Una impúdica trampa más de Pedro Sánchez

Las comparecencias diarias del Director de Emergencias, Fernando Simón, quien ya debería haber dimitido desde el 7 de marzo, en que dejó en libertad para asistir a las manifestaciones, junto a una alta representación de las Fuerzas Armadas, de la Policía Nacional y de la Guardia Civil constituyen otra utilización indebida de los recursos del Estado. ¿Qué razón hay para la militarización en el estado de alarma? ¿Es que la Ministra de Defensa y el Ministro del Interior han abandonado sus competencias y formas civiles? ¿Dónde está la Protección civil? 

Vds., socialistas y comunistas, que tanto han denostado a estas Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado, singularmente a la Guardia Civil, ¿a qué fin utilizan a estas instituciones haciéndolas cumplir un papel que no les corresponde? En Francia, Alemania, Italia, Bélgica, USA y otros países de nuestro entorno, las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado no comparecen de tal guisa y diariamente en los medios, sin perjuicio de que ayuden a la sociedad civil con todos sus recursos, siguiendo las instrucciones que reciban de los Ministros de cada ramo.

El cuadro diario no puede ser más patético y preocupante. Sólo falta un representante de la Agencia Tributaria. Tres militares o asimilados con uniforme de gala y todos sus entorchados y medallas ¿qué hacen y representan como Portavoces de un Gobierno civil y de una sociedad civil? Hoy el escándalo y la falta de dignidad es aún mayor, cuando todos esos Portavoces aplauden a un General de la Guardia civil, quien en vez de dimitir, quiere meter en el equipo a todos sus colegas de portavocía y a todos los españoles. No, Sr. Santiago, Vd. debe dimitir, tanto si sus palabras fueron pronunciadas a su iniciativa, como si le fueron inducidas y cayó en la trampa tendida por un Gobierno que no tiene reparo alguno en abusar impúdicamente de la institución a la que representa y que les dejará tirados cuando convenga a su único interés de permanecer en la Jefatura del Gobierno.

Nadie en su sano juicio puede pensar que Pedro Sánchez o su valido, Iván Redondo, hayan diseñado esa imagen diaria mientras dura la pandemia para dar seguridad a la sociedad española, sino más bien para mandar el mensaje subliminal del miedo, la represión y el control de la sociedad y de los medios de comunicación, a la vez que se promueve la delación y denuncia de unos ciudadanos contra otros al abandonar el pacífico rebaño y osar salir de su casa para darse un baño en un mar solitario, un paseo por la montaña, llevar al perro más allá de unos metros de la vivienda o irse a comprar el pan a unos kilómetros. ¡Qué gozo le produce a algún Portavoz cuando relata tantas denuncias diarias!

Tiene más importancia las cifras de denunciados y detenidos diarios y el importe de las multas que puedan recibir, que las cifras de muertos, la soledad en que se han estado yendo y la ausencia de duelo familiar. Ello jaleado por las cadenas televisivas adictas y financiadas «ad hoc», que gozan igualmente con las delaciones y las imágenes de supuestos transgresores, mientras se mantiene a la mayor parte de la población en arresto domiciliario o en libertad condicional, atentando, entre otros, al derecho a la libre circulación y fijación de domicilio, a la libertad de expresión, a la libertad de empresa, a la libertad ideológica, so pretexto de la proliferación de unos bulos que en numerosas ocasiones ellos mismos y sus adláteres crean y difunden.

En vez de sustituir el trabajo eficaz y el planteamiento de soluciones preventivas, sanitarias y económico-sociales por una imaginería televisiva que oculta la transparencia real y que el Gobierno ha opacado material y formalmente al suprimir el organismo correspondiente y no permitir de facto el control de sus actuaciones, abusando de la no beligerancia de los políticos durante la pandemia, el Gobierno debería dedicarse a concertar con las empresas privadas, grandes y pequeñas, el abastecimiento de elementos de protección personal: la confección de mascarillas y pantallas eficientes y duraderas, ropa de trabajo adecuada para los sanitarios, fuerzas de seguridad, personal de asistencia a las residencias, limpieza y de empresas abiertas al público; así como la fabricación de test de diagnóstico y su realización en cantidades masivas para ahora y para un fondo de reserva. Un país que tiene la principal industria textil del mundo y que está especializado en la construcción de bienes de equipo de alto nivel tecnológico, así como en trasplantes de órganos ¿no está en condiciones técnicas suficientes para que en un cortísimo plazo de tiempo pueda implementar la fabricación de todos esos elementos esenciales para superar la crisis sanitaria? Sólo hace falta voluntad política, no para nacionalizar improductivamente, sino para concretar con el sector privado una producción y abastecimiento.

