agotan su campo de estudio, razón por la que su recensión se hace difícil al imponerse la necesidad de seleccionar los criterios que pudieran ser más relevantes de cada autor, con el riesgo que tiene toda selección pero, en todo caso, resulta imposible encorsetarlo en 20 ó 25 páginas.

Como se ha dicho, el profesor Moreno Luzón encuadra la presentación del libro estableciendo las tres líneas historiográficas que han estudiado la figura de Alfonso XIII, la crítica, la encomiástica y la ecléctica o academicista. El profesor Moreno Luzón, propone su identificación contrastando sus reacciones frente a los dos hitos históricos más relevantes de su Reinado: 1923 (golpe de Primo de Rivera) y 1931 (advenimiento de la II República, por abandono injustificado del Rey), aunque el primer antecedente de la conducta intervencionista de Alfonso XIII se presentaría en el año 1909, cuando se desprende de Antonio Maura y apuesta por Eduardo Dato, rompiendo el partido conservador.

La una línea historiográfica crítica con la figura de Alfonso XIII, presenta a éste como un Rey autoritario, militarista y perjuro, mientras que para la otra línea interpretativa del periodo Alfonso XIII, que el editor denomina encomiástica, el Rey fue un caballero, patriota y muy español, que interpretó a su pueblo, de manera directa e intuitiva, porque el sistema político de la Restauración, anegado en la corrupción y en la falsedad electoral, no era capaz de interpretar institucionalmente la voluntad del pueblo español.

a) Línea crítica con la trayectoria de Alfonso XIII.

La línea crítica con la figura de Alfonso XIII puede decirse que está representada por Salvador de Madariaga, Ortega y Gasset, Melchor Fernandez Almagro y otros que presentan a un Rey, desde niño educado entre reaccionarios y militaristas que le crían en el convencimiento de que es él quien manda, mimado y caprichoso que ya se impuso al Gobierno desde el mismo día en que juró la Constitución.

Es un Rey político, “estragado por la politiquería”, en palabras de Madariaga, que fácilmente abandonaba su responsabilidad institucional para enfrascarse en las batallas partidistas, a las que era gran aficionado, así que el “borboneo” acabaría dominado totalmente la política española, gracias a ministros dóciles, sumisos y cortesanos que, realmente, formaban un partido palatino, al decir de Unamuno, causa principal del debilitamiento de los partidos dinásticos (conservador y liberal).

El camino sin retorno lo tomaría el Rey, según criterio de Azaña, cuando en el año 1909 se desprende de Antonio Maura, porque se había iniciado: “el camino tremendo y fatal, para el propio régimen, de decapitar a los jefes de los partidos, y el libre juego de los partidos, en beneficio del capricho real”.

Para esta corriente los dos pilares del Rey serían la Iglesia pero, sobre todo, el Ejército, con el que se integraría hasta asumir la figura del Rey-soldado  y así Madariaga diría: “lo que le hizo perder la corona fue aquel uniforme  de infantería con el que había nacido”, “a fuerza de llevarlo, el uniforme de infantería se le había hecho piel”. Una de las consecuencias de tal militarismo sería la que llevó a España al desastre de África que se tuvo por “una aventura personal del monarca español”.

Cuando las críticas por el desastre arreciaron y se empezaron a exigir responsabilidades, en el ámbito parlamentario y jurisdiccional, llegaría oportunamente el golpe de Primo de Rivera y la dictadura militar.

En el orden personal, recuerda el editor que el liberal Portela Valladares diría que “Alfonso XIII pertenecía a la clase temible de los sujetos medio-listos que quieren entender de todo, y, bajo las adulaciones cortesanas, había llegado a creer que reunía condiciones extraordinarias”. Circularon acusaciones de que el Rey buscaba la riqueza del brazo de la aristocracia y la nueva clase financiera, que le entrega acciones liberadas de sus empresas y, en el ámbito ya personalísimo, se le acusó de cobardía por dejar a su mujer y a sus hijos, uno de ellos enfermo, cuando precipitadamente abandonó España en la anochecida del 14 de abril de 1931.

b) Línea encomiástica de la figura de Alfonso XIII.

Como historiadores de esta línea se sugiere a Cortés-Cavanillas, la infanta Pilar de Baviera, Chapman-Huston, Seco Serrano, Tusell, Sencourt, Petrie, Pemán, el conde de Villares y otros, basando su clave de defensa en el españolismo del Rey, simpático, campechano, próximo y patriota, patriotismo cultivado, desde su niñez, en el ambiente del desastre del 98, lo que le colocó, culturalmente, en el ámbito del regeneracionismo, con todo lo que de positivo (apego a la modernidad,…) y de negativo (escaso afecto por la democracia) conlleva la tesis regeneracionista.

El patriotismo, más emocional que reflexivo, de Alfonso XIII le identificaba con el Ejército, lo cual tiene su lógica.

