Libertad económica y progreso

En esta nueva campaña de propuestas políticas y diatribas ideológicas, que de nuevo se ha iniciado con motivo de la convocatoria a elecciones generales, hemos de escuchar invectivas innumerables contra el libre mercado y el liberalismo. Por el contrario, se oirán muchas y viejas ofertas de salvación que han de venir del “cambio”, mediante la imposición de políticas fundamentadas, en general, en el intervencionismo gubernamental en el mercado, característica de la socialdemocracia, cuando no directamente en el socialismo, lo cual no deja de ser un sarcasmo, puesto que en España, desde el inicio de la democracia, son las políticas que se vienen aplicando —sobre todo en los últimos doce años— por los gobiernos de los dos partidos hasta hoy mayoritarios.

Y es que aquellos que se benefician de privilegios y transferencias de rentas desde el sistema público y/o pretenden manejarlo a su albedrío desde el poder, siempre abogarán por ampliar la dimensión del sector público, reclamando o ideando supuestos derechos y prebendas, cuya finalidad última es crear tupidas redes de clientelismo —en las que la corrupción es el elemento fertilizante— financiadas por el expolio del resto de la sociedad, así como manejar a su antojo el sistema productivo creando normas intervencionistas, basadas en criterios arbitrarios pensados por una minoría iluminada, (véase “Public Choice” de Buchanan), entorpeciendo la óptima asignación de recursos que el libre mercado es capaz de realizar, si alguna vez en nuestra patria algún gobierno lo permite.

En esta coyuntura, se ha publicado en España “El Índice de Libertad Económica 2016”, (ILE’16), elaborado por la “Heritage Fundation”, (con notas de su presidente, Jim DeMint y apoyado en España por el Thik TanK Civismo), cuyo contenido constituye un rotundo mentís a las tesis de los intervencionistas, que se titulan “progresistas”, cuando en el terreno social y económico resultan defender políticas realmente retardatarias y regresivas, como este índice demuestra sobradamente y los fracasos de Grecia y Venezuela han puesto de manifiesto recientemente de forma clamorosa.

El trabajo clasifica a los países estudiados en cinco categorías, según los valores de sus respectivos ILE’16: Economías Libres, en los que el ILE’16 toma valores superiores a 80, (el máximo está 86,6); Economías Mayormente Libres, con un ILE’16, entre 80 y 70; Economías Moderadamente Libres, con un ILE’16 en la horquilla de 70 a 60; Economías Mayormente Intervenidas, en los que el ILE’16 se sitúa en valores entre 60 y 50; y por último las Economías Totalmente Intervenidas, con ILE’16 por debajo de los 50 puntos.

Dicho lo cual, la primera cuestión a destacar es que el trabajo demuestra que las rentas per cápita de los países con economías libres o mayormente libres, más que duplican a las de los países cuyas economías son moderadamente libres y que las rentas per cápita de éstos, más que triplican a las de los países con economías mayormente intervenidas y totalmente intervenidas.

Los resultados, de esta forma, confirman que la libertad económica se muestra como factor decisivo en el aumento y optimización de la capacidad de los sistemas económicos, para generar y sostener un crecimiento dinámico y sostenido, mediante la distribución más eficaz de recursos y la creación de valor añadido.

En este ranking España se sitúa en el modesto puesto 43, de 178 evaluados, con valor del ILE’16 de 68,5. Es decir, nuestra economía está incluida entre las moderadamente libres, junto con otras 54.

Resultado francamente pobre y decepcionante, pero más aún para la izquierda “progresista”, si se tiene en cuenta su denuncia de que, el liberalismo imperante en la política económica española, es el causante de todos los males sociales que puedan existir y aún imaginarse.

James Roberts, investigador de la Fundación Heritage, (vid. “Libre Mercado” del 3.5.2016), preguntado por el decepcionante lugar que ocupa España en el Índice, concreta las causas de su valor “en las bajas notas obtenidas en determinados campos, como la corrupción, que es preocupante, porque afecta a la estabilidad de las instituciones. El gasto público, que es excesivo, como lo atestiguan los problemas que está teniendo España con el déficit y la deuda. Los impuestos, que inevitablemente tienen que bajar, para que la población contribuyente y las empresas tengan una mayor renta disponible, destinada al ahorro (inversión) y al consumo. Y el mercado laboral, que tiene que seguir ganando en flexibilidad”. Todas ellas áreas, como se ve, cuyos resultados tienen causa en las políticas intervencionistas del gobierno.

