estado-unitario

Debate Estado Unitario versus Estado Federal

En defensa del Estado Unitario

Texto íntegro de la intervención inicial de Joaquín Mª Nebreda Pérez, Doctor en Derecho y secretario general del Club Liberal, en el debate “Estado Unitario versus Estado Federal” celebrado el pasado 26 de septiembre de 2013 en el Ateneo de Madrid, en defensa del Estado Unitario.CONSIDERACIONES PREVIAS

En abstracto, unitarismo y federalismo son dos formas distintas de organizar políticamente un Estado, que responden a características distintas apropiadas a circunstancias distintas.

En abstracto, los liberales pueden ser unitaristas y federalistas, sin vulnerar su marco ideológico.

Este debate sólo tiene sentido en referencia a un Estado concreto, el Estado español, y a una circunstancia histórica concreta, nuestra realidad de 2013.

Miguel Artola (ABC 11-IX-2005) dice que “el federalismo es una forma de organizar el poder, un modo de establecer las relaciones entre las partes que componen un Estado”.

Unamuno (El Sol, La promesa de España, 14-V-1931) lo explicaba muy bien: “Lo que aquí se llama federar es desfederar, no unir lo que está separado, sino separar lo que está unido”.

En todo caso, la forma federal responde, fundamentalmente, a formas originarias de constitución de un Estado por incorporación de otros pre-existentes, y no a transformaciones desde un Estado unitario muy consolidado. No existe ejemplo alguno de tránsito del Estado unitario al federal, en la historia contemporánea.

Pese a todo reconozco que, para muchos, el federalismo tiene algo de mágico, de rupturistas, de atracción fatal.

Me adelanto a señalar, para concretar el ámbito de la discusión que existen varios tipos de federalismo, el integrador, que no nos afectaría; el descentralizador, que sería el aplicable; el cooperativo, que sugería el maestro de maestros García de Enterría que falleció la semana pasada; y el multinacional, integrando diversas naciones, pero advirtiendo que no todo territorio con su población forma una Nación, como de seguido trataré.

Naturalmente, hay que advertir que no todo territorio con su población forma una Nación, como de seguido trataré.

No es ésta una cuestión ideológica, sino puramente práctica, de mera gestión de los intereses públicos y de su congruencia con un escenario político e histórico concreto.

Tampoco estamos, en España, ante una cuestión histórica, ante una exigencia fundada en la tradición. Hasta finales del siglo XIX no se ha discutido que España sea una nación ni se ha pretendido que alguna de sus regiones lo fuera.

Las tensiones centrífugas que hoy padece España no responden al esquema de los reinos españoles de la Reconquista o al de la España de los Austria, sino a otro que nada tiene que: Cataluña era una parte de Aragón, no el Reino de Aragón; las provincias vascas se habían integrado en el Reino de Castilla (1200 Guipúzcoa, 1322 Álava y 1379 Vizcaya), como parte de Castilla el viejo Reino de Galicia, desde el año 900.

España, Nación histórica, se constituyó en Nación política en 1812 sin oposición de nadie, porque existía desde la Hispania romana (la Lex Romana otorga uniformidad política y social al territorio); la España visigoda; la España perdida tras la invasión musulmana, la España cristiana capaz de la descomunal gesta de la Reconquista (una Nación con varios reinos de vocación común), la España renacentista e ilustrada, siendo el último hito de la Nación Histórica el levantamiento contra Napoleón.

En esta Nación histórica estaban gallegos, vascos, navarros, castellanos, catalanes, etc., en un proyecto común que la historiografía reconoce unánimemente.

Volviendo a la cuestión central, el liberalismo, en la edad contemporánea española, federalismo no fue una característica que se identifique con la fundación de la Nación política y del Estado liberal, sino que más pareciera que fuera la de quienes propiciaban las singularidades regionales del Antiguo Régimen y al mantenimiento de los regímenes forales allí donde todavía los hubiera.

Así que nuestros primeros liberales, los de 1812, eran claramente unitaristas y defendían la igualdad de todos los ciudadanos frente a las leyes.. Este fue el criterio mayoritario de los liberales a lo largo de los dos últimos siglos, con la evidente excepción de los revolucionarios liberales que articularon sendos proyectos de Constitución de 1873 de radical signo federal, que resultó un fiasco, pero unitaristas volverían a ser los liberales de la Restauración.

Como recuerda García de Cortazar (ABC, 28-V-2008), Ortega y Azaña se enzarzaban en el apoyo a la autonomía de Cataluña en las Cortes republicanas, en mayo de 1932, para el primero la formulación totalitaria del nacionalismo hacía insoluble el problema, para el segundo cabía “edificar una España en la que se conjugasen la identidad nacional con la democracia, el desarrollo económico con los derechos sociales, el estado unitario con la diversidad cultural”.

Bien pasada la Guerra civil, surgen las voces a favor del federalismo se presentan no con razones sustantivas derivadas de los beneficios de su aplicación sino como respuesta, como posible bálsamo a las tensiones nacionalistas y después secesionistas de Cataluña y el País Vasco.

Esta es la clave. No aparecen los federalistas del siglo XX aportando razones sustantivas de tal modo organizativo, sino ofreciéndolo como paliativo a la agresividad secesionista.

Don Salvador de Madariaga (Memorias de un federalista) defiende su tesis federal para que «todos se sientan a gusto en casa» y así «en vez de encerrarse en sus respectivas tiendas, como otros tantos Aquiles, ofrezcan su plena colaboración a la tarea que aguarda: la creación, al fin, de una España al compás con nuestro tiempo».

 

La razón que alega el PSOE (“Hacia una Estructura Federal del Estado”) para rechazar de plano el simple planteamiento de la cuestión Estado unitario vs Estado federal, afirmando que “la vuelta a tras del sistema autonómico, no es posible”, tal imposibilidad radica en que “provocaría nuevas y quizás insuperables tensiones territoriales”, resignándose a que la libertad de los españoles para organizarse como mejor les parezca está cercenada por las élites nacionalistas.

