Presupuestos 2013

Presupuesto 2013: En busca de la confianza perdida

En las recientes campañas electorales de 2012, en primavera la de Francia, y en otoño, en USA, los candidatos han citado, como ejemplo a no seguir, el camino que ha seguido España con el gasto público que ha alcanzado un volumen de deuda circulante de casi del 100% del PIB, con un gasto público anual que representa entre el 42-45% del PIB; son datos que asustan en los estados democráticos de economía de mercado, pues nos ven como un país de economía socializada con un enorme sector público, elevado gasto por bienestar y con necesidades para cubrir el déficit de unos 90.000 millones de euros cada año. Por ello, es importante reaccionar de inmediato para evitar estas molestas alusiones, pero, sobre todo, para resolver la situación de déficit y evitar dudas sobre la solvencia de la economía española, consecuencia de tanta intervención en las áreas de actividad económica, que frena la iniciativa privada. Hace unos días el catedrático de Economía Aplicada, Juan Iranzo, vicepresidente del Club Liberal Español, pronunció una conferencia en el Hotel Wellington, en Madrid, en la que decía que muchos españoles ven al Estado como un intermediario entre Dios y la realidad, al que los ciudadanos pueden formular todo tipo de peticiones. El problema, aparte de la imagen y de la real situación económica, tiene un origen en la propia educación de los españoles, porque hemos oído de los partidos políticos, hasta la saciedad, que tenemos derecho “a casi todo” sin hablar de las correlativas obligaciones personales y de responsabilidad cívica y algunos ciudadanos ven al Estado como protector, benefactor o tutor. Por ello, dentro de la reforma educativa, sería oportuno tratar los principios de respeto a la iniciativa privada porque las personas somos libres y estamos capacitados para buscar la solución, con más o menos ambición, a nuestra vida y que el Estado está para atender los servicios esenciales de seguridad, defensa, justicia, representación exterior y hacienda y, subsidiariamente, atender la enseñanza, sanidad o ayudas sociales.

También la situación de debilidad económica de España se está utilizando torticeramente para intentar perjudicar la estabilidad del euro e incluso, a nivel interno, para desestabilizar nuestras instituciones; pero la mala realidad económica es cierta, el paro es de más de 5,3 millones de personas que representan el 23% de la población activa, y el crecimiento económico es negativo en 1,50% en 2012. Efectivamente, las citas son molestas e injustas porque, si bien hay datos ciertos, hay informaciones deformadas o exageradas, con un resultado de falsedad, creando una imagen de tensiones sociales inexistentes. En España no existe una de conflictividad social grave o de pobreza como se está presentando, puntualmente, aunque también es cierto que debemos esforzarnos para dar la imagen de país riguroso en la exigencia del cumplimiento de la ley y con un funcionamiento regular de las instituciones.

Todo se ha mezclado en la información internacional sobre España y hay que esforzarse en distinguir entre datos económicos y el ambiente social. Por ello, lo primero y principal, es airear y exponer el Presupuesto por 2013 con claridad, con datos sencillos, como un primer paso que prueba la recuperación de la senda de la lógica en el gasto público, acompañándolo de la exhibición de elementos positivos: población pacífica y cualificada, hospitalaria, empresas con presencia internacional y estabilidad institucional. Hay que saber que la efectiva reducción del gasto público se sigue, con lupa, por los analistas y las reformas se exigen que sean reales; ambas cosas harán que cambie el rumbo real de nuestra economía y, paralelamente, la imagen de España.

Los presupuestos del Estado presentados para 2013 tiene varias magnitudes llamativas: se destina para pagar los intereses de la deuda, sin amortizaciones, la cifra de 38.000 Millones de euros; el gasto social aumenta el 1,9% hasta 178.000 millones que remarcan, otra vez, el carácter “social” de España: 121.000 millones para pensiones; 12.000 millones en otras prestaciones, 27.000 de subsidios de desempleo. Las partidas de gasto social y general suman 240.000 millones de euros. Y ello a costa de que los Presupuestos para 2013 presenten un déficit del 4,5% del PIB, es decir, de unos 50.000 millones de euros que faltan para cubrir el total del gasto previsto. Esto es lo que cuesta entender en las democracias “libres” del mundo: demasiada protección al ciudadano a base de crédito, exigiendo demasiados impuestos que retiran recursos de inversión.

La respuesta de cada uno de nosotros debería ser ¡Hay que parar la máquina de gastar y de pedir dinero prestado! Por lo dicho, hay que cumplir los compromisos de déficit, pues si seguimos como hasta ahora, iremos arrastrando los pies por el barro de la crisis; los sacrificios de ahora acortarán el tiempo de desilusión que se alarga en exceso; cuanto antes lleguen las reformas al sector público será menos gravoso para el ciudadano recuperar la iniciativa económica. El gobierno, que tiene mayoría absoluta, goza de una gran oportunidad y debe aprovecharla; en otro caso, tendrán que hacerlo los hombres de negro.

CONCLUSIÓN:

La presentación de los Presupuestos de 2013 son una buena oportunidad para ganar confianza y mostrar a la comunidad internacional, y a los mercados, que España ha decidido cambiar su rumbo económico hacia el respeto a la iniciativa privada y la libertad de mercado. Es importante enseñar los números con los que se están haciendo los esfuerzos para reducir el gasto público y las reformas efectivas que permitirán cumplir, sin lugar a dudas, los compromisos de déficit en la Unión Europea.

 

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