Tragedia griega: soberanía con deudas

Va a ser curiosa la evolución de la situación política y económica de Grecia tras las últimas elecciones generales celebradas el 24/01/15, que ha dado el poder al partido de coalición de izquierdas Siriza bajo la presidencia de Alexis Tsipras. Y digo que va a ser interesante, porque el nuevo gobierno ha surgido desafiante ante la Unión Europea, exigiendo el fin de la “austeridad” y la reestructuración de su deuda de más de 300.000 millones de euros, aunque los acreedores son muy diversos. En la llamada reestructuración de deuda lo que realmente pretenden es obtener una quita, o perdón, de entre el 60% y 50% de la deuda pública griega que  representa el 177% de su PIB.

Este doble objetivo,  deber menos dinero y tener más recursos para gastar, está incluido en el programa izquierdista de tal coalición y han conseguido 2 millones de votos diciéndoles que, en nombre de “la soberanía del país”, se van a convertir en reales esos deseos; algo así como que la soberanía fuera equivalente a una varita mágica. La soberanía le da a la población de un territorio la posibilidad de organizar, con independencia, sus instituciones y el modelo económico que considere conveniente y la posibilidad de firmar Tratados Internacionales e integrarse libremente en organizaciones supranacionales, como ha hecho Grecia en la UE y en el sistema del Euro.

En relación a ello, veamos las dos cuestiones citadas:

A) En relación a la deuda viva, el nuevo gobierno (con exigencias) dice que no se va a conformar con el alargamiento de plazos de amortización y reducción de los tipos de interés sino que quieren una quita o perdón de parte de la deuda. Claro es que habrá que esperar a la respuesta de los acreedores que son Bancos , la Unión Europea , el Fondo Monetario Internacional y los países europeos que, por dos veces,  rescataron y prestaron su dinero  a Grecia para sacarla de las sucesivas suspensiones de pagos; por ejemplo, España le prestó 32.000 millones de Euros, que desea recuperar.

Conviene recordar que la incorporación de Grecia al euro en el año 2000 fue el resultado de un erróneo conocimiento porque, como se ha comprobado más tarde, se basó en datos macroeconómicos y presupuestarios que no eran correctos; en efecto, el PIB no era real y el presupuesto público no reflejaba con fidelidad ni los ingresos fiscales (eran menores) ni los gastos públicos (mayores de lo dicho).

Los buenos tiempos iniciales del euro hasta 2007, permitieron pasar desapercibidas esas irregularidades pero con la crisis afloraron los problemas; Grecia emitió deuda para equilibrar su presupuesto ante la falta de ingresos fiscales pero y acabó en “default”, necesitó el rescate de Europa y del FMI que,  condicionaron sus aportaciones a que realizaran concretas reformas estructurales que, lamentablemente, han incumplido; tales reformas trataban de reducir el gasto público, el tamaño de la Administración, el número de funcionarios, excesivos y excesivamente bien pagados para su nivel retributivo del país; pero lo peor era y es la corrupción sistémica existente en todos los ámbitos de la sociedad, desde la política a la sanidad, la policía, etc, pues, es sabido, que los ciudadanos griegos necesitan añadir a sus solicitudes algún sobre para el empleado público.

B.- También el nuevo gobierno quiere acabar con la austeridad. Será curioso conocer los argumentos para convencer al Consejo y a la Comisión Europea  porque pretende conseguir más dinero a préstamo porque, dicen, la austeridad es excesiva. La situación, dramática para parte de la población, es consecuencia de una pésima gestión pública.  Es un caso propio de vivir por encima de sus posibilidades. ¿Puede un deudor “exigir” a los acreedores más dinero a préstamo para mantener su nivel de vida, o debería esforzarse el deudor en reducir gastos y gestionar mejor? Ese es el conflicto en el que hay tres vertientes:

Primero: Los pactos firmados (no impuestos por la UE), son compromisos de cada país con la UE que limitan su soberanía.

El gobierno izquierdista griego alega “su soberanía” para acabar con la austeridad, pero no tiene nada que ver un “título” con una obligación. Los países europeos son todos soberanos y, voluntariamente, han firmado pactos que les obligan en el marco europeo;  es decir, no es Europa quien lo impone sino que los estados soberanos firman pactos libremente de donde nacen obligaciones. El Tratado de la Unión Europea de 9 de mayo de 2008 y el Tratado de Funcionamiento de la UE, firmados por los países miembros de la UE, son los que  amparan el Pacto de Convergencia sobre política económica y establecen los límites del déficit anual presupuestario, con un calendario reductor anual, y emisión de deuda fijado en el 60% del PIB de cada país.

Pero en las recientes elecciones griegas ha surgido un “hipernacionalismo soberanista” que creíamos superado en la UE y que, ahora, los nuevos comunistas invocan para intentar ganar un trato privilegiado en el marco de los Tratados. ¡Qué ingenuidad!

Segundo: el concepto de austeridad.

El término austeridad, en el marco del Pacto de convergencia europea,  significa que cada país no debe gastar más que lo que ingresa por ingresos fiscales, y que sólo puede excederse en el 3% del PIB (o el porcentaje pactado según el calendario particular con la UE) pero, repito, no se lo imponen las instituciones a cada país sino que es pactado por Grecia, o por otros miembros, con la UE.

Por ello, decir que van a acabar con la austeridad significa que no quieren cumplir los límites pactados en el Pacto de Convergencia, y que, han decidido, unilateralmente, pedir más dinero prestado a los mercados a los que, encima, califican de ser sus enemigos. ¿Pero creen que alguien les va a prestar dinero si quieren gastar más y, simultáneamente, pedir quita de la deuda existente? Evidentemente, esta campaña se ha centrado en argumentos populistas y en el abuso de la buena fe del sufrido ciudadano griego, que merecía y merece un mejor gobierno.

Tercero: cumplimiento de las obligaciones y respeto a las instituciones europeas.

El art. 2º del Tratado de la UE dice que cuando se atribuya a la Unión una competencia exclusiva en un ámbito determinado, la Unión podrá legislar y adoptar actos jurídicamente vinculantes… mientras que los Estados miembros sólo podrán aplicar los actos de la Unión. Las manifestaciones desafiantes del gobierno griego sobre las obligaciones pactadas podrían representar un aparente deseo de salida de la UE y del Euro pero, se espera y desea, que sólo sean palabras; así pues la UE procederá a animarles a cumplir pues salir de la Unión no les será favorable. Es una decisión del pueblo griego, que dadas sus circunstancias económicas y sociales les llevaría a peores consecuencias; por ello, el nuevo gobierno debería centrarse en trabajar con rigor, cumplir las obligaciones, modernizar su administración e incorporar métodos de transparencia del gasto.

CONCLUSIÓN

El desafío del nuevo gobierno griego pretende un doble objetivo: reducir el montante de la deuda y acabar con la austeridad. Respaldan sus pretensiones invocando la soberanía nacional de Grecia, pero la soberanía no es un concepto que incluya una exención en el cumplimiento de las obligaciones. Además, la política de austeridad del gasto público no le ha sido impuesta por la UE sino que nace del Pacto de Convergencia, libremente firmado por Grecia, cuyas cláusulas recogen límites de déficit y normas de disciplina presupuestaria para poder obtener ayudas financieras de Europa. Grecia está en una encrucijada: cumplir los Tratados y sus obligaciones o no cumplirlos, pero pedir (exigir) y conseguir que alguien le preste dinero y gastar más, anunciando simultáneamente la no devolución de la deuda es una ingenuidad.

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