Para los socialistas, el federalismo es “el único punto de encuentro posible para restablecer el consenso territorial de España”, lo que es objetivamente falso, porque los secesionistas rechazan el federalismo.

El Partido de la Libertad Individual sigue el mismo justificativo (sobre el modelo territorial 21-IX-2012): “hoy es inimaginable retroceder hacia la recentralización, que sin duda provocaría una ruptura abrupta y desordenada. También es imposible dar marcha atrás en la autonomía de las regiones sin sentimientos nacionales porque la pluralidad de circunstancias particulares lo impide”, proponiendo “un encaje federal a largo plazo de Cataluña”.

Desde 1932 estamos con “el encaje” . ¿Hay algo que encajar, distinto de la voracidad de las élites nacionalistas?.

Esta es la realidad, la propuesta federalista, a lo largo del siglo XX y hasta la fecha, es una estrategia de contención y no una razón de eficiencia en la gestión.

Se rinde el derecho de decidir de los españoles a las élites nacionalistas.

¿Se ha analizado si las actuales tensiones nacionalistas son fruto de la espontánea voluntad de la ciudadanía o fruto de la presión, de la coacción y del embuste a que se ha sometido a poblaciones desamparadas por quienes gobernaron España durante todo ese tiempo?.

En Cataluña y en el país Vasco no existe, en la materia que nos ocupa, una voluntad ciudadana formada con una mínima libertad, con una razonable capacidad de contraste de la propaganda a que han sido sometida.

El fenómeno de presión y de imposición del pensamiento único en Cataluña y en el País Vasco no tiene comparación alguna con el que pudo existir en los peores años del franquismo y así no pueden tomarse decisiones que pueden carecer de vía de retorno.

No puede negarse que el federalismo se nos presenta rodeado de un halo mágico, proveniente de países desarrollados política y económicamente, pero debemos analizarlo sometiéndolo en el banco de pruebas de nuestra realidad.

Concluyo este plano introductorio quisiera señalar que una eventual reforma constitucional, exigiría un previo referéndum sobre dos cuestiones básicas: Estado unitario vs Estado federal y Monarquía vs República, de modo que un futuro proyecto constitucional parta de que la soberanía nacional ha optado ya por de la forma de Estado, tanto en lo atinente a su organización como a su cúspide, evitando así se me nos ofrezcan productos elaborados sin alternativa posible como se hizo en la Constitución de 1978.

 

CUESTIONES A REFLEXIONAR

Estas son las cuestiones que, a mi juicio, han de resolverse para optar con probabilidades de acierto:

1º.- ¿Existe una Nación española?. ¿Existen varias naciones en lo que hoy se llama España?. ¿Es España una Nación de Naciones?. ¿Existió alguna vez autogobierno?.

2º.- ¿Dónde está la soberanía nacional?.

3º.- ¿Garantizaría el sistema federal la eliminación de la presión constructivista a la que están sometidas las poblaciones vasca y catalana?.

4º.- ¿Sería posible un sistema federal simétrico?.

5º.- ¿La experiencia autonómica, desde el punto de vista de la gestión administrativa, es una experiencia favorable, como para intensificarla con el sistema federal?

6º.- ¿En nuestra actual circunstancia, podría un sistema federal permitir que el Gobierno central asumiera facultades y competencias suficientes para dirigir la política macroeconómica de España, para diseñar una instrucción general básica y para garantizar la unidad e independencia de la Administración de Justicia?.

7º.- ¿Con la dimensión física y económica de España, es el sistema federal el más eficiente (eficacia al menor coste) o lo es más el unitario?.

8º.- ¿Existe tradición federal en España?. ¿Reclama la opinión pública la solución federal o se queja del desorden autonómico?.

9º.- ¿Es solución el federalismo para Europa?.

1º.- ¿Existe una Nación española?. ¿Existen varias naciones en lo que hoy se llama España?. ¿Es España una Nación de Naciones?. ¿Existió, realmente, autogobierno?.

Nación es la cristalización, tras un largo periodo de tiempo, de una cultural social, política y vital determinada, cuyo fruto es la evidencia de una consolidada vida en común, que habiendo sido querida no fue conscientemente construida.

La Nación se construye con una mezcla de espontaneidad y de voluntad colectiva, por eso la Nación no puede ser excluyente sino integradora y por eso no colectiviza a los nacionales sino que los protege y garantiza su individualidad.

La Nación nunca se construye desde un laboratorio, eso no es más que un intento constructivista, que fuerza voluntades y destruye cualquier atisbo de espontaneidad.

La Nación de laboratorio si es colectivizante, porque se crea sobre el pensamiento único.

El desarrollo de la civilización ha tratado de garantizar la estanqueidad de las naciones mediante la aparición del concepto de Estado-Nación, que incorpora a la Nación histórica una explícita voluntad de convivencia en común, como es el caso de España, desde la Constitución 1812 hasta la de 1978, sin excepción ni rechazo alguno, consagrándose la idea de soberanía nacional, como título habilitante de cualquier poder sobre la ciudadanía.

Se acusa a los críticos con los nacionalismos periféricos que son nacionalistas españoles y, con las excepciones que se quieran, no es así:

1º.- El franquismo, que abusó del nacionalismo español, nos vacunó contra el nacionalismo épico lírico y ahora se percibe un claro déficit de patriotismo constitucional.

2º.- El sentido nacional liberal o constitucional que nace de una Nación milenaria no es excluyente ni reduccionista y es además tibio, sereno;

3º.- Los nacionalismos periféricos son excluyentes, reduccionistas y militantes, porque tratan de crear lo que no existe.

Esta concepción de la Nación y del Estado, como superestructura que integra jurídicamente la voluntad popular en términos de igualdad, hace decir a Montesquieu: “Así pues, he llamado virtud política al amor a la patria y a la igualdad”.

