¿Monarquía o República? Debate pertinente

I.- HIPÓTESIS
Tengo para mí que España está abocada a una reforma constitucional en cuanto escampe el chaparrón económico que cierne sobre nuestras cabezas, por agotamiento, mejor por extenuación, del régimen de 1978.

Esta previsión obliga a pensar en la necesidad de que la opinión pública se prepare para un amplio debate, inevitable si no se quiere aceptar resignadamente el producto pre-fabricado que nos presenten los nuevos teóricos que sustituyan a Abril y Guerra.

A la vista de la situación parece evidente que la nueva Constitución ha de definir, en primer término, dos cuestiones básicas en lo atinente a la forma de Estado: Estado unitario vs Estado federal y Monarquía vs República. Ambas cuestiones requieren de un amplio debate en el ámbito de ciudadanía y un referéndum previo para dilucidarlas.

Sobre la primera cuestión me decanté por el Estado unitario, en un Debate en el Ateneo de Madrid, y ahora propongo un primer avance sobre la opción Monarquía vs República.

Desde el inicio de la transición ha perdurado un pacto tácito entre fuerzas políticas y medios de comunicación por el que se eludía toda crítica al Rey, a su conducta privada y pública, lo que ha sido una de las causas de su reconocimiento social. Esta situación anómala ya se ha diluido. Hoy el Rey no es ejemplo de nada y pocos ciudadanos carecen del conocimiento adecuado sobre tal realidad.

La debilidad actual de la Corona se convertirá en absoluto descrédito en cuanto se plantee una campaña seria anti-monárquica desde el PSOE lo que hará cuando le convenga, con pleno derecho.

En dicho hipotético momento, en el que se desacredite a la institución monárquica, muy probablemente con razones objetivas (dudo que no estén preparadas), se reclamaría como alternativa democrática la III República y como la propuesta vendría sólo desde la izquierda, se plantearía ésta como heredera natural de la II República, de infausto recuerdo.

La derecha, si no cambian mucho las cosas, carecería de instrumentos de respuesta, porque lo previsible sería que el PP mantuviera torpemente el espantajo de la Monarquía, por muerta que estuviera, como hicieron conservadores y liberales hasta 1931, por lo que, parece natural, la III República nacería escorada a la izquierda como nació su antecesora y, lógicamente, con todos los defectos que tal escoramiento conllevó.

Puede haber quién me discuta que el PP no actuaría con la torpeza que preveo, ante la reclamación republicana de la izquierda, pero indicios de que podría estar acertado no faltan, por ejemplo, se dice, y nadie lo ha negado, que los ministros de defensa del PP se nombran a sugerencia del Rey, pero… ¿la Sra. Chacón fue nombrada ministra de Defensa a sugerencia real?. ¿Qué se puede esperar de quien incurre en servilismo tan anti-constitucional?.

Me temo que, llegado el momento, el PP no se mostraría ni siquiera como un partido accidentalista (“otorgando” libertad de voto a sus afectos) sino como defensor de la Monarquía. No tengo datos para esperar otra reacción de sus dirigentes (en el PP hay muchos Romanones y pocos Alcalás Zamora).

Sugiero la lectura, o relectura, del libro de Miguel Maura “Así cayó Alfonso XIII”.

II.- DESARROLLO.

Cuando, en el corto plazo, la Monarquía agote sus posibilidades (su deterioro es un elemento más de la extenuación del régimen de 1978), la derecha – en el más amplio sentido – tiene que estar con la Nación y no con la institución fenecida, para que al volver a abrirse el telón de nuestra Historia no aparezca el mismo escenario de 1931.

Estoy llamando a la formación de una sólida opinión de la derecha española (centro, centro-derecha, llámese como se quiera) en pos de una República, tanto porque es una forma de Estado razonable (requiere de menos explicaciones que la Monarquía) como porque la proclamación de la República en nada supone la derogación de nuestra Historia y, desde luego, porque es posible una República democrática como la francesa, la alemana, etc., siempre que en ella se promueva la integración de la mayoría de la ciudadanía.