Son 92 las economías libres o mayormente libres y, en el otro extremo, las economías mayormente y totalmente intervenidas suman 86, lo cual viene a poner en evidencia como los países van evolucionando hacia sistemas económicos, en los que el libre mercado toma un mayor protagonismo frente al intervencionismo estatal, si bien es cierto que, en periodos de crisis, los países tienden a implementar políticas de estímulo, sobre todo monetarias, como lo evidencian los valles que presenta la serie histórica de la evolución creciente del ILE global, (crisis de los noventa y cinco y de los dos mil diez).

Así lo demuestra, de otra parte, el hecho de que el Índice de Libertad Económica promedio, a escala planetaria, ha pasado, en los últimos 25 años, de un valor de 57,6 al 60,7, lo que supone la importante tasa de crecimiento del 5,4 por ciento.

Siguiendo este senda de análisis, se comprueba que países como Dinamarca, Suecia y Noruega, que hace cinco lustros eran paradigmas de políticas socialistas, hoy se encuentran englobados en el grupo de las economías mayormente libres: En el puesto 12, Dinamarca (75,3), en el lugar 26, Suecia (72,0) y en el puesto 32 se sitúa Noruega (70,8). Dado, además, que tienen unas instituciones muy limpias de corrupción y unos niveles sociales de confianza muy por encima de la media internacional, estos países han dejado atrás la socialdemocracia y se han convertido en referentes liberales.

Así pues, el índice de Libertad Económica de 2016 muestra una correlación estrechísima con los niveles de prosperidad de los ciudadanos y de la sociedad en su conjunto: A mayor índice de libertad económica, se da una mayor renta per cápita e, inversamente, a menor índice de libertad se da una menor renta per cápita, que es el mejor indicador cuantitativo del progreso y bienestar de los ciudadanos.

En este orden de cosas, el trabajo muestra también cómo a mayor valor del índice corresponde una mayor esperanza de vida, así cómo una prolongación de la longevidad, consecuencia, todo ello de la habilitación de mejores métodos y medios de gestión de la salud del ciudadano.

Y en relación a algo que le es muy querido manipular al socialismo, como es la pobreza, el ILE’16 muestra que los medidores de intensidad de la pobreza son tres veces, repitamos, tres veces superiores en las economías mayormente y totalmente intervenidas, en relación a las economías libres o mayormente libres. Un mito que se cae.

Pero, además, en relación al imaginario dominante del ecologismo de verdes y confluencias, el ILE’16 pone en evidencia que, en protección medioambiental, (calculado con el Índice de Protección Ambiental de la Universidad de Yale), el conjunto de los países adjetivados como libres presentan un valor que más que duplica al de los países con economías intervenidas. Otro mantra arrumbado.

En conclusión, (en palabras de Jim DeMint), “quizás la lección más importante en estos tiempos convulsos sea que la demostrada superioridad del sistema de libre mercado y el valor de la libertad económica deben reiterarse de manera categórica. La libertad económica es un elemento fundamental de la vida que trasciende al mercado, abriendo las puertas a un mayor bienestar a cada vez más personas en todo el mundo.”.

“Resulta gratificante ver el progreso general a nivel mundial del fomento de la libertad económica, como refleja la subida de los puntajes de numerosos países. Cientos de millones de personas están saliendo de la pobreza con la promesa de un futuro más brillante. Pero cada generación debe reemprender la lucha por la libertad. El Índice de Libertad Económica presenta ejemplos prácticos de políticas cuyo éxito se demuestra con hechos. Dependerá de nosotros aportar y reforzar la voluntad política para implementarlas.”.

Sólo hay progreso, donde hay libertad.

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Benito de Diego

Acerca de Benito de Diego

Licenciado en Ciencias Políticas y Económicas, Economista y Estadístico Facultativo, Auditor del R.O.A.C., Miembro del Cuerpo Nacional de Geografía y Catastro (Jubilado), Miembro de distintos Colegios Profesionales, Patrono Fundador de la Fundación Foro-Jovellanos y Miembro de la Junta Directiva del Club Liberal Español.

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