La civilización nos manda ahora, a los europeos, ir cediendo competencias a un ente superior, la Unión Europea, que acabará convirtiéndose en un Estado federal, en el que se integrarán los Estados miembros como estados federados, se producirán relevantes transferencias de competencias al Estado central y todos lo haremos con satisfacción en nombre de la eficiencia, pero el vitalismo cultural de que Nación perdurará, porque las grandes naciones de Europa no son víctimas de nacionalismos excluyentes y reduccionistas.

Que la cultura social, política y vital común sea el substrato objetivo de la Nación no empece la existencia de diversidades culturales, porque ninguna cultura puede ser uniforme ni, desde luego, tales diversidades pueden presentarse como una cultura autónoma si no lo fueran.

Francia, España, Portugal, tienen cultural sociales y políticas distintas, aunque todas ellas estén integradas en la Civilización Occidental, pero el País Vasco, Galicia y Cataluña, teniendo especificidades culturales, resulta obvio que están integradas en la cultura social y política común, que es el substrato objetivo de la Nación histórica que es España, porque tales diversidades no tienen el rango cultural que requiere el substrato objetivo de una Nación.

No puede olvidarse que cerca del 60% de las poblaciones vasca y catalana tienen su origen próximo en otras regiones españolas.

Tienen mayor identidad social, política y vital un vizcaíno, un barcelonés y un salmantino que estos dos primeros con un aquitano.

En todo caso, las diversidades no deben ser marginadas, pero tampoco sacralizadas.

Pero ¡¡ atención !!, para un liberal esta precisión es básica. La potenciación de estas diversidades y de la propia cultura común, no es tarea del Estado sino de la Sociedad, por lo que la existencia de tales diversidades en absoluto hace necesario una estructura federal.

Un burdo truco, para resolver la cuestión fácilmente, consiste en partir de la inexistencia de España como Nación. España es una Nación política desde hace 200 años y si se me apura desde hace 5 siglos con el Estado renacentista (que García Morente llamó la “Nación viva” porque era ya un cuerpo político), pero España es, también, una Nación histórica desde hace 15 siglos, con la conversión de Recaredo (586), al decir de Menéndez Pelayo, y si se quiere desde hace más 20 siglos, con la Hispania romana.

Otro truco más reciente consiste en rebajarla a Nación de Naciones. ¿Qué región española tiene las características culturales equiparables a las del conjunto de España?..

España es una Nación que garantiza la libertad de los ciudadanos, así es que donde menos España hay existe menos libertad individual, por lo tanto esta Nación, España, además de existir es necesaria.

No quiero dejar de contestar, siquiera sea de paso, a una recurrente afirmación secesionista. “Queremos recuperar nuestro autogobierno”, dicen.

Nada más falso. En España no se ha auto-gobernado nadie y nunca. ¿Qué auto-gobierno va a existir en un régimen absoluto?.

Pretender que el régimen foral, de corte medieval, fue un régimen de autogobierno es una falsedad estúpida. El régimen foral fue un régimen de carta otorgada, propio del régimen absolutista y, por tanto, la antítesis de cualquier idea de autogobierno, del que se beneficiaban los señores que detentaban el poder (digo bien detentar, “retener el poder sin derecho, pero nunca los súbditos se auto-gobernaron, que no participaban de poder alguno, ni opinaron sobre los fueros y privilegios que el Rey otorgaba a sus señores.

Como liberal no puedo aceptar nada que quiebre el principio de que los ciudadanos son los únicos titulares de los derechos. Los territorios no son sujetos de derechos.

No puedo aceptar la existencia de “derecho histórico” alguno asignable a pueblo alguno, esto es una barbaridad que repugna a nuestra Civilización que se perfecciona con la Revolución Francesa, diga lo que diga, vergonzosa y vergonzantemente, nuestra Constitución.

Como ser racional no puedo aceptar la existencia de unos “derechos históricos” que tan siquiera pueden enunciarse.

Si existieran los referidos “derechos históricos”, en Cataluña y en el País Vasco, debieran de aplicar, en su cuota parte, los de Castilla, Andalucía, Extremadura, etc., porque el 60% de las poblaciones vasca y catalana son originarias de estas regiones.

Primera conclusión.- España es una Nación y ninguna de sus regiones lo es. La afirmación de que España es una Nación de Naciones es una salida generosa, pero acientífica, para acomodarse a las exigencias nacionalistas, como lo es, creo que en todos los casos, la propuesta federal.

Podrá modificarse la estructura del Estado en la forma que sea, pero partiendo del hecho indubitado de la existencia de la Nación española y de la soberanía nacional.

Es absolutamente insostenible una propuesta federal que se asiente en supuestos “derechos históricos” o que se formule como alternativa a su reconociendo.

Jamás xistió en nuestra historia autogobierno de región alguna.

2º.- ¿Dónde está la soberanía nacional?.

Otro truco para facilitar la satisfacción de los nacionalismos periféricos es el de tener a la soberanía nacional como una antigualla. Nada más falso.

El concepto de soberanía nacional, establecido en 1812 y consagrado en 1978, no es una antigualla sin valor práctico, sino que es el título habilitante de todo poder legítimo.

La soberanía, es una e indivisible, dice Gustavo Bueno, es una magnitud que, como la vida, se rige por el “todo o nada”, o existe la soberanía o no existe.

Aunque formalmente se reconoce generalmente que la soberanía nacional reside en el pueblo español y que está representada por las Cortes Generales, se expande la idea de la existencia de cuasi-soberanías regionales en base al refrendo popular de los Estatutos y a la representación popular de las asambleas autonómicas, con poder legislativo.

Esta confusión, en un país con tensiones centrífugas, es una bomba de relojería, que no ofrecería riesgo alguno en cualquier país sin tensiones centrífugas, como los Estados Unidos de América o Alemania.