El error, trágico error, de 1931 fue que la clase dirigente de la derecha no se desprendió del monarquismo, no ya desde la Dictadura de 1923, ni tan siquiera en abril de 1931, de modo que el régimen republicano nació, inevitablemente, escorado a la izquierda. Así que la II República no fue democrática, en el pleno sentido del término, porque no lo fueron sus protagonistas, ya el 22 de mayo de 1931 se produjo la primera quema de conventos en Madrid, después llegarían los golpes de Estado de 1934 (Asturias y Cataluña), pucherazo de 1936 y las cosas se hicieron imposibles y la sangre corrió por las calles…

III.- TESIS.

Hoy, en el inicio del siglo XXI, es posible una III República que no sea heredera de la II, que nazca desde la convicción democrática de todos y desde la convicción integradora en Europa.

Hoy es posible una III República liberal, en el amplísimo sentido del término, y no frentepopulista, dotada de una Constitución moderna y sin más alteraciones formales que las imprescindibles. Echemos la imaginación a volar, empezando por el mantenimiento de la bandera bicolor, la bandera española desde Isabel II (ya desde Carlos III utilizada) y también en la I República, siguiendo por el escudo de los cinco reinos históricos, sustituyendo la corona real por la mural y las flores de lis del escusón central por la trilogía LIBERTAD, IGUALDAD y JUSTICIA.

No es aceptable suponer que, si la inmensa mayoría de la Nación se coloca en pos de una República democrática, el nuevo régimen nazca con las taras con las que nació la II República, porque su sustrato sociológico y sicológico sería otro bien distinto.

Es cierto, desde luego, que también puede ponerse la inmensa mayoría de la Nación, ante la reforma constitucional, en pos de la Monarquía, pero no lo veo…

Por estas razones puramente estratégicas, obviando en estas líneas las de carácter sustantivo, es por lo que urge despertar la conciencia cívica de la derecha porque el liderazgo que representa el Partido Popular no da garantías de agilidad y eficacia en el trance que se describe.

La jugada está a la vuelta de a esquina y no sobra tiempo.

2 pensamientos en “¿Monarquía o República? Debate pertinente

  1. Tacho, eres patético.

    Pero, ¿que federalismo nos quieren proponer…? Un Federalismo basado en las Comunidades de que se compone España o un Federalismo concedido desde los poderes de Madrid.

    Decía Pi y Margall que el Federalismo es la coronación de la democracia y de eso los vascos sabemos mucho.

    Uno de los grandes desconocidos en Euskal Herria es Diego de Gardoqui y Arequibar, primer embajador de España en los Estados Unidos de Norteamérica y amigo de los padres de la Constitución Americana Jefferson y Franklin y a los cuales influyó sin duda alguna con su conocimiento sobre el Fuero de Bizkaia.

    Hemos de tener en cuenta de que en aquel entonces Las Españas eran el imperio dominante y que los americanos nos copiaron hasta el símbolo del dólar que son las columnas de Hércules y sobre ellas, la “S” de la ceca de Sevilla.

    Los Estados Unidos de Norteamérica tienen una constitución con muy pocos artículos y cada uno de sus estados dispone, llamémoslo así, de una constitución propia y la capacidad de revisarla y modificarla a medida de las necesidades de los ciudadanos de cada estado, Incluso llama la atención la capacidad de dichos estados sobre la pena de muerte.

    La realidad es que los Estados Unidos de Norteamérica se rige por un sistema parecido al foral y ya, en las Cortes de Cádiz, se afirmaba de los fueros que son las constituciones de cada pueblo de Las Españas.

    Del discurso preliminar leído al efecto en las cortes de Cadiz“… La Constitución de Navarra, como viva y en ejercicio, no puede menos de llamar grandemente la atención del Congreso. (…)Aunque la lectura de los historiadores aragoneses, que tanto aventajan a los de Castilla, nada deja que desear al que quiera instruirse de la admirable Constitución de aquel reino. (…) causaron un olvido casi general de nuestra verdadera Constitución hasta el punto de mirar con ceño y desconfianza a las que se manifestaban adictos a las antiguas de Aragón y Castilla.”