La colaboración público-privada debe anteponerse a la ineficiencia de la incautación de productos y de servicios. Un concierto con los más de 350 Laboratorios y las 22.000 Farmacias en España hubiera sido mucho más inteligente y eficaz para la realización de test, que el control gubernamental; un concierto con las industrias textiles del país hubiera permitido tener ya ropa de protección, mascarillas, guantes, gafas, un concierto con los Laboratorios hubiera hecho posible contar con test para el presente y el futuro; un concierto con la red de hospitales privados habría ahorrado un buen número de muertes en los Centros y Residencias de la tercera edad. Lamentablemente, se ha antepuesto la ideología social-comunista de que lo público es mejor que lo privado y que lo privado debe tender a desaparecer, por las buenas o por el descrédito continuado de la propaganda.

El Gobierno ni escucha ni piensa. Carece de un plan para resolver la crisis, Su plan es la propaganda, el marketing Redondo. No interesan las personas, ni las vivas ni las muertas, sólo la persona del Presidente para mantenerse en el poder.

Hoy, unos días después de iniciarse estas reflexiones críticas, serían bulos para el Gobierno y mentiras para la Ministra Celaá, quien al parecer, junto con el Ministro Marlaska, prefieren la injusticia frente al desorden, está la noticia de que el Ejército, a quien se le había encomendado la realización de test en toda España y que eficientemente tenía ya todo preparado desde hace una semana para iniciar las tomas de muestra, ha recibido la orden del Gobierno de desmantelar todo el operativo porque, según la misma fuente, los nacionalistas no podían aceptar la presencia de uniformados militares en esa operación.

Esta cuestión, así como la eficaz y reconocida actuación de las Fuerzas Armadas a lo largo de toda la pandemia, acudiendo a todas las ciudades y localidades y prestando servicios de muy diverso carácter, ha puesto de manifiesto que la Protección Civil en España es inexistente o, al menos, no tiene ni preparación ni capacidad para atender estas emergencias; que el Estado Mayor militar está mucho mejor preparado y es mucho más eficiente que el Estado Mayor civil, el Gobierno, para atender situaciones extraordinarias; que la Administración militar prepara, planifica y distribuye mejor sus recursos que la Administración del Estado. Todo ello con un presupuesto irrisorio.

Ahora sólo faltaría que el Ejército se hiciera cargo de los Ministerios de Trabajo y de Seguridad Social para gestionar rápidamente los ERTES, que la Ministra de Trabajo de UP no es capaz de gestionar con la necesaria agilidad, sin innecesarias amenazas y sentido común, y las prestaciones por Desempleo para que las empresas y trabajadores afectados puedan recuperar unas el aliento y la actividad y los otros recibir el dinero que le corresponda por su prestación antes de que la absoluta falta de ingresos llegue a sus hogares.

En definitiva, Sr. Presidente, el tiro le ha salido por la culata. Si Vd. esperaba utilizar a las Fuerzas Armadas y a los Cuerpos y Seguridad del Estado para que los ciudadanos, temerosos de ellas, nos doblegáramos a sus espurios intereses personales y de partido y nos amedrentáramos sin discutir sus erráticas actuaciones, lo que ha conseguido es, de una parte, realzar la formación y preparación de las Fuerzas Armadas frente a su Gobierno civil 122 miembros! la Administración civil del Estado, y, de otra, que las Administraciones públicas aun cuando acaparan el poder y las competencias, son más ineficientes que la iniciativa privada con menosprecio a las empresas privadas.

Y esto no es nada alentador para la sociedad española, ya que en una sociedad democrática, lo civil debería estar por encima, más exactamente, dirigir lo militar, no de palabra sino por los hechos, lo que no quiere decir que dejemos de respetar, reconocer y estimar la preparación de nuestras Fuerzas Armadas, antes al contrario, pero lo que duele es que la sociedad civil española y sus gobernantes no estén a la altura de esas Fuerzas Armadas. Vd. y sus socios, podemitas y nacionalistas, no querían a estas Fuerzas Armadas, seguramente sí a las bolivarianas, pero estas Fuerzas Armadas les han puesto frente al espejo: planificación frente a improvisación, generosidad frente al cálculo político electoral o nacionalista, unidad frente a desorden, agilidad frente a burocracia, aprovisionamiento de medios, incluidos los de protección, frente al desabastecimiento, disciplina frente a cambios constantes de criterio. La cuestión, pues, es que las Fuerzas Armadas están cumpliendo su papel, pero el Gobierno no.

Nuestra conclusión es que el Gobierno debe dimitir por ineficiente, debe constituirse un Gobierno de gestión para la preservación de nuestros derechos y libertades, así como para la eficaz adopción de medidas que resuelvan esta pandemia, la recuperación de la actividad, la economía y el trabajo, haciendo consciente a esta sociedad española de que los tiempos próximos serán de sacrificio, reducción de nuestro bienestar y de recuperación de los conceptos de trabajo y ahorro. En otro caso, debería activarse la protesta social, rechazar este estado de alarma y el confinamiento por injustificado e inconstitucional.

En Piedrabuena (Ciudad Real), a 22 de abril

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