Soluciones mágicas

En el Palacio del Regente de la hermosa ciudad de Dubrovnik, situada en la costa de Croacia, figura la siguiente inscripción en el dintel de la puerta que da acceso a la sede del Pequeño Consejo: “Obliti privatorum publica curate”, que viene a significar: olvídate de tus intereses privados y ocúpate de los asuntos públicos. Dubrovnik fue una ciudad-estado desde el siglo XV hasta la invasión de Napoleón, siendo gobernada y administrada por un príncipe regente electo que dirigía la ciudad durante solamente 30 días para que, si tenía la tentación de hacer algo “extraño”, no tuviera tiempo de realizarlo; tuvo unos 3.500 regentes, sucesivos, a razón de uno al mes.

Esta ciudad amurallada, situada en la costa adriática de más de mil islas, fue un importante centro comercial dependiente, a veces, de Venecia y que, ahora, recibe una gran afluencia turística; su estilo arquitectónico es medieval mediterráneo y su parte amurallada puede recordar a la parte de la Ciudad Vieja de Melilla.

Esta idea, constante y elemental en la gestión de los asuntos públicos, nos lleva a contrastarla con el retorcido panorama político español, cargado de nuevos y veteranos protagonistas que hablan con palabras vacías y hacen promesas económicas y políticas, inviables, con las que pretenden atraer el voto de los ciudadanos a los que no explican, con un mínimo rigor político y económico, sus programas.

Me refiero a los grupos independentistas, populistas bolivarianos y a los nuevos federalistas asimétricos, ninguno de los cuales habla de intereses generales sino, sólo, de sus ambiciones particulares y posibles soluciones mágicas a la cosa pública totalmente alejadas de la realidad y de los intereses ciudadanos.

Mientras los ciudadanos españoles llegamos al verano más o menos averiados por nuestros problemas: trabajo, familia, impuestos, deudas hipotecarias… existe un gran ruido mediático producido por estos políticos y partidos políticos que tratan de aprovechar el descontento de la gravísima crisis financiera y económica vivida en España desde 2008 para aportar sus soluciones mágicas. Así, los independentistas insisten que la felicidad es la independencia; los populistas rechazan la forma de vida europea y los federalistas “asimétricos” creen que una reforma administrativa territorial arregla la necesidad de creación de riqueza, el PIB y el paro.

Pero es probable que en 2015 se encuentren con una sorpresa ya que, la nueva situación económica, les obligará a cambiar su discurso pesimista. En efecto, la economía española está creciendo y se dan previsiones del 1,3% del PIB para el 2014 y del 2% para 2015. Además, la EPA del segundo trimestre ha dado el resultado espectacular de 400.000 altas en la Seguridad Social con reducción del paro en 300.000 personas aproximadamente. Son datos que deben animar a seguir la senda reformista que nos está llevando hacia esta fase positiva aunque, sabemos, son muchas las reformas estructurales pendientes, desde la reducción del gasto público y de los impuestos, a la liberalización burocrática y a la transparencia de la gestión y de las cuentas públicas.

Por cierto, el 23 de julio el Ministerio de Hacienda ha publicado las llamadas balanzas fiscales cuya elaboración ha dirigido Angel de la Fuente, que ha dado transparencia a las cuentas regionales; así, el País Vasco y Navarra son zonas privilegiadas y Cataluña, es una región tratada en la media de las regiones. La transparencia y el rigor económico parece que ha dejado mudos a algunos, aunque, es evidente debe aprobarse un nuevo marco de financiación autonómica que sea objetivo, claro, duradero y que reconozca unos porcentajes no cedibles a la solidaridad.

También ha surgido otro mantra, el de la reforma constitucional. España, ahora, no necesita una reforma constitucional pero sí necesita que se cumplan y se hagan cumplir –desde ya– las leyes vigentes; basta recordar el incumplimiento doloroso de tantas sentencias en materia lingüística que reconocen la libertad de elección de los padres para que sus hijos estudien en su lengua materna en las escuelas de Cataluña; o el incumplimiento arbitrario de objetivos de política presupuestaria por las Comunidades Autónomas a los que España está obligada por el Pacto Europeo de Estabilidad y Crecimiento…

Los independentistas, sean catalanes o vascos, dicen no estar satisfechos con su encaje territorial en España, y que se les busque una solución, pero, a cambio sólo hablan de su independencia. Pero ¿no piensan en los derechos y libertades de quienes residen en esas comunidades y piensan diferente?. La Constitución de 1978 fue el resultado de la Transición pactada, impulsada por la ilusión colectiva de alcanzar las libertades individuales, las colectivas, el establecimiento de instituciones democráticas y de una organización territorial autonómica, descentralizada. Sin embargo, los nacionalistas no están satisfechos y ahora son independentistas ¿Por qué?. Las razones son varias: pretenden gestionar todos los recursos públicos, sin solidaridad ni control, no quieren sufrir el riesgo de jueces independientes, ni admiten voces discrepantes pues pretende uniformar a la población, bajo una misma identidad e ideología.

En cuanto a los socialistas, ahora son federalistas asimétricos, pero no consiguen concretar el contenido de la palabra “federal”; en efecto, están utilizando la palabra como solución “mágica” para resolver la cuestión de administración territorial que lo que necesita son límites y rigor operativo; además, no saben decir qué tipo de federación pretenden, ni si los estados federados serían iguales o si se trataría de una confederación entre desiguales. Es una irresponsabilidad querer convertir una nación de 46 millones de habitantes en laboratorio político.

El tercer grupo de moda es el populista izquierdista, los de la revolución pendiente, de corte cubano-bolivariano; quieren implantar en España el modelo de “éxito” comunista que ya ha fracasado en Cuba y en Venezuela y que tanto hace sufrir a los ciudadanos en estos dos países y que tanto hizo sufrir a millones de europeos con la dictadura comunista. ¿Qué ofrecen distinto a la fracasada Rusia Soviética y sus satélites?.

De todas formas, ante la pasividad política tradicional de los españoles, están surgiendo grupos activos de la llamada sociedad civil que se van haciendo notar; tienen una línea reformista, utilizan Internet, carecen de recursos económicos y de medios potentes que les ayuden a ser conocidos, sobre todo ver en TV, pero acabarán siendo conocidos y, sobre todo, apreciados en sus ideas de unidad y progreso.

CONCLUSIÓN

La actuación política debe cuidar los intereses generales dejando de lado los intereses particulares; sin embargo, hay en España algunos partidos políticos a los que sólo interesan sus objetivos propios y, por supuesto, alcanzar el poder presentando a las sociedad sus soluciones mágicas. Los independentistas, los populistas de izquierda y los federalistas están silenciando cualquier buena noticia para los españoles, ya sea por el crecimiento económico o por la reducción del paro y tampoco aluden a lo que necesita España para mejorar, como es continuar con las reformas estructurales, políticas y económicas. No les interesa la unidad de España, ni el progreso de los españoles en Europa, ni les importa asumir los riesgos incalculados de sus pretendidos modelos de sociedad y de economía. Pura magia.

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