Para los autores afines a la línea encomiástica, el problema no fue Alfonso XIII sino los políticos de los partidos dinásticos. No rompió el Rey la unidad interna de los partidos sino que intervino para paliar la rotura que ya se había producido en los mismos.

Alfonso XIII estaba identificado con su pueblo y con el Ejército. Estaba, también, empeñado en la modernización de España, dada su raíz regeneracionista. Era, al decir de los encomiásticos, mucho más inteligente que sus ministros, “cucos parlanchines” y “politicastros”.

El Rey cumplió con sus obligaciones, contenidas en la Constitución de 1876, que establecía la soberanía compartida y se vio obligado a intervenir en la vida política por la debilidad y fragmentación de los partidos dinásticos, así que la culpa no fue del Rey sino de un régimen, el de la Restauración “públicamente desposado con la libertad y secretamente enamorado del absolutismo”, en palabras del monárquico Goicoechea, pero Alfonso XIII era un Rey demócrata en el sentido de que atendía el pálpito del pueblo, frente a los oligarcas y caciques parlamentarios que falseaban dicho pálpito y así diría Luca de Tena que “algunas veces, no se necesita las urnas para manifestarse”.

Llegaría Seco Serrano a afirmar que “La labor de Alfonso XIII en el trono consistió, desde el primer día, en abrir el paso, a través del círculo de ficciones  en que había degenerado el sistema político de la Restauración, al auténtico latir de una opinión que el tinglado constitucional le daba falseada”, con lo que los encomiásticos parecían confundir la democracia con el populismo.

Frente a los tres hitos históricos con los que Alfonso XIII se encontró, la tesis encomiástica daba  réplica a la interpretación crítica de contrario:

– En 1909 Maura fue apartado porque se enfrentó a la corona y en un reino sólo puede haber un Rey, a juicio del conde de Villares, y porque el Rey no podía prescindir de los liberales, en opinión de Seco Serrano, pero tal decisión rompía la “solidaridad tradicional de conservadores y liberales” fomentando la atracción liberal por las izquierdas. Garcia Escudero señalaría que el año 1909 fue fatídico para la Monarquía: “No trato de arrojar ni sombra de duda sobre las intenciones. Pero me parece claro que en 1909 se jugó la suerte de la corona y se hizo inevitable 1931” ;

– En 1923, el Rey percibió el grave riesgo revolucionario que se cernía sobre España, frente a la debilidad del sistema y la indiferencia de los partidos dinásticos y se vio obligado a aceptar el golpe de Primo de Rivera, aunque sin participar en el mismo.

– Por lo que se refiere a 1931, la II República llegaría porque los políticos monárquicos se negaron a defender la Monarquía y hubo de hacer el sacrificio inútil de resignar el poder para evitar una guerra que llegaría cinco años después, aunque si hubiera estallado en el año 1931 los vencedores hubieran sido los revolucionarios y dilatada la tragedia hasta 1936 permitió la victoria de las fuerzas del orden.

Puede concluirse en que, para los encomiásticos, la figura de Alfonso XIII cimentada en el patriotismo estuvo por encima de las circunstancias, cometiendo el pecado de amar más a España que a la Constitución de 1876.

c) Línea academicista en la investigación sobre Alfonso XIII.

Recuerda el editor que, desde la academia, los historiadores han asumido las dos líneas tradicionales referidas y han creado un tercera línea, intermediada, analizando, de manera monográfica la figura del Rey, cuando en la Universidad se abrió camino el género biográfico y se superó la restricción mental de considerar al Rey en el bloque oligárquico de poder.

Así Guillermo Gortazar estudió las finanzas del Rey y desmontó la tesis tradicional de un enriquecimiento ilícito, pero reconocía la participación financiera en iniciativas de modernización de España, mientras que Juan Pando pondría en evidencia sus acciones humanitarias en la I Guerra Mundial.

Desde la perspectiva política, Jesús Pabón defenderá la estricta constitucionalidad del apartamiento de Maura, no puesta en cuestión ni por el Duque de Maura  ni por Fernandez Almagro. Realmente una Constitución basada en la co-soberanía aportaba enorme capacidad de actuación al Rey de modo que el problema clave estuvo en que el régimen no evolucionó, como en otros países, de una Monarquía de co-soberanía a una Monarquía parlamentaria y democrática, lo que hizo que el Rey ocupara los ámbitos de poder que debieron ocupar las fuerzas políticas y que no lo hicieron por su extrema debilidad originada por su falta de respaldo popular.

El profesor Tusell, considerando que el Rey ocupó un espacio político por la fragmentación de los partidos dinásticos y no al revés, se colocó más cerca del criterio del duque de Maura que veía al Rey dedicado a “hilvanar descosidos, zurcir rotos, estimular abnegaciones, aunar voluntades” que de la tesis del conde de Romanones, preterido en la voluntad del Rey por Garcia Prieto, que veía en el Rey en la voluntad de practicar el “divide et impera”.