Si el PSOE, uno de los dos partidos de ámbito nacional y de tradición jacobina, admite en su seno al PSC, que defiende el llamado “derecho a decidir”, que no es sino el reconocimiento de la soberanía nacional catalana, ¿cree el PSOE en la soberanía nacional?.

El Partido de la Libertad Individual defiende la autodeterminación, tras la constitución del Estado federal, lo que supone el reconocimiento de la soberanía de cada región federada., con lo que no están proponiendo una Federación sino una Confederación.

Estas proposiciones no son un descuido, es que el federalismo de descentralización, inexistente en la práctica en nuestro entorno político, derrapa hacia la segregación dirigido por las minorías.

¿Qué garantía de estabilidad ofrecería la solución federal, que realmente, sería confederal?.

No hay una Constitución en el mundo que prevea la disgregación del Estado, ni que carezca de cláusulas de “supremacía” o de “coacción federal”.

Un Estado federal, en nuestro actual marco político y social, aunque consagrara la soberanía nacional tendería a diluirla, porque el actual marco político y social está tendenciosamente inclinado en el sentido de la segregación.

Así como la dicotomía Soberanía-Autonomía funciona muy bien en la relación Estado-Municipio, en la relación Estado-Autonomía es de alto riesgo porque el secesionismo, y otras tendencias menos radicales, tienden a confundirlas.

En mi opinión, un Estado unitario, con un único Parlamento unicameral (porque lo que importa es la voluntad de los ciudadanos y no la de los territorios), el Congreso de los Diputados, reforzaría el concepto de soberanía nacional, que es lo que hoy necesita España y sería mucho más barato, con lo que alcanzar la eficiencia resultaría más fácil.

Segunda Conclusión.- La soberanía nacional reside en el pueblo español y aunque en el Estado federal así seguiría siendo, nuestra circunstancia política permite asegurar que el concepto se deslizaría hacia la fragmentación de la soberanía, en soberanías regionales de manera inexorable y, por tanto, a la desintegración de España, joya cultural y valladar de las libertades individuales.

3º.- ¿Garantizaría el sistema federal la eliminación de la presión constructivista a la que están sometidas las poblaciones vasca, catalana?.

Con manifiesta dejación de los gobiernos centrales y de los partidos denominados nacionales, desde hace más de treinta y cinco años, se ha reducido la libertad individual de los ciudadanos allí donde los nacionalistas campan por sus respetos.

No me estoy refiriendo solo a la presión terrorista, me refiero, especialmente, a la presión social en muchos ámbitos de la vida cotidiana del País Vasco y de Cataluña, porque no se ha planteado una respuesta seria a las falsedades históricas y políticas. “Desde Madrid” se ha condescendido con las pretensiones nacionalistas hasta el extremo de que son muchos los ciudadanos que, sin serlo, se acomodan a la presión nacionalista, en lamentable proceso de mimetización con el escenario en el que viven, para mejor llevar el discurrir diario.

La mayoría no nacionalista (60% de la población no es de origen vasco o no catalán en segunda o tercera generación) o huye o siente la necesidad de acomodarse a la imposición de la minoría nacionalista, a la que se le otorgó un plus de legitimidad democrática, que en absoluto tiene.

Durante los últimos treinta y cinco años se ha producido una alteración coactiva de la voluntad popular en dos regiones españolas, que se hace necesario desmontar si queremos una sociedad de ciudadanos libres.

No pueden negarse las tensiones centrífugas, pero hay que establecer que tanto en Cataluña como en el País Vasco existió hace 35 años un amplio apoyo a la idea de soberanía nacional.

En Cataluña sólo se opuso a la idea de soberanía nacional, de forma expresa un 4’77% (137.845 votos) más un 3’24% de abstención política (34’36% – 31’60%[1]), en total un 8’01% del electorado catalán. En el País Vasco votó en contra el 10’29% (163.191 votos) más un 23’54% de abstención política (55’35% – 31’60%), en total un 33’83% del electorado vasco rechazó la soberanía nacional.

¿Dónde han quedado aquellos compromisos de asunción de la soberanía nacional?.

¿En qué país civilizado se pone en cuestión la soberanía cada cuarenta años?.

El Estatuto catalán de 2006, planteado como antesala de la secesión, se aprobó con 1.882.650 votos, casi diez veces el rechazo a la soberanía nacional de 1978, pero no tantos como los que asumieron la idea de la soberanía nacional, 2.701.870 catalanes.

¿Con estos se quiere llegar a un pacto federal?.

¿Por qué, con aquellos resultados de hace 35 años, los mismos dirigentes, niegan hoy la soberanía que reconocieron o no negaron. Por pura deslealtad, únicamente porque creyeron, y con razón, que el Título VIII de la Constitución les acercaba a su meta.

Este es un gravísimo problema que está alterando la percepción de la realidad política de España, porque se ha revelado como imposible la armonía entre el concepto de Nación y la indeterminación jurídica de las denominadas Nacionalidades, por la radical falta de lealtad constitucional de los nacionalismos y la cobardía de la clase política, situación que se agravará en una hipótesis federal.

En mi opinión, en este escenario de reducción de la libertad individual, reconocer unos estados vasco y catalán, aún dentro de la Federación española, sería entregar definitivamente a millones de españoles al sometimiento.

Es obligación de la sociedad española desmontar los escenarios de cartón piedra, construidos de falsedad histórica y de coacción, para que se perciba, en su justa medida la realidad política de España, de todas las regiones de España. Para tal tarea es necesaria una estructura política neutral como es, para nuestro caso, el Estado unitario.

Se dice que el federalismo acerca el poder a los ciudadanos (no se si lo acerca o lo multiplica) pero lo que hay que acercar al ciudadano son los instrumentos de control del poder, mediante una legislación adecuada y la reducción de los privilegios exorbitantes de las instituciones públicas frente a los ciudadanos.

El federalismo se mueve entre dos polos, el cooperativo y el competitivo, que las tensiones secesionistas lo convierten en disgregador.