    En este mismo discurso se reconoce asimismo la realidad de una nación plurinacional a la que se ataca frontalmente, en ese mismo discurso, al afirmar “Esta gran reforma bastará por sí sola a restablecer el respeto debido a las leyes y a los Tribunales, asegurará sobremanera la recta administración de justicia, y acabará de una vez con la monstruosa institución de diversos Estados dentro del mismo Estado, que tanto se opone a la unidad del sistema en la administración, a la energía del Gobierno, al buen orden y tranquilidad de la Monarquía.”

    ¿Qué mayor libertad? ¿Qué mayor independencia? que disponer de nuestra propia Constitución y del mismo mecanismo con el que, en otros tiempos, nuestros ayuntamientos proponían leyes desde las asambleas vecinales y que Las Juntas Generales los convertían en nuestras leyes, en nuestros fueros. LosFueros no son la obra de legislador alguno sino, que son el resultado de unas leyes hechas desde la voluntad popular.

    Pero lo que es importantísimo en el modelo Federal es que ese federalismo se aplique en las comunidades de base, es decir en Municipios y Diputaciones. No vale un modelo político sea confederal o federal en que, esas instituciones, dependan de los dictados del gobierno federal. Ahí radica nuestra diferencia con los nacionalismos. Estos copian el modelo liberal de gobierno a una escala inferior y dominan desde el poder a las comunidades humanas básicas.

    La Constitución Española solo debe recoger el pacto de convivencia de los pueblos Ibéricos y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

    Son las Comunidades o Estados Ibéricos los que ceden el poder al gobierno de la nación española o Las Españas y, no a la inversa, el gobierno español quien nos dota de soberanía. Por tanto todas las cesiones que se han hecho hasta ahora desde Madrid no son lícitas. La soberanía es muestra y la cedemos a la nación pasando por las comunidades humanas intermedias y no directamente al Gobierno de la Nación.

    Si el pacto entre todos los estados españoles se realiza desde la decisión de, que poderes cedemos desde nuestros estados al gobierno de la nación, es innecesario pensar en la creación de una Confederación ya que en la práctica no sería necesaria y solo piensan en ella los que pretenden implantar el mismo sistema burocrático que ahora esclaviza a nuestros ayuntamientos y diputaciones. Es decir un nacionalismo casero. Hasta Suiza se ha reconvertido al federalismo. No existe ya ningún Estado Confederal en el mundo.

    Veamos como Engels reconoce la diferencia entre el absolutismo y el sistema de libertades forales con que se regía Castilla.

    “La base material de la monarquía española había sido establecida por la unión de Aragón, Castilla y Granada bajo el reino de Fernando el Católico e Isabel I(Isabel I fue Señora de Bizkaia antes que reina de Castilla). Carlos I intentó transformar esa monarquía, aun feudal, en una monarquía absoluta. La emprendió simultáneamente contra los dos pilares de la libertad española: las Cortes y los Ayuntamientos. Aquellas eran una modificación de los antiguos concilia góticos, y éstos que habían perdurado casi sin interrupción desde los tiempos romanos, presentaban una mezcla del carácter hereditario y electivo propio de las municipalidades romanas. Desde el punto de vista de la autonomía municipal, las ciudades de Italia, Provenza, Galia septentrional, Gran Bretaña y parte de Alemania ofrecen clara similitud con el estado en que entonces se hallaban las ciudades españolas; pero ni los Estados Generales franceses ni el parlamento inglés de la Edad Media pueden ser comparados con las Cortes españolas. En la formación de la monarquía española se dieron circunstancias particularmente favorables para la limitación del poder real. De un lado, durante el largo pelear contra los árabes, la península iba siendo reconquistada por pequeñas partes, que se constituían en reinos separados. Durante ese pelear se adoptan leyes y costumbres populares.

