Dos noticias: una buena y una mala

Hay algunos chistes sobre dos noticias en el que el relator pregunta al otro  qué noticia quiere oír primero: la buena o la mala. Pues bien, en las  últimas semanas hemos visto y oído dos manifestaciones públicas, una buena y otra mala, sobre el del nacionalismo.

Aludo, en primer lugar,  por orden cronológico, a la mala noticia.

En la noche electoral del 27 de septiembre, día de las votaciones autonómicas de Cataluña, los seguidores de la plataforma independentista Junts pel si, que alcanzó 62 escaños sobre 135 (insuficientes para gobernar en solitario), gritaban: “un sol poble” (un solo pueblo) repetidamente y con gran énfasis. Esta es la mala noticia, que, ciertamente, da escalofrío al ciudadano residente en Cataluña que no quiera formar parte de esa idea política pues le anuncia serias restricciones a su libertad individual y le augura que pretenden envolverlo en “el pueblo”.

La noticia buena  ha venido del Presidente de Francia, Sr. Hollande, y de la Canciller de Alemania, Sra Merkel, quienes el 7 de octubre, en el Parlamento Europeo reunido en Estrasburgo, en sesión conmemorativa del 26 aniversario de la caída del Muro de Berlín, advirtieron del alto riesgo del nacionalismo en algunos países europeos.

Ambos importantes dirigentes políticos europeos se refirieron a la peligrosa intención de algunos partidos políticos gobernantes en países del este europeo para reponer fronteras interiores en Europa olvidando los enormes avances en la conformación de Europa en donde hay libre circulación de personas, capitales y bienes en virtud de los Tratados de la Unión y de Schengen. Hollande llegó a decir que “el nacionalismo es la guerra”.

La caída del muro de Berlín y la reunificación de Alemania son símbolos del fin del drama alemán, provocado por el nacionalsocialismo de Hitler, que desembocó en la Segunda Guerra Mundial, la ocupación y la división de Alemania. Tanta muerte, miedo y desgracia ha provocado el nacionalismo en Europa, durante el siglo XX, que no se puede repetir; y  los europeos, sin frivolidad, hemos de recordar lo ocurrido para evitar jugar con el fuego destructivo del nacionalismo.

Sin embargo, en España, en Cataluña, los separatistas catalanes alimentan el nacionalismo repitiendo, una y mil veces, con abundantes recursos y medios de comunicación, que son un “solo”pueblo, una nación distinta a la Nación española y que deben ser un Estado.

El nacionalismo es una ideología que trata de diseñar una comunidad (ingeniería social) ensalzando a unos frente a “los otros”,  para construir un pueblo. Las razones pueden ser varias; así la idea de ser una raza superior y dice Junqueras ¡que el ADN de los catalanes está más próximo a los franceses que al resto de los españoles! ¡Vaya científico!; o por tener una lengua exclusiva (falso pues la sociedad catalana es bilingüe) o mediante la acentuación de algún rasgo, costumbre o religión, para distinguirse de “los otros” quienes, a su juicio, tienen menor valor. Es el nacionalismo, en sí mismo, una creencia peligrosa opuesta al sentir, a la libertad, a la igualdad y al pensamiento ajeno.

El denominador común de los partidos regionales europeos, nacionalistas-separatistas, es que para hacer “un pueblo”, hacer un país, construir una nación,  para llegar a ser estado independiente, deben marcar diferencias con los otros conciudadanos fomentando, lamentablemente, la antipatria, llegando al odio, para excluir a quien no piensa igual.

El nacionalismo presenta diferencia claras con otras ideologías. Una ideología política aspira a conseguir el poder para gobernar una sociedad e implantar un modelo social (capitalista o comunista; de más Estado o servicios…); y, con la actividad política, tratan de conseguir unos fines que gustan o interesan a unos ciudadanos, frente a otras alternativas políticas.

Sin embargo, el nacionalismo aspira a construir la identidad de un pueblo, que sea unívoco, que se sitúa por  encima del individuo y cuyos líderes actúan “en nombre y para” el pueblo. ¿Es una ideología política?.

Dice Miquel Caminal (M. Ciencia Política; Tecnos) que “muchos nacionalismos hacen referencia al sentimiento de pertenecer a una comunidad nacional. En este sentido, puede afirmarse que el nacionalismo constituye una especie de religión “nacional”…

CONCLUSIÓN

El grito de los nacionalistas-separatistas catalanes la noche del 27 de septiembre, decía: “Un solo pueblo”. Pretenden llegar a la independencia invocando el sentimiento, la identidad de “su pueblo” por ser, dicen,  “un solo pueblo”. Este grito significa que quieren crear una sociedad  distinta de la nación española, excluyente de quien no se adhiera. El Presidente de Francia ha dicho que “el nacionalismo es la guerra”. Lamentablemente, así ocurrió en la Alemania dominada por el nazismo. Algo que no podemos permitir que se repita.

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