La deslealtad constitucional de los nacionalismos periféricos, es un dato incuestionable con el que hay que contar.

La realidad es que no es posible satisfacer a los nacionalistas, sin darles todo, absolutamente todo lo que piden, con razón o sin ella.

¿Qué sentido tiene, proponer un Estado federal solo por contentar a quienes no tienen el menor interés de contentarse, porque están en la radicalidad de la secesión?.

Desde el inicio de la transición a la democracia, los españoles, guiados por políticos pusilánimes, hemos ido acercándonos a las pretensiones de los nacionalistas, pero ellos no se han movido un milímetro de sus iniciales pretensiones. He aquí el resultado.

El fracaso del experimento de el Título VIII de la Constitución de 1978 para satisfacer a los nacionalismos periféricos no invita a insistir en el camino equivocado.

En todo caso, a mi juicio, ha de optarse por el Estado unitario o por el Estado federal en razón de criterios de racionalidad de gestión, pensando en los intereses generales de España, no por dar gusto a determinadas élites.

Que estemos secuestrados por las élites nacionalistas es muy grave, pero más grave aún sería padecer el “síndrome de Estocolmo” y hacerse amigo de los secuestradores.

Tercera conclusión.- Un Estado federal, en nuestra actual circunstancia, no garantizaría que la presión nacionalista sobre las poblaciones afectadas desapareciera o disminuyera, muy al contrario se incrementaría porque tomarían al Estado federal como una victoria transitoria, como una cesión más ante su “imparable fuerza”.

Reitero que en este escenario de reducción de la libertad individual, reconocer unos estados vasco y catalán, entre otros, aún dentro de la Federación española, sería entregar definitivamente a millones de españoles al sometimiento.

4º.- ¿Sería posible un Estado federal simétrico?.

Desde luego, hasta en el Partido Popular se reconocen determinadas singularidades a favor del País Vasco y de Cataluña, así lo afirma reiteradamente su representante en Cataluña y recentísimamente, para mi asombro, Esperanza Aguirre, y con ardor digno de mejor causa defiende el PP del País Vasco los Conciertos Económicos, con más trampas que una película de chinos, para los que no piden ni una simple auditoria sobre el cupo.

Tengo verdadera curiosidad por conocer las singularidades de los ciudadanos de Sabadell o de Baracaldo respecto de los de Jerez de la Frontera, sobre todo porque no pocos abuelos de los dos primeros serían jerezanos.

El Partido de la Libertad Individual proclama la simetría en derechos y libertades, aunque mantiene una solución “pluralista en cuanto al marco de encaje de cada territorio”. No sé muy bien el alcance de esta expresión.

Dando por supuesto que los partidos nacionalistas periféricos aceptaran la fórmula federal, como escalón al independentismo, desde luego impondrían la asimetría que los partidos nacionales ya reconocen.

Cuarta conclusión.- Me parece absolutamente imposible que de una eventual reforma constitucional surgiera un régimen federal simétrico, en el que todos los españoles, con independencia de su nacencia y residencia, tuvieran un idéntico trato, cuando menos en la financiación de los estados federados con fondos estatales.

Aunque se declarara la simetría constitucional, que dudo mucho ocurriera, constatada la deslealtad constitucional de los nacionalismos tal simetría duraría muy poco.

La asimetría no es que sea antiliberal, es que es irracional, injusta y humillante y la simetría en un Estado federal, probablemente, una ingenuidad.

5º.- ¿La experiencia autonómica, desde el punto de vista de la gestión administrativa, es una experiencia favorable, como para intensificarla con el sistema federal?.

Es el argumento de convicción prioritario del PSOE (“Nuevo pacto Territorial: La España de todos” y “Hacia una Estructura Federal del Estado”) en la defensa del Estado federal, pero lo cierto es que el Estado de las Autonomías ha creado una clase política de bajo nivel y gran tamaño, una Administración desmesurada, con incremento del gasto público, y, además, ha roto la unidad de mercado, con grave perjuicio de la actividad económica, ha destrozado una educación básica uniforme y general, garantizada por el Estado, dejando a los menores al albur de las obsesiones políticas imperantes en cada Taifa, y ha debilitado al Estado, dificultando el cumplimiento de sus funciones básicas.

Por otra parte, el Estado de las autonomía ha servido no sólo para que las pretensiones secesionistas de los nacionalismos se exacerben sino también para que afloren nuevas especies de pseudo-nacionalismos, tanto en el PSOE como en PP, que han tendido a la creación de micro-Estados para satisfacción de la clase política e incremento del intervencionismo en la sociedad.

No puede negarse que haya existido, hasta el estallido de la crisis económica, una apariencia de éxito del Estado de las autonomías pero apoyado en las subvenciones a fondo perdido recibida de la Unión Europea, que se han gastado sin un planteamiento global de las necesidades y con afán electoralista (no hay alcalde que no haya puesto su nombre en el acceso una Casa de la Cultura o a una piscina de agua caliente).

El Estado de las autonomías, lejos de aliviar tensiones, ha exacerbado el secesionismo y ha creado neo-nacionalistas entre las cúspides que regentan los micro-Estados.

Creo, sinceramente, que los resultados del Estado de las Autonomías que hoy se hacen patentes, deben ser el antídoto contra cualquier intento federal, porque se intensificarían los mismos vicios que ahora conocemos pero de manera irreversible.

No puede eludirse una referencia a los Conciertos Económicos de las provincias vascas y de Navarra. Aplicados los cupos sin control alguno, sin revisiones auditadas solventes antes de renovarlos, porque es una entrega subrepticia de fondos a dichas provincias, que pese a su riqueza, se convierten en receptoras y no en aportantes a la solidaridad nacional.

