Libertad de Salarios

Libertad de salarios

Redundante en su política intervencionista, y por tanto distorsionadora de la correcta asignación de recursos a los procesos productivos, el FMI pide al gobierno español que tras acuerdo entre sindicatos y patronal, se imponga una reducción del 10% a los sueldos y salarios, con la finalidad de que la producción española alcance precios competitivos y con la esperanza de que estimulen las exportaciones, y mediante un balance comercial exterior positivo, se reduzca  el endeudamiento, se produzca el correlativo incremento de la inversión interna y , consecuentemente, se reduzca el desempleo, entrándose así en el círculo virtuoso de la reactivación de la economía patria.

Independientemente de la necesidad de una devaluación interna en la economía española, —que, por otra parte, ya se está produciendo y está abocando  a los españoles al correlativo “shifting down” en su nivel de vida—, inevitable en una economía tan enormemente endeudada y con una tan baja productividad, pretender manipular la totalidad de los salarios con objeto de impulsar la demanda efectiva y con ello la producción interna y el empleo, es una fórmula  de muy dudosa eficacia, ya que no tiene en cuenta la distinta y cambiante realidad de las diversas unidades empresariales, en una parte de las cuales esta rebaja a fortiori desincentivaría la productividad laboral unitaria, obteniéndose el efecto contrario con una merma de la producción final y una caída de la ratio global producto/coste.

Esta medida, propuesta por Keynes en su “Teoría General”, encierra en sí el mismo error, que su teoría económica lleva implícito y, cuya aplicación por los gobiernos de los estados, ha sido en gran medida la causa de una parte de la crisis que se padece: Hablamos del intervencionismo.

La libertad, que demandamos los liberales, es aplicable también a este supuesto socioeconómico y por ello reclamamos que los salarios se ajusten flexiblemente a la realidad de cada unidad productiva, mediante la negociación, caso por caso, entre empresa y asalariados, para de esta manera viabilizar el mayor número posible de planes de negocio, optimizando así la producción y la productividad globales y el ajuste de precios a los mercados exteriores.

Proceso necesario cuando, como es el caso, no se puede recurrir a la política monetaria de devaluación de la moneda propia. En estas circunstancias, con el 26% de tasa de desempleo respecto a la población activa, y con una mayoritaria población laboral deficientemente especializada, esta negociación llevaría, sin duda, a una reducción de salarios en gran parte de las unidades productivas, pero ello no afectaría a la totalidad del tejido productivo ni, el afectado, lo haría en las mismas proporciones o porcentajes.

Hablamos pues de flexibilización de sueldos y salarios, no de imposición administrativa. En este sentido el profesor J. R. Rallo  dice: “Hagamos oídos sordos al FMI, pero no porque no sea necesario que muchos salarios se reduzcan en España para adaptarlos a la productividad post-colapso, sino porque las reducciones o elevaciones de los salarios han de ser consecuencia de un proceso de negociación libre entre empresa y trabajador, dirigido a readaptar la posición competitiva de la compañía a las mutantes circunstancias del mercado. No planifiquemos centralizadamente los salarios; restablezcamos la libertad del mercado laboral”.

Digamos los liberales junto con él: No necesitamos salarios bajos, necesitamos salarios libres.

En todo caso, lo que la economía española reclama, con toda urgencia, es el ajuste fiscal permanentemente aplazado, mediante la reducción del desorbitado e improductivo gasto de innecesarias administraciones públicas y entes colaterales, en orden a la liberación de recursos financieros, así como la anulación de todo tipo de subvención, subsidio, exención, precio político y cualquier elemento que distorsione la libre formación de precios, elemento imprescindible para la aparición y sostenibilidad de unidades productivas competitivas ajustadas a la necesidades de la demanda, sea exterior o interna.

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Benito de Diego

Acerca de Benito de Diego

Licenciado en Ciencias Políticas y Económicas, Economista y Estadístico Facultativo, Auditor del R.O.A.C., Miembro del Cuerpo Nacional de Geografía y Catastro (Jubilado), Miembro de distintos Colegios Profesionales, Patrono Fundador de la Fundación Foro-Jovellanos y Miembro de la Junta Directiva del Club Liberal Español.

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