Medidas de apoyo a la iniciativa empresarial y para la creación de empleo

La cultura de la empresa

El Gobierno ha adoptado, con carácter urgente, diversas medidas de apoyo a la iniciativa empresarial y para la creación de empleo joven en el Real Decreto Ley 4/2013 de 22 de Febrero que se ha publicado en el BOE el 23 de Febrero de 2013.

Esta norma ha sido dictada con el deseo de impulsar un marco legal de reformas “para recuperar la senda del crecimiento económico y la creación de empleo”. Creo que es importante porque incorpora ayudas, vía reducciones y bonificaciones de la seguridad social y otras medidas para la creación de empleo joven, por cuenta ajena, pero, lo más relevante, es la inclusión de la idea de “la cultura emprendedora”.

España necesita revitalizar esta cultura de iniciativa privada, propia del mundo occidental, tan característica de la historia del comercio y concretamente del Mediterráneo. Hace años que en España se marginó la cultura del riesgo empresarial, por la presión del “igualitarismo” y la moda de las ideas socialistas; han sido años de demonización del empresario y de propaganda de descrédito del beneficio y, especialmente, en el ámbito de los empresarios autónomos y pymes. A pesar de todo, el tejido empresarial español de las empresas de menos de 10 trabajadores ocupa 4,6 millones de asalariados (31,6% del total) y las de entre 10-50 asalariados, 2,5 millones (17,4%), por lo que en España las empresas con menos de 50 trabajadores genera el 50% del trabajo asalariado.

Ahora, por fin, se reconoce el valor y cultura de la iniciativa privada del emprendedor, creadora de riqueza, se quiere ayudar a tener buena “imagen” e incluso se desea incorporar esta idea para su difusión en la escuela. Es bueno que el mensaje de la cultura emprendedora llegue a la escuela pero es algo que no se enseña, se vive en un ambiente de libertad individual, y lo que puede enseñarse es que esta actividad exige esfuerzo, conocimiento y superar la mediocridad.

La cultura de la empresa requiere cuatro elementos: primero, que se respete y prestigie socialmente a la persona que arriesga su patrimonio, su ilusión y su esfuerzo para crear un “ente productivo” de bienes y servicios, por pequeño que sea; segundo, que se admita, lógicamente, que, a cambio del riesgo es lícito obtener un beneficio cumpliendo el marco legal y ético; tercero, que se olvide la cultura de la subvención que es la “anticultura del emprendedor”; y, cuarto, que la Administración no exija múltiples y sucesivas licencias e inspecciones. Otro aspecto es la necesidad de impulsar el crédito pues la actual carencia de financiación asequible está causando estragos.

La cultura es un valor propio de cada organización, empresa o administración y la distingue de otras entidades “por sus manifestaciones verbales y comportamientos, y es útil para predecir sus acciones futuras”, como dice el profesor Hofstede de la Universidad de Maastricht (Valores y Ética para el siglo XXI).

Por tanto, me alegra que se incorpore a una ley el concepto y los fines de la cultura empresarial y se utilicen expresiones propias del mundo empresarial, que ojala se normalicen en el uso diario: “proyectos empresariales”, que las pymes y los autónomos son “los principales motores para dinamizar la economía española”…

Hace unos días celebró su Asamblea el sindicato Comisiones Obreras y su reelegido Secretario General, Sr. Toxo, dijo que este sindicato se mueve bajo el “paradigma del trabajo por cuenta ajena”, que es, precisamente, el valor contrario que la cultura del emprendedor, aunque, lógicamente, al final confluyen empresario y trabajador por cuenta ajena.

Me parece muy bien que cada persona o grupo social elija su paradigma, pero es evidente que quienes trabajan por cuenta ajena necesitan de otra persona o entidad que genere ese trabajo. Elegir como proyecto de vida una colocación y el trabajo por cuenta ajena es muy digno, pero necesita, previamente, que el empresario ponga en marcha el motor de la empresa. Por ello es trascendental que los sindicatos, en su actividad y reivindicaciones, no actúen en contra de esta cultura emprendedora, ni lo demonicen, ni pongan en peligro la viabilidad de cada empresa; esta consideración es trascendental cuando una empresa necesita reducir los costes para ser competitiva e incluso para mantener activo el negocio; y lo dicho sirve para una pyme, o para una gran sociedad, pues estamos comprobando que, con frecuencia en esta dura crisis económica, las exigencias sindicales acaban con la vida de la empresa, que es la gallina de los huevos de oro o, simplemente, la gallina que pone huevos.

Creo que puede comentarse que la cultura del emprendedor tendrá éxito si, además de transmitir el mensaje de respeto e impulso del valor o cultura del emprendedor, termina con tantos trámites, licencias y permisos que exigen las administraciones a quien quiere iniciar un negocio; al igual que hablamos de la necesidad del mercado único interior en España, hace falta acabar con tantos requisitos y sea suficiente una licencia única para todos los ayuntamientos, Comunidades Autónomas, Órganos del Estado, Hacienda, Seguridad Social, etc.; es decir, que una sola petición valga para todos y que se comuniquen entre sí; ese es su trabajo. Repetimos que no son necesarias las subvenciones de dinero público, sólo que no se obstaculice la actividad económica del ciudadano.

CONCLUSIÓN

La ley publicada para el apoyo a la iniciativa empresarial es acertada pues, junto a medidas concretas, incorpora la idea de la cultura de la empresa y el valor de la iniciativa privada. Para que la cultura emprendedora arraigue en España, tras muchos años de demonización del empresario, hay que acabar con la cultura de la subvención, hacer fácil la puesta en marcha de la empresa, no pidiendo múltiples licencias sino una sola y ser generoso con los jóvenes emprendedores, de modo que los costes de seguridad social y fiscales sean simbólicos durante los primeros años de sus empresas.

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