Este es un caso manifiesto, aunque oculto, de asimetría, que los españoles sufren estoicamente y que los partidos mayoritarios toleran, contradiciendo la ratio iuris de los Conciertos Económicos de 1878 que Cánovas implantó advirtiendo de la exigencia de equidad fiscal, como mero instrumento recaudatorio.

En España, la tensión nacionalista es tal que toda singularidad fiscal o de financiación pública es un privilegio, que se otorga con ocultación.

Quinta conclusión.- La experiencia autonómica ha dado como resultado, una duplicidad funcional desmesurada, debida a una batalla irracional por la captura de competencias; un crecimiento desmedido de políticos, funcionarios, contratados y enchufados, sin control alguno de calidad; ha facilitado la pretensión nacionalista de la creación de mini-Estados adhiriéndose a tan absurdo afán, por mimetismo, las demás regiones, todo ello sin el menor control de la eficiencia y con exacerbación de localismos estúpidos; se han mal usado fondos comunitarios en promociones sin interés social relevante y ha surgido el privilegio fiscal y de financiación pública.

En definitiva se ha creado una gravísima confusión entre las ideas de Nación y “nacionalidades” y, por tanto, entre soberanía nacional y autonomía.

6º.- ¿En nuestra actual circunstancia, podría un sistema federal permitir que el Gobierno central asumiera facultades y competencias suficientes para dirigir la política macroeconómica de España, el diseño de una instrucción general básica y para garantizar la unidad e independencia de la Administración de Justicia?.

Hoy el Gobierno central carece de resortes suficientes para plantear, con eficacia, una determinada política macroeconómica y se ve obligado a limitarse a hacer recomendaciones y sugerencias a las CC.AA., lo que hace radicalmente imposible una gestión macroeconómica eficaz.

La capacidad de gestión macroeconómica es la competencia clave de todo poder central, como es igualmente esencial, desde la perspectiva de la iniciativa privada, la garantía del mercado único nacional.

Tras la Gran Depresión se produjo en los EE.UU. un proceso de recentralización para que el estado central tuviera los instrumentos adecuados para hacer frente a los problemas de gestión macroeconómica, estableciéndose una estrategia de colaboración y coordinación.

Recientemente en Alemania se han restringido competencias económicas a los Landers para potenciar la gestión macroeconómica del Estado.

Un Estado federal, necesariamente tiene que basarse en la dispersión fiscal, que en España lleva a la injusticia porque la Federación no se basaría en la eficiencia sino razones identitarias.

La cesión de la educación a las autonomías ha tenido consecuencias desastrosas para la vertebración de España, porque en no pocas autonomías, y no solo con tensiones nacionalistas, se ha utilizado la educación en unos casos como instrumento de construcción de una nación inexistente y en otros para ofrecer una visión del mundo desde el campanario de la aldea.

Si una Administración de Justicia independiente es la pieza esencial de todo Estado democrático, se hace patente el riesgo, ya constatado, de pérdida de independencia originado por la regionalización de la Administración de Justicia, mediante la cesión competencial y, además, la añagaza de la imposición de las lenguas regionales.

Las cuatro elementos que garantízan una Justicia independiente son, la solvencia profesional constatada en oposiciones de ámbito nacional (eliminación del cuarto turno y los jueces sustitutos); la independencia del poder judicial frente al ejecutivo y el legislativo, la provisión de plazas de jueces y demás funcionarios, por concursos restringidos y ámbito nacional y, por último, el español como única lengua utilizable en los tribunales. Por la vía de la preferencia de funcionarios con conocimiento de lenguas regionales se introduce el germen nacionalista en la Administración de Justicia y, en cualquier caso se introduce el localismo entre el funcionariado.

Sexta conclusión.-

A mi juicio, un Estado federal impediría que el poder central asumiera las competencias suficientes como para garantizar una adecuada gestión de sus funciones básicas.

Un Estado unitario, con una única potestad recaudatoria es la única garantía de racionalidad macroeconómica, de igualdad fiscal entre todos los españoles y de potenciación de los mecanismos de gestión macroeconómica.

Solo el Estado unitario garantiza, en nuestra circunstancia, la recuperación de la unidad de mercado que se ha perdido en el Estado de las autonomías.

En España es una urgencia recuperar la competencia nacional de la educación para garantizar contenidos universales, niveles de calidad europeos y asegurar la inexistencia de dirigismo en la enseñanza obligatoria.

Para objetivo tan trascendental como éste, que probablemente solo España lo requiere, el Estado unitario se hace imprescindible.

En nuestra circunstancia, la unidad jurisdiccional solo se garantiza con en Estado unitario, para garantizar jueces por oposición nacional, independencia, provisión de plazas por concurso nacional y utilización del español como única lengua en estrados.

7º.- ¿Con la dimensión física y económica de España, es el sistema federal el más eficiente (eficacia al menor coste) o lo es más el unitario?.

Creo firmemente, que la estructura del Estado no puede diseñarse en razón de preferencias o criterios subjetivos, cuasi-ideológicos, ni tan siquiera en atención a supuestas tradiciones menores y pre-contemporáneas, sino que debe establecerse con los criterios de la mayor operatividad y menor coste, es decir, con el criterio de la eficiencia (máxima eficacia al menor coste).

Así como ningún empresario organiza su empresa estableciendo departamentos de contabilidad, marketing, ingeniería, producción, etc., en las diversas comunidades autónomas porque se dispararían sus costes, tampoco la estructura de un Estado puede establecerse dispersando centros de decisión, de ejecución y de control, más allá de lo que exija, en cada caso, una razonable, por eficiente, descentralización administrativa, habida cuenta de las tecnologías de comunicación que hoy se ponen al servicio de la gestión.

Está en el tuétano de la concepción liberal la exigencia de que el Estado está para gestionar los intereses generales de la sociedad y no para dirigirla, de modo que todos los atributos culturales de la sociedad, incluidas las diversidades regionales, no han de ser gestionadas por el Estado sino por la Sociedad, de modo que el Estado federal (integrado por estados federados) se presenta como un riesgo real de intervencionismo.

