La trampa de la expansión monetaria

La trampa de la expansión monetaria

Hemos de coincidir con el Ministro de Economía cuando ha matizado en Davos, tras apoyar el plan Draghi de implementar un nuevo Quantitative Easing, (QE), de hasta un billón de euros, que “no se pueden abordar las reformas estructurales con la política monetaria”.

Sorprendentes palabras, pues de alguna forma contradicen la política económica llevada a cabo por el gobierno, del cual forma parte, que se ha basado, sustancialmente, en una asfixiante aumento de la presión fiscal, enorme expansión de la deuda pública y en el rescate bancario financiados ambos por el BCE, sin otra reforma estructural reseñable, más que la tímida aplicada al mercado laboral, cuyos efectos positivos sobre el crecimiento económico está por comprobarse.

El argumento, con el que justifica Draghi este nuevo QE, es que la economía europea puede caer en deflación, con sus consecuentes secuelas de paralización de la demanda, recesión de la producción y consiguiente desempleo de los factores, fundamentalmente el del trabajo.

Sin embargo en España, -coincidimos de nuevo con el ministro Guindos-, no se puede hablar en puridad de deflación, ya que la disminución de precios no se debe a un descenso generalizado de los mismos, sino que se debe, sustantivamente, a la bajada de los de dos insumos energéticos con gran repercusión en el IPC, cuales son el petróleo y el gas, cuyo efecto inmediato es que los españoles tengamos una mayor renta disponible para dedicarla tanto al consumo, como al ahorro; factores ambos positivos y deseables en pos del crecimiento económico buscado. No se ven, hasta el presente, efectos negativos a tal disminución de precios.

Este programa de compra de deuda pública y privada, que es el QE anunciado, se circunscribe a la compra de bonos soberanos, -deuda pública-, y a activos privados en forma de bonos garantizados y deuda empaqueta y titularizaciones, siempre que presenten una solvencia adecuada, intentando evitar así una nueva crisis de “subprimes”, cuyas consecuencias aún estamos padeciendo.

Conviene tener presente este dato, pues nos indica que el BCE parece estar por seguir la misma senda por la que discurrió la FED y que fue origen del reciente crack, no siendo descartable que este aumento de la circulación monetaria pueda provocar inflación en la eurozona, más allá de lo que se pretende.

Estos temores a la inflación no son a corto plazo, pero sí es cierto que a medio plazo la estabilidad del euro se puede ver comprometida, amén de que, con la mayor de las probabilidades, en determinados países, los gobiernos dejen de acometer las reformas estructurales pendientes, como puede ser el caso de España, o el de Grecia con un gobierno en cuyo programa consta expresamente la negativa a reducir el déficit presupuestario.

He aquí la trampa del programa Draghi, en la que pueden caer las economías europeas.

A la vez que Draghi justifica este programa, como el medio de mantener la estabilidad de los precios a largo plazo y contribuir de esta forma a la reactivación económica, a través de la activación del crédito a las empresas, ha recalcado que para conseguir un crecimiento económico sólido y sostenido es imprescindible incrementar las inversiones, para impulsar la creación de puestos de trabajo y hacer crecer la productividad, lo que exige tomar medidas adicionales. Lo cual es incuestionable, sin embargo este QE no está sometido a condiciones.

Nos preguntamos: En esta situación ¿Los gobiernos nacionales van a tomar estas medidas? ¿Qué gobierno al que le regalan liquidez se va a enfrentar a medidas impopulares?

De nuevo: He aquí la trampa, de cuya salida no se tiene previsto plan alguno.

Sin embargo, si se conoce que este tipo de políticas monetarias, basadas en el dinero fácil y a bajos intereses, conducen a crisis, como la que aún estamos padeciendo, ya que premian el endeudamiento y castigan al ahorro, pues “no se busca asentar sobre nuevas y buenas oportunidades de negocio, sino sobre viejas y malas prácticas arriesgadas. Lejos de impulsar el reajuste sano de la economía, basándolo en la libertad del mercado y en el ahorro interno, se intenta exprimir todo el potencial de un sistema fallido, huyendo hacia adelante”, como señala el profesor R. Rallo

Confiemos, -aunque la experiencia nos hace albergar algunas dudas-, que nuestro gobierno no acuda irresponsablemente a este QE, y haga sus deberes para con los ciudadanos, saneando nuestra economía de aquellas rigideces y costes que la tienen bloqueada y sin capacidad para producir competitivamente bienes de alto valor añadido; dando movilidad a los factores productivos y anulando intervencionismos. Creando, en fin, las condiciones de mercado adecuadas para que las inversiones ineficientes por una mala asignación de recursos, -como fue el caso de la burbuja inmobiliaria-, sean sustituidas por la asignación de factores a otras eficientes y facilitando y no entorpeciendo con impuestos el ahorro, para descargar al sistema del exceso de deuda que le paraliza.

Esta es la única salida de la trampa, en la que la economía española cayó en la primera década de este siglo, por exceso de liquidez, crédito e intervención y a la que puede volver a caer por la similar política monetaria que ahora implementa el director del BCE.

Conviene no olvidar que, con la aplicación en España de las actuales políticas económica y monetaria, las estimaciones más optimistas sitúan la tasa de paro, allá para el final de esta década, en el insoportable entorno del 20%.

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Benito de Diego

Acerca de Benito de Diego

Licenciado en Ciencias Políticas y Económicas, Economista y Estadístico Facultativo, Auditor del R.O.A.C., Miembro del Cuerpo Nacional de Geografía y Catastro (Jubilado), Miembro de distintos Colegios Profesionales, Patrono Fundador de la Fundación Foro-Jovellanos y Miembro de la Junta Directiva del Club Liberal Español.

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