    Las conquistas sucesivas, efectuadas principalmente por los nobles, otorgaban a éstos un poder excesivo, en tanto mermaban la potestad real. De otro lado, las ciudades y poblaciones del interior alcanzaron gran importancia debido a la necesidad en que las gentes se veían de residir en plazas fuertes, como medida de seguridad frente a las continuas incursiones de los moros; al mismo tiempo, la configuración peninsular de país y el constante intercambio con Provenza e Italia dieron lugar a la creación de ciudades comerciales y marítimas de primera categoría en las costas. En el siglo XIV, las ciudades constituían ya la parte más poderosa de las Cortes, las cuales estaban compuestas de representantes de aquellas junto con los del clero y la nobleza. También merece la pena subrayar el hecho de que la lenta redención del dominio árabe mediante una lucha tenaz de cerca de ochocientos años dio a la península, una vez totalmente emancipada, un carácter muy diferente del que presentaba la Europa de aquel tiempo. España se vio, en la época de la resurrección europea, con las costumbres de los godos y de los vándalos en el norte, y de los árabes en el sur.
    Cuando Carlos I volvió de Alemania, donde le había sido conferida la dignidad imperial, las Cortes se reunieron en Valladolid para tomarle juramento a los antiguos fueros y coronarlo. Carlos se negó a comparecer y envió a representantes suyos que habían de recibir, según sus pretensiones, el juramento de lealtad de parte de las Cortes. Las Cortes se negaron a recibir a esos representantes y comunicaron al monarca que si no se presentaba ante ellas y no juraba los fueros del país, no sería reconocido jamás como rey de España. Carlos se sometió; se presentó ante las Cortes y presto juramento, como dicen los historiadores, de muy mala gana. Con este motivo, las Cortes le dijeron: ”Habéis de saber, señor, que el rey no es más que un servidor retribuido de la nación”. Tal fue el principio de la hostilidad entre Carlos I y las ciudades. Como consecuencia de las intrigas reales, estallaron en Castilla numerosas insurrecciones, se constituyó la Junta Santa de Avila, y las ciudades convocaron la Asamblea de las Cortes de Tordesillas, las cuales, el 20 de octubre de 1.520, dirigieron al rey una “protesta contra los abusos”, Este respondió privando de sus derechos personales a todos los diputados reunidos en Tordesillas. Así, la guerra civil se había hecho inevitable. Los comuneros llamaron a las armas: sus soldados mandados por Padilla, se apoderaron de la fortaleza de Torrelobatón, pero fueron derrotados finalmente el 23 de abril de 1521 por fuerzas superiores en la batalla de Villalar. Las cabezas de los principales “conspiradores” rodaron por el cadalso, y las antiguas libertades de España (en Castilla) desaparecieron.”

    Más adelante, en este mismo escrito, reconoce Engels la soberanía e independencia de cada república española y dice:
    “Así pues, la monarquía absoluta de España, que solo por encima se parece a las monarquías absolutas europeas en general, debe ser clasificada más bien junto a las formas asiáticas de gobierno. España, siguió siendo una aglomeración de repúblicas mal administradas con un soberano nominal a su cabeza.”

    .Una de las personas más influyentes en el pensamiento de Unamuno fue, sin duda Pi y Margall. “El hombre público a quien por entonces iban mis simpatías todas, el que me atraía, y a quien acudí a oír siempre que pude, era Pi y Margall. Y nunca, sin embargo, cruce dos palabras con él.

    Mi simpatía hacia Pi y Margall y sus doctrinas arrancaba de antes de mi salida de mi tierra natal vasca. Siendo todavía estudiante del Instituto, en Bilbao, había leído su libro Las Nacionalidades -acaso el primer libro de política que leí-, que era como una especie de escritura sagrada en el grupo de amigos que a lo largo del Nervión, campo de Volantín adelante, comentábamos las doctrinas del federalismo.” (Castelar O.C.X, pp. 3o4-3o5. Sobre la ideología de Pi y Margall pueden consultarse: C. A. M. Hennessy, The Federal Republic in Spain (Oxford, 1.962)

    Además de admirar sus ideas, Unamuno participó de la general estima que despertaban sus cualidades personales. En una entrevista concedida a Azorín en 1.898 comentaba: “¡sinceridad! La de Pi y Margall, por ejemplo. ¡Que hermosura es! ¡Qué reposada! ¡Qué sincera!.