El Estado que los liberales queremos, no es un gestor de cultura sino un gestor de justicia y un garante de libertad.

Es consustancial al ideal liberal la distinción entre la gestión política, que ha de ser democrática y eficiente (eficaz al menor coste posible), y el desarrollo de la vida social que corresponde a los ciudadanos y a sus sociedades intermedias, con exclusión de todo dirigismo, por eso quiero para España un Estado unitario, porque el Estado federal, en nuestra circunstancia, nos llevará, nos está llevando ya, a los identitarismos de tribu.

Tengo para mí que, atendiendo a las dimensiones de España, el Estado unitario es la forma más eficiente de gobierno, reconociendo las ventajas de la descentralización administrativa, sometida al criterio de eficiencia que correspondería proponer al Gobierno central y legalizar al Parlamento.

Los parlamentos autonómicos, carentes de soberanía, no tienen razón alguna de existir (para que los políticos regionales jueguen a casitas de muñecas). De hecho producen leyes muy similares a las del Estado y a las de otras regiones, pero con singularidades propias. En ocasiones su labor legislativa entre en conflicto, voluntariamente o no, con la legislación del Estado y se crean conflictos innecesarios que bloquean la actividad de los ciudadanos.

Los federalistas tienen que justificar las ventajas del mayor coste y del mayor intervencionismo que proponen, ambas características originadas por la superposición de niveles competenciales y la vocación constructivista de los nacionalismos periféricos.

Cualquier elucubración sobre la organización del Estado que no se funde en la exigencia de la máxima eficiencia (eficacia al menor coste), es un esfuerzo equivocado.

Séptima conclusión.- Atendiendo a la dimensión física y económica de España, la forma unitaria sería la más eficiente.

Es clave, al plantear esta cuestión, convenir en que lo sustantivo para la organización del Estado es buscar su eficiencia (eficacia al menor coste) y la garantía democrática en la gestión de los intereses generales, garantizando la libertad individual y la justicia.

En términos estrictamente económicos el Estado unitario es, a priori, mucho más eficiente que el Estado federal, aplicado a una Nación de las dimensiones y características de España, porque la superposición de competencias, introduce un plus de intervencionismo y un incremento de los recursos destinados a la gestión administrativa.

8º.- ¿Existe tradición federal en España?. ¿Reclama la opinión pública la solución federal o se queja del desorden autonómico?.

Ya está dicho que el federalismo no ha sido planteado en la historia de España más que en el proyecto de Constitución de 1873, cuyo resultado fue lamentable. Así la Constitución de la II República define al estado Español como un “Estado integral”.

La singularización de regiones históricas fue más propio de los partidarios del antiguo régimen, a los que los liberales de 1812 tuvieron que torear, como recuerda Argüelles, haciendo protestas de reforma de las viejas leyes, en el Discurso Preliminar, cuando realmente se aprobaba un texto revolucionario en el que se introducía la idea de soberanía nacional, incomprensible para los defensores del antiguo régimen y que todo lo trastocaba.

En España no hay tradición federal, ni la población de hoy reclama un Estado federal. Estamos ante un mero producto de alquimia para ver si satisfacemos a quienes no están dispuestos a satisfacerse.

En el caso del PSOE solo trata de evitar el divorcio con el PSC, pero como éste cree en la soberanía de Cataluña lo va a tener muy complicado para dar una solución coherente a su problema.

Conclusión octava.- En España no hay tradición federal. A mi juicio su proposición no es más que una expresión más de la falta de convicción de nuestra propia fuerza como Nación y el afán entreguista a favor de los que más gritan.

La ciudadanía no reclama el federalismo pero se queja del despilfarro del Estado de las Autonomías.

9º.- ¿Es solución el federalismo para Europa?.

Por la diversidad de orígenes de los Estados miembros, por las distintas tradiciones sociales, jurídicas y políticas, vitales en definitiva, y, sobre todo, por la dimensión territorial y demográfica de la Unión Europea, es razonable que en su desarrollo político tienda a constituirse en Estado federal.

Pero quiero dejar claro, que desde mi perspectiva liberal aspiro a una “Europa de los ciudadanos” y no a una “Europa de los pueblos” y, por tanto, a una Europa en la que se federen los Estados miembros, en términos de igualdad y en la que el Gobierno y el Parlamento de la Federación se elijan por sufragio universal de todos los ciudadanos europeos, dejando la gestión de su diversidad a la Sociedad.

Novena conclusión.- Abogo por la constitución de los Estados Unidos de Europa, cuando las circunstancias lo hagan posible, sustentado por una “Europa de los ciudadanos” y no por una “Europa de los pueblos”, que pretende llevarnos a la Edad Media.

10º.- ¿Cuál puede ser la solución a los problemas de España?.

España tiene dos graves problemas, por un lado las tensiones secesionistas y su falta de una respuesta racional y por otro lado el agotamiento del régimen de 1978 y ambos problemas tiene como solución común la reforma constitucional.

El régimen de 1978 está aquejado de septicemia generalizada, que afecta al tejido ético, porque la sociedad se ha quedado sin valores y, por supuesto, sin ejemplos; al sistema institucional, del Rey a la vida municipal, con la mayoría de los partidos corrompidos y abandonados sus principios; al tejido óseo, el esqueleto del Estado del que ahora tratamos; al sistema económico, roto el mercado único, agotado el modelo económico, sin oferta laboral, con unos sindicatos decimonónicos mirándose al ombligo y una Administración dispuesta a devorar los recursos nacionales.

La reforma constitucional requiere de tres elementos previos: 1º.- La mejora de la situación económica, 2º Un serio y amplio debate nacional sobre dos cuestiones básicas (Estado unitario vs Estado federal y Monarquía vs República) y, 3º un referéndum previo sobre ambas cuestiones, para atacar la reforma constitucional sustantiva con las cuestiones básicas resueltas y asumidas por todos, resueltas sin complejos y con las voluntades debidamente formadas. En tal momento habría ejercido el derecho a decidir todos los españoles.

