Las familias reducen su deuda privada, pero aumenta la deuda pública

El Banco de España ha publicado el informe 2013 sobre la situación financiera de las familias españolas. La deuda de los hogares españoles era de 965.000 millones de euros en 2008, incluidos los préstamos hipotecarios, y se ha ido reduciendo, año tras año, hasta 847.000 millones de € a final de 2013. La disminución ha sido de 120.000 millones de €, es decir, el 12% de la deuda total inicial citada y las familias lo han conseguido en época de recesión económica y de aumento de desempleo. La explicación es sencilla: las familias se han esforzado, incluso muchas han perdido sus viviendas, pero decidieron apretarse el cinturón, gastar menos y ahorrar, para poder enfrentarse con carga “ligera” a los tiempos turbulentos que conocemos como Gran Recesión iniciada en 2007.

Las familias españolas, además de reducir su deuda con los acreedores, las entidades financieras, a varias de las cuales, Cajas de Ahorros, el Estado ha debido rescatar y recapitalizar, han recuperado, según las cifras del Banco de España, el valor de sus activos financieros, excluidos inmuebles, a pesar de la reducción de ingresos familiares a causa de la evolución negativa continuada del PIB nacional. Las cifras del Banco de España presentan el volumen de los “ahorros”, es decir, de riqueza financiera de las familias a fin de 2013 en 1 billón de €, sin incluir los activos inmobiliarios. El billón está invertido de la siguiente forma: el 42% son depósitos bancarios, el 26,5% valores en Bolsa, el 7,6% participaciones de fondos de inversión, el 6,5% en fondos de pensiones, y el 9% en seguros. Para recuperar el nivel de “riqueza” que incluso es ligeramente superior al existente en 2007 ha contribuido la revalorización de la Bolsa española del 20% en 2013. Estos datos silencian las minusvalías inmobiliarias; en efecto, el nivel de deuda alcanzado en 2008 de 965.000 millones de € incluía las inversiones en inmuebles realizadas por los españoles con la ayuda del crédito fácil ofrecido por tantas entidades de crédito, muchas ya desaparecidas, efecto de la llegada del euro y de los bajos tipos de interés, desconocidos en España, que configuraron la doble burbuja inmobiliaria y financiera.

Pero el dato revelador e importante es la reducción de deuda de las familias que demuestra la capacidad de reacción, el realismo austero y el rigor de los ciudadanos ante la adversidad económica tras la alegría y el exceso de confianza vivido entre 2000 al 2007, que acabaron en el estallido de las burbujas financiera e inmobiliaria de 2007, sin que, fueran advertidas ni alertadas por las autoridades económicas ni por el Banco de España.

Análogo esfuerzo de ajuste de gasto y reducción de deuda han hecho, según las cifras del Banco de España, las empresas españolas, desde las grandes de IBEX35 hasta las más pequeñas, aunque hay que lamentar el cierre de miles de PYMES por la crisis económica, la falta de demanda y de financiación ajena, que ha llevado al desempleo a 6 millones de personas de la población activa.

Como contraste a los ajustes del gasto de familias y empresas, la deuda pública española sigue creciendo año tras año, y el presupuesto ha presentado déficits anuales constantes que van del 11% del PIB en 2011 al 6,6% del PIB en 2013, aunque es el 7,1%computando las ayudas a las cajas rescatadas. Para 2014 el objetivo a cumplir de déficit es el 5,8% del PIB, que significa que, desde el momento de aprobación del presupuesto ya se ha previsto un desfase de casi 65.000 millones de déficit entre ingresos y gastos presupuestarios. La foto de la evolución de la deuda pública la dan dos datos: la deuda pública viva, en 2007 era el 36,3% del PIB, es decir, 400.000 millones de euros, y en 2014 va a alcanzar y superar el 100% del PIB, que en unidades monetarias es un billón de €. Para hacerlo fácil: ¡en 6 años la deuda pública ha aumentado en más de medio billón de euros!

En resumen, las familias ahorran y gastan menos, pero el Estado gasta más, y no por mayor inversión pública sino por más gasto público corriente.

Es evidente que ni el Estado ni las demás Administraciones Públicas están haciendo un esfuerzo semejante al de las familias y empresas para reducir el gasto, y que las reformas realizadas no son suficientes y que, recordemos, los ciudadanos habremos de pagar esa ingente y creciente deuda del billón de euros.

La revista The Economist de la segunda semana de abril comentaba las luces y las sombras de la economía española aludiendo a la recuperación del PIB en 2014, que ha crecido el 0,4% el primer trimestre según el Banco de España, vuelta paulatina de las inversiones y a la buena evolución de la Bolsa, pero recordaba los graves riesgos del desequilibrio presupuestario, el alto déficit estructural continuado y la deuda pública creciente; concluía resaltando la necesidad de reducir gasto público mediante las reformas estructurales, entre ellas las estructuras administrativas. Francia e Italia, con gobiernos socialista y de centro izquierda, han decidido iniciar la senda de profundas medidas reformistas suprimiendo entes regionales e incluso el Senado en Italia, para reducir el gasto público y tratar de equilibrar sus presupuestos.

España no puede ni debe volver a vivir lo vivido con la crisis de deuda que, si se reproduce ahora, sería de la deuda pública. Subir los impuestos es una solución parcial y temporal; por el contrario, hay que reducir los gastos y dejar recursos libres para invertir evitando frenos a la capacidad económica de la iniciativa privada y el gasto familiar.

CONCLUSION

La deuda privada de las familias y empresas españolas se está reduciendo año a año, con gran esfuerzo de los ciudadanos y en plena etapa de recesión económica. Pero la deuda pública de España sigue aumentando, sin que se avance en las reformas estructurales imprescindibles para disminuir el gasto público.

España debe parar la creación de deuda pública pues es un freno a la inversión y al gasto privado y, además, conlleva asumir un alto riesgo estratégico al depender de los financiadores internacionales que, como se sabe, pueden cambiar de visión u opinión con cualquier motivo.

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