En lo atinente a la política militar, el editor nos recuerda las discrepancias abiertas entre historiadores, para Tusell el Rey ni dio ni ordenó el golpe, ni favoreció su vitoria, aunque aceptó el hecho consumado, mientras que Olábarri estima que si el cuartelazo era evitable y si el Rey se hubiera decantado por la legalidad las guarniciones le hubieran seguido, lo que ratificó Shlomo Ben-Ami.

Para Gortazar tras el golpe de 1923 estaba el fiasco de Marruecos, de modo que con la llegada de los militares al poder se garantizaba la impunidad de las responsabilidades de los militares y del propio Rey. En definitiva, con la acción u omisión del Rey, el golpe de Primo de Rivera se explica por la tendencia antiliberal, absolutista y antiparlamentaria del Rey.

Carr y Ben-Ami mantuvieron que el golpe de Primo de Rivera se produjo en el tránsito de la oligarquía a la democracia, operación que pretendía el gobierno de concentración liberal que, además, estaba empeñado en la depuración de las responsabilidades del desastre de Annual, mientras que Tusell y Seco niegan cualquier intento de democratización en la época. Para los primeros Primo de Rivera estranguló a un recién nacido y para los segundo, el general enterró un cadáver.

d) Aportación del libro que se recensiona.

Afirma el editor que de los argumentos y descripciones aportados por los distintos autores, cabe “extraerse como mínimo tres consideraciones generales”:

1ª.- Se desmiente la visión monolítica de Alfonso XIII para aceptar, como no puede ser de otra manera, que el Rey sufrió a lo largo de sus veintinueve años de Reinado una evolución personal que trascendió a sus funciones, concretándose esta evolución en el tránsito de un “nacionalismo liberal con tintes regeneracionistas a un cierto nacionalcatolicismo militarista y reaccionario”.

2ª.- No aparece un Rey débil superado por las circunstancias sino “un actor capaz de adoptar iniciativas y llevarlas a cabo”, actuando en sus funciones con un amplio margen de libertad y, por tanto, cabe concluir en que cabe asignarle una alta cuota de responsabilidad en los aciertos y errores de su Reinado.

3ª.- Alfonso XIII no favoreció el tránsito del régimen liberal de la Restauración en un régimen democrático.

En las siguientes páginas de la presente recensión trataremos de contrastar estas tres señas de identidad del Reinado de Alfonso XIII, porque son las claves para establecer la intrahistoria de los tres hitos que marcaron el mismo, 1909, 1923 y 1931.

Con la brevedad posible ante tan denso trabajo, repasamos las aportaciones de los distintos autores, que se dedican a analizar desde diversas perspectivas la figura de Alfonso XIII.

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E. Alfonso XIII un político en el trono.

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Recensiones Bibliográficas. Julio MAESTRE ROSA.

D. Francisco Silvela y su liberalismo regeneracionista

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En el trabajo que nos ocupa, su autor trata de describir la obra política de Francisco Silvela que la ubica en el ámbito ideológico del liberalismo regeneracionista, si bien, para ser precisos, Silvela fuera un liberal-conservador, que se movió en el campo del canovismo hasta que sus diferencias con Romero Robledo le llevarían a la escisión y a la formación de la Unión Conservadora.

Francisco Silvela fue ministro en tres ocasiones, bajo la disciplina del Partido Conservador de Cánovas del Castillo, a partir del inicio de la restauración Alfonsina, en una ocasión bajo la presidencia del general Martínez Campos y dos bajo la de Cánovas del Castillo. Posteriormente, llegaría a Presidente del Consejo de Ministros, en dos ocasiones, de modo que pudo desarrollar sus ideas políticas e imponer sus valores éticos, tanto desde las posiciones de poder como desde las de oposición.

Se describe a Silvela, tanto por el autor como por la historiografía, como un hombre de muy destacada formación y de sólidos principios, que supo poner a disposición del Estado a lo largo de su carrera policía.

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D.- Francisco Silvela y su liberalismo regeneracionista.

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Recensiones Bibliográficas. Jean Michel DESVOIS.

C. El conservadurismo de Joaquín Costa

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El autor trata de establecer la condición ideológica de Joaquín Costa, para ubicarlo adecuadamente en la dicotomía conservador-reformista, partiendo de la dificultad que tal tarea tiene, dada la ambigüedad, contradicción y diversidad de los postulados del pensador analizado.

Para alcanzar su objetivo va a analizar las propuestas costiana en los campos jurídico, económico y social y, naturalmente, político, de modo que seguiremos sus reflexiones en estos campos, aportando las consideraciones que aquellas reflexiones sugieran.

 

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C.- El conservadurismo de Joaquín Costa

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