Me parecería indecente negar a todos los españoles el derecho a decidir (aquí si que tiene pleno sentido), de manera aislada y suficientemente informada, sobre estas cuestiones esenciales para reconstruir la muy imperfecta democracia que padecemos, por miedo a las reacciones de las élites nacionalistas.

Para afrontar esta fase previa de debate sobre el diseño de la forma de Estado que los españoles queremos para el futuro, se hace necesario presentarles un potente discurso sobre la España real que permita fomentar el rearme moral de la ciudadanía para que se reconozca en la España de sus antepasados, desmorone las falacias y mitos que se han propalado y se acabe con la pérdida de libertad individual de muchos ciudadanos españoles.

El rearme moral tendría por misión, en definitiva, la proclamación de la convicción de que España es una Nación de ciudadanos iguales y libres, que no tiene razón alguna para ceder derechos inexistentes ni reconocer singularidades de ensueño y así poner en pie lo que Ortega denominó “un proyecto sugestivo de vida en común”.

Pero, ¿cómo levantar “un proyecto sugestivo de vida en común”, si se nos presentan los privilegios y las asimetrías como requerimientos inexcusables?.

Este rearme moral es la auténtica solución a las tensiones secesionistas y así, “todos vivirán a gusto en casa” como quería Don Salvador. Sin este rearme moral, cualquier decisión de la ciudadanía estará viciada por desinformada y coaccionada.

Si el rearme moral se produce, sobrará la necesidad de satisfacer a los secesionistas porque serán muchos menos y se encontrarán en la incómoda posición de tener que justificar lo que ahora presentan como obvio, apoyados en su prepotencia.

Solo una campaña de rearme moral, salida desde la propia sociedad, para Resaltar, Renovar y Potenciar el vínculo institucional entre los ciudadanos de España, para que abandonen el pesimismo, que lleva a la indolencia, y tengan el convencimiento de un futuro razonable para España.

Ante el escenario descrito, la propuesta federal es como ofrecer una tirita a quien se desangra o, aún peor, darle azúcar a un diabético.

CONCLUSIONES

1ª.- La organización del Estado es una cuestión de eficiencia en la gestión. No es ideológica ni historicista. Nunca puede plantearse con criterios defensivos.

2ª.- Ningún argumento es válido si pone en cuestión la libertad de todos y cada uno de los ciudadanos.

3ª.- Ninguna solución puede pasar por la negación de España como Nación histórica y política y por la igualdad de todos los españoles.

4ª.- Las diferencias culturales y vitales de las regiones enriquecen la cultura común, pero ninguna de ellas tiene rango de cultura como para reconocerle las características propia de una Nación y menos tras los procesos migratorios del siglo XX.

5ª.- El liberalismo otorga al poder político la función de gestionar los intereses generales y de garantizar la justicia y la libertad al menor coste, correspondiendo a la Sociedad el despliegue de su vitalismo cultural en el más amplio sentido.

De aquí que no tenga sentido propugnar el Estado federal, en razón a las diferencias culturales y vitales de las distintas regiones, si no es para que los estados federados continúen su política de intervencionismo cultural y político.

6ª.- En nuestra circunstancia, el federalismo “de encaje con los nacionalismos”, es garantía de intervencionismo y de sometimiento de las mayorías a las élites que propugnan el pensamiento único.

7ª.- El federalismo descentralizador que se propone se convertiría, muy pronto, en federalismo desintegrador.

Advierto de la ruptura de la unidad de España como única garantía de libertad y de igualdad de todos los españoles.

8ª.- Frente a los males de España no caben componendas sino decir la verdad de España a los españoles, esto es, poner a su disposición un potente discurso que resalte nuestro vínculo común y la garantía de igualdad y libertad que solo en España podemos tener.

9ª.- Se hace necesario un amplio debate sobre la forma del Estado, tanto respecto de su estructura (Estado unitario vs Estado federal) como respecto de su cúspide (Monarquía vs República), y ambas cuestiones deben resolverse en referéndum previo, para que no nos lo imponga la clase política en una reforma constitucional de aliño, en conversaciones de despacho.

10ª.- Sería bueno un gran pacto de las fuerzas políticas para la construcción y difusión del discurso sobre España, pero no es posible hoy.

El PSOE tiene pegado a la suela del zapato el chicle del PSC y no se aclara e IU no está hoy en el proyecto nacional. El PP no quiere líos, reconoce no tiene más remedio reconoce “singularidades” y cuando puede las niega, porque se ha empeñado en navegar entre dos aguas.

Solo la Sociedad puede poner en marcha el rearme moral que planteo. España tiene intelectuales y entidades privadas suficientes para sostener una campaña de rearme moral, aunque siempre será un problema su financiación.

Muchas gracias.

Joaquín Mª NEBREDA PEREZ
Doctor en derecho


[1] 31’60% fue la abstención, en el conjunto de España, en el referéndum constitucional de 1978.

Un pensamiento en “En defensa del Estado Unitario

  1. Es muy largo el articulo para hacer un comentario. No obstante dos cosas; a) realiza demasiados juicios de valor; b) Pese a quien pese, Galicia, Cataluña y el País Vasco son naciones porque tienen los elementos esenciales para serlo: territorio, lengua y cultura propia. Eso si, no son naciones soberanas , la soberanía la tiene España..Y Cataluña es ante todo un sentimiento y quiere ser ella y no verse asumida por la cultura castellana, ese es el problema, Como dijo Ortega si no puede ser por lo menos que nos conllevemos de forma razonable. La CE no pudo resolver el problema territorial porque mandaban los de la “bota” ¡y como mandaban!. Se reconocía el autogobierno a las históricas, que lo son al que le pese al articulista, pero debido a la milicia hubo la empanada del café para todos,.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.