    La doctrina de Pi y Margall fue de hecho una de las ideologías más influyentes en la segunda mitad del siglo XIX. Derivada en parte de Proudhon, de quien fue traductor en España, expresaba muchas de las tendencias espontáneas del pueblo español. Estaba, además, expuesta en un estilo que se tomó entonces por modelo. (Recordaba Unamuno que Pi y Margall había sido para él: “uno de los ídolos literarios hace veinticinco o treinta años”, en “Lecturas Españolas”, O.C., V. p. 371.”) Para Pi y Margall, la soberanía, autónoma e interior, residía exclusivamente en el hombre. Soberanía y poder eran incompatibles. Cualquier hombre que ejerciera su poder sobre otro era un tirano. Las relaciones del hombre con sus semejantes se debían basar exclusivamente en un pacto libre, a partir del cual se iban creando los diferentes organismos sociales: familia, municipio, provincia, región, nación. Todas estas sociedades eran soberanas y autónomas, estando sus relaciones reguladas por pactos libres. España, aplicando estas doctrinas, había de reconstruirse en el plano político como una federación de las regiones históricas, unidas por libres pactos “sinalagmáticos, bilaterales y conmutativos”. Pi y Margall tuvo una profunda preocupación por el problema social y un gran interés por el reformismo, que le valió el respeto de los partidos obreros, respeto que no compartieron los demás partidos republicanos. Al atractivo de sus ideas se unieron los de su persona, su pobreza, su ascetismo, su absoluta incorruptibilidad, que le rodearon siempre de un aura de santidad laica. ”Política y Sociedad en el Primer Unamuno. Rafael Pérez de la Dehesa pp 17 y 18.

    La principal influencia ideológica de Pi y Margall en Unamuno se muestra principalmente en la primera posición que adoptó este escritor ante el problema regionalista.

    La primera ideología política de Unamuno -y esto será una sorpresa para muchos- fue el nacionalismo vasco. Este nacionalismo comenzó con un interés romántico por las viejas leyendas vascas, y fue catalizado por la abolición de los Fueros en 1.876.

    De muchos de aquellos males culpaba a Bilbao. Llegó un día a escribir, en colaboración con un amigo, una carta anónima a Alfonso XII, increpándole y amenazándole por la abolición de los Fueros: “¡Cuántas veces echamos planes para cuando Vizcaya fuese independiente!…Por el mismo tiempo se formaba en el mismo espíritu de Sabino Arana.” Años más tarde, ese nacionalismo encontró una base doctrinal en Pi y Margall. (Recuerdos de niñez y mocedad, O.C., I, pp. 345 y 346)

    “…Comentábamos -escribía- las doctrinas del federalismo, en vista siempre a la redención de nuestra Euskalerría -así se llamaba entonces, y no Euzkadi (…) a pesar de su posterior divergencia, en 1.918 escribía en carta a Alfonso Reyes: “he influido en el nacionalismo, en cuyas filas se me respeta y aún algo más. Lo más de su bagaje ideológico se lo di yo a Sabino”.(Arana).

    Cuantos ignoran el verdadero pensamiento político de Unamuno. Es lamentable que la izquierda de nuestro pueblo escuche a quienes tratan de presentarlo como alguien que odiase a Euskal Herria.

