El cuento de la Lechera y los okupas

El gobierno de Cataluña es un gobierno golpista que ha intentado crear su legalidad paralela derogando la Constitución española de 1978 y tratando de ejercer “o despojar” las facultades del gobierno en el ámbito de la Comunidad Autónoma (art.472.6 del Código Penal) así como expulsar al Estado y al Estado de Derecho de Cataluña. Su apuesta han sido muy fuerte (leyes del 6 y 7 de septiembre de Referéndum y de creación de la República) y ha producido el efecto de despertar a la sociedad española, en principio perpleja y ahora indignada, que ha respondido con las masivas manifestaciones de los días 7 y 8 de octubre en defensa de la unidad de España y la defensa constitucional. Los golpistas son ahora los sorprendidos pues no esperaban esta masiva respuesta, ni calculaban que su rebelión contra la legalidad motivaría la fuga de casi 1000 empresas de Cataluña entre las que se incluyen grandes sociedades del IBEX 35.

Desde hace años el nacionalismo radical y separatista catalán ha ido dominando resortes sociales y empresariales (red del 3% y clientelismo subvencionado) e imponiendo por métodos coactivos su pensamiento único en la sociedad. El nacionalismo se ha comportado como lo que es, un movimiento supremacista, étnico, egoísta, excluyente del discrepante, alejado de la realidad y que persigue implantar una dictadura para dominar todos los resortes de la sociedad. A él se ha sumado el extremismo comunista en esta aventura. Ambos grupos han menospreciado a los 47 millones de españoles, a los 500 millones de ciudadanos de la Unión Europea de los 28 (27 tras el Brexit), la importancia del euro como moneda común, ha desprestigiado a España para dar relevancia a Cataluña (cuyo nombre usan con abuso) y minusvalorado la posición de España como 4º país en tamaño de la UE. Han mentido sobre la Historia “de opresión” y que la separación de España no les excluiría de la UE ni del Euro. Y, además, han calculado mal las cuentas de la independencia. Sus números han sido el cuento de la Lechera; decían, como la lechera: seguiremos en Europa y con lo que “ya” tenemos, “más” lo que no daremos a la solidaridad territorial (“España nos roba”) vamos a disponer de recursos para vivir en el paraíso soñado y prometido sin paro ni enfermedades. También reiteraron que no pagarían, en caso de independencia, las deudas con España ni la alícuota de la deuda pública española.

Su planificada estrategia hacia la independencia y su prepotencia daba por hecho el silencio de la población catalana-española y el sometimiento temeroso del sector empresarial, ante el poder nacionalista. Así, se atrevieron a aprobar, contra la Constitución y el Estatuto de Autonomía las leyes del 6 y 7 de septiembre, de Referéndum de Autodeterminación (declarada nula por el STC de 17 de octubre) y la de la Transición jurídica para la creación de la República Catalana, y a celebrar el ilegal referéndum del 1-O carente de efectos.

Pretendían crear el Estado ideal en que pudieran ejercer el poder absoluto, realizar la recaudación de todos los recursos fiscales y controlar de la justicia, pero tres hechos les ha hecho fracasar:

  1. El serio discurso del Rey el martes 3 de octubre (tras el aciago 1-O y la huelga general del 3-O), que animó a los españoles a recuperar el orden constitucional.
  2. La respuesta de la sociedad civil española saliendo a las calles por la unidad de España los días 7 y 8 de octubre. El sábado 7 llenamos la plaza de Colón de Madrid y aledaños y el domingo 8 fue impresionante la manifestación de Barcelona con más de 1 millón de personas.
  3. La fuga de casi 1000 empresas, de todo tamaño, en defensa responsable de sus accionistas, clientes y empleados que, en busca de seguridad jurídica y económica, han trasladado su domicilio social (y muchos el fiscal) a otras regiones de España. El cambio de domicilio social es la prueba del fracaso nacionalista que produce desconfianza social, incertidumbre política e inseguridad económica.

Trataban de ir contra España, contra Europa, viajando en dirección opuesta a un mundo internacionalizado que progresa mirando hacia el futuro precisamente para superar los nacionalismos. La Historia de Europa del siglo XX es la Historia de millones de muertos por la sinrazón del nacionalismo y del comunismo. Así, los países miembros de la UE reiteran su deseo de legalidad en España. Por ello, la irresponsabilidad de los promotores de este proces es gravísima y se les debe exigir no sólo responsabilidad política y penal sino también responsabilidad civil por la dilapidación de la herencia recibida de muchas generaciones de catalanes y de inmigrantes en Cataluña que supieron crear riqueza, viviendo y dejando vivir, haciendo de Cataluña una región de convivencia amable, próspera en lo económico y vanguardia en lo cultural. Pero estos golpistas, sembrando odio, han acabado con esa situación de bonanza, que deseamos se recupere, pero exigirá tiempo. De ahí que los golpistas deban reconocer cuanto antes su fracaso y sean juzgados. En realidad, el procedimiento del art. 155 CE debería ser innecesario porque unos delincuentes no pueden ocupar el poder ni un minuto más y deberían ser detenidos por haber convertido al gobierno catalán en ilegítimo por desacato a la Constitución Española y al Estatuto. Ahora son unos “Ocupas” que ocupan ilegítimamente el poder.

Qué error, qué gran error el cometido. Cuanto antes entierren el proces, que está muerto, será mejor, para Cataluña y para sus ciudadanos que van a recordar a estos políticos de PDeCAT (CIU), ERC Y CUP como una plaga política que está provocando mucho dolor personal y económico con huída de miles de empresas, de miles de millones de euros de inversión y la pérdida de miles de empleos.

En resumen, los golpistas han analizado mal la realidad social y jurídica de España y de Cataluña en su intento de imponer la miseria moral del totalitarismo y si les queda un mínimo de responsabilidad con los ciudadanos de Cataluña deben dar el proces por “muerto” y “enterrarlo”. Sólo les queda reconocerlo, desocupar el poder y no forzar la calle ni la sinrazón.

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