A vueltas con el fenómeno neomarxista de Thomas Piketty

Que el libro “El capital en el siglo XXI”, del francés Thomas Piketty, desde su presentación en la neoyorkina Graduate School de la City University, ha causado un señalado impacto en los medios intelectuales y universitarios occidentales de la izquierda, (que obsesivamente ven en el capitalismo el origen de todos los males), y más aún, en los medios de comunicación de los países más desarrollados, es algo que está fuera de discusión. Hoy, cualquier “progresista” medianamente informado te recomienda su lectura, como esclarecedora “buena nueva”.

La tesis de Piketty, que es la causa de tal interés y excitación, preconiza que el rendimiento del capital en manos privadas, (expresado este en el valor agregado de los instrumentos en los que se materializa el ahorro), aumenta de forma geométrica las desigualdades económicas entre las clases sociales, cuando se da un lento crecimiento del PIB, pues en esa circunstancia los ingresos de las clases medias y bajas se ralentizan, de forma tal, que muy pequeñas minorías de población, acaparan un parte mayoritaria de la riqueza global, en proporciones realmente escandalosas.

Piketty extrapola, del análisis de largas series históricas, la tesis de que el reparto de la riqueza seguirá divergiendo, pues las rentas del trabajo crecerán por debajo de los rendimientos del capital, por lo que se abocará fatalmente a una desigualdad extrema e inaceptable, tanto social, como democráticamente, al tiempo que, las grandes fortunas obtendrán sus rentas a partir exclusivamente de los rendimientos del capital acumulado, abandonando cualquier actividad inversora no financiera. Ambos procesos simultáneos tendrán como consecuencia el colapso del capitalismo y de la economía de mercado. Visión tan pesimista del capitalismo, como la tuvo Karl Marx en su momento.

Pero también es cierto que el trabajo de Piketty aporta datos, en gran medida discrepantes con su tesis central, al constatar la aparición, en las últimas décadas, de una clase media patrimonial, que ha ganado franjas muy relevantes de participación en la riqueza nacional, hasta alcanzar al cuarenta por ciento de la población y creciendo, no negando el mérito de este notable avance socioeconómico al desarrollo del capitalismo y del mercado.

Además, las cifras que maneja Piketty muestran un mundo, desde un punto de la riqueza global, más igualitario que hace cien años, en el que, si bien las diferencias entre ricos y pobres parecen haber crecido en los países desarrollados, sin embargo las diferencias entre los países del Norte y los del Sur se han reducido muy considerablemente, como consecuencia del que se ha dado en llamar el fenómeno de la globalización, tan denostado por la izquierda, sea marxista o no.

Es él mismo quien señala claramente que “independientemente de la forma en que se mida, el mundo parece haber entrado claramente en una fase, en la que los países ricos y pobres están convergiendo en ingresos”, como se puede leer en el primer capítulo de la obra de la que hablamos.

Y lo corrobora el hecho de que sea en los países emergentes donde menos convencen las tesis de Piketty, quizá, -y no es razón menor por su valor demostrativo “a contrario sensu”-, porque las abismales desigualdades, en esos países, entre los ricos y las grandes masas de pobres, en sentido estricto, suponen una situación endémica y atávica y, por tanto, ajena a cualquier forma de capitalismo.

De otra parte, como dice a este respecto el profesor de economía en la China Europe International Bussines School de Shanghai, Bala Rasamy, “es necesaria más libertad económica y que las oportunidades estén disponibles para todos” y remarca “las pequeñas y medianas empresas no crecen debido a que la mayoría de las oportunidades están monopolizadas por el Estado”.

Quizá por ello, es en estos países donde la población identifica la globalización y liberalización económica con las mejoras conseguidas en las últimas décadas, por lo que la corriente de opinión mayoritaria considera que la mejor forma de reducir las desigualdades es con más mercado.

Piketty, al contrario de Karl Marx que vaticinó la inevitable desaparición del sistema capitalista ahogado en sus propias contradicciones, -predicción que la Historia se ha encargado de demostrar falsa-, propone, como medio de evitar el colapso, un impuesto confiscatorio mundial sobre el capital y sus rendimientos, para disuadir a los empresarios de tomar la posición única de rentistas y orientarles hacia la inversión directa en bienes de producción creadores de riqueza, al tiempo que se reestablece por la vía de la fiscalidad una necesaria situación de equilibrio igualitario entre las clases socioeconómicas, lo que evitará la revolución.

Sin embargo esta solución ha de considerase errónea y sin sentido, por distintas razones.

En primer lugar, queda por demostrar que las crecientes diferencias entre rentas altas y bajas lleven al colapso del capitalismo y del mercado, ya que como dice el economista, también francés, Guy Sorman, la Historia no avala la tesis de Pikerty. De hecho, el capitalismo ha alimentado el gran avance de las clases medias, como el propio Piketty no deja de reconocer en su libro.

Hay que coincidir también con este economista, en que Piketty no respalda con argumento científico alguno la idea piadosa de que igualdad es la condición “sine qua non” para la prosperidad duradera en la economía de mercado, por el contrario, dice Sorman, “los trabajos de los que disponemos ponen más bien de manifiesto que una cierta desigualdad, -por la emulación social que provoca-, es necesaria para el crecimiento, y que la igualdad excesiva mediante los impuestos convierte al empresario en rentista: es la experiencia escandinava y británica de la década de 1960”. Como dice el profesor Pedro Schwartz, basándose asimismo en la experiencia, la búsqueda de la fortuna es el verdadero incentivo para los avances en los que se basa el progreso económico de las clases trabajadoras.

De otra parte, considerando que no hay inversión sin previo ahorro, o, dicho con otras palabras, que ahorro e inversión son las caras de la misma moneda, debilitar el ahorro, -ya que no otra cosa es el impuesto confiscatorio sobre el capital y sus rendimientos-, es tanto como debilitar la inversión productiva y la consiguiente creación de riqueza. Otra cosa sería proponer medidas que impidan y persigan las actividades monopolísticas, que anulan la libre competencia, imprescindible para el progreso económico.

Lo que si entra dentro de la praxis marxista, es el aprovechamiento interesado de la tesis de Pikerty para avivar envidias, que junto con la mentira, son dos de los principales y potentes instrumentos revolucionarios, de cara a las masas, como ellos mismos reconocen, porque es cierto que como Sorman dice “siempre habrá una parte de la opinión pública dispuesta a renunciar al desarrollo económico, con tal de que se imponga la igualdad”, axioma básico en el paradigma socialista.

Hay que coincidir, de nuevo, con este economista francés, cuando afirma que el éxito de “El Capital del siglo XXI” se debe “a que el socialismo ha perdido todos sus referentes ideológicos y esto ha desatado una histeria por encontrar nuevas caras y nuevos argumentos. Con Piketty se cumplen estos objetivos, de ahí la enorme popularidad que está alcanzando”, según recoge Diego Sánchez de la Cruz en la entrevista que le realizó recientemente.

Esta entrada fue publicada en Opinión por Benito de Diego. Guarda el enlace permanente.
Benito de Diego

Acerca de Benito de Diego

Licenciado en Ciencias Políticas y Económicas, Economista y Estadístico Facultativo, Auditor del R.O.A.C., Miembro del Cuerpo Nacional de Geografía y Catastro (Jubilado), Miembro de distintos Colegios Profesionales, Patrono Fundador de la Fundación Foro-Jovellanos y Miembro de la Junta Directiva del Club Liberal Español.

Un pensamiento en “A vueltas con el fenómeno neomarxista de Thomas Piketty

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.