    El libro “POLITICA Y SOCIEDAD EN EL PRIMER UNAMUNO” de Rafael Pérez de la Dehesa, Doctor en Filosofía y Letras por la Brown University (USA), profesor en la Universidad de California en Berkeley en 1.966, fue un trabajo iniciado con J. L. López Aranguren y presentado como tesis doctoral en la Universidad de Madrid, sección de filosofía, en junio de 1.966, bajo la dirección de D. Rafael Calvo. Recibió la calificación de sobresaliente “cum laude” y, según el mismo Rafael Pérez de la Dehesa indica, “Este libro fue posible gracias a la beca de la American Philosophical Society que nos permitió estudiar en archivos de España, Francia y Holanda, en el verano de 1.965, y a la ayuda económica obtenida por las gestiones de R, Whidridge y S. Simches, del Comité de Ayuda a la Investigación de Tufts University”.

    Es este libro un profundo análisis de la figura de Miguel de Unamuno, de su época, y de su pensamiento político. Nos describe la opinión y sentimientos que sentía don Miguel sobre el mundo que le rodeaba así como el porqué de sus novelas. Sin ninguna duda, la que representó la plasmación de su vida más íntima fue “Paz en la Guerra”.

    Uno de los más claros ejemplos del como mentir se remonta al centenario del nacimiento de Unamuno. A través de ETB, cadenas de radio y “El Correo Español” se difundió a un Unamuno liberal -en su sentido político-. Veamos, pues, que opinión tenía don Miguel del liberalismo.

    “Ha fracasado el liberalismo español con su libertad y democracia abstractas, vastas fórmulas vacías de contenido ya. A ese liberalismo correspondió en lo económico el individualismo manchesteriano.

    Afirmando el sagrado derecho de propiedad privada, el derecho quiritario a usar y abusar, ese en un tiempo tan cacareado derecho anterior y superior al Estado mismo, que de él brota; acotada la tierra toda prácticamente disponible, ¡caigan las cadenas del esclavo, que adonde quiera que valla se encontrará con que la tierra es de otro, y él, de aquel de quien la tierra sea! Atados de pies los sin tierra. ¡Libres las manos! ¡Concurrencia libre! La misión del desheredado al poseyente es libre contrato de trabajo, en que, para nada tiene que entrometerse el Estado; conténtese éste con garantizar el orden; es decir, con proteger con cañones y fusiles la sagrada propiedad”. Miguel de Unamuno.- Conferencia en el Certamen de la Academia Jurídico-Escolar del Ateneo Científico de Valencia” O. C, VII, p.52.

    Cada vez es más claro. Vamos hacia una Patria Universal Humana (así la llamaba Unamuno) El como se haga esa Patria depende de todos.

    Esa Patria solo podrá ser bajo un sistema federal o no será. Un mundo cada vez más globalizado debe ser controlado de forma piramidal, de abajo a arriba, aboliendo el capitalismo e implantando la autogestión tanto política como económica.

    Se hará en el tiempo y por medio de la evolución. Yo no creo en revoluciones, todas han fracasado en manos de la burguesía y de los burócratas.

    Me decía un compañero carlista catalán.”Debemos cambiar el modelo político de España ya que, solo juntos y dotando de libertades todos los pueblos ibéricos, podremos defender nuestra propia identidad política”. “Debemos ser más fuertes para defender nuestras libertades ante la Europa que nos llega”

    Esta fórmula democrática impedirá que, desde los poderes del Estado Federal se pacten con otros países, leyes y conciertos que atenten contra nuestros Estados Federados.

    Claro que, nosotros los carlistas, no hemos inventado nada. Nos limitamos a ser un partido con una ideología nacida de nuestro pueblo. Nos limitamos al menos en Euskal Herria, a mantener y tratar de transmitir un pensamiento político euskaldun.

    EUDO
    He tomado este nombre del Conde Eudo Un olvidado de nuestra cultura
    “… Eudo, con sus aquitanos y bascos había sorprendido a los guardias del campamento arábigo; … las últimas filas de los árabes corrieron en su auxilio y por este movimiento se produjo en el ejército desorden y consternación…” Esta acción posibilitó la victoria de Carlos Martel y cerró el paso de los musulmanes a Europa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.