Un museo sobre libertad y democracia

Bonn, ciudad donde nació Beethoven, ha sido la capital de la República Federal de Alemania desde 1945, fecha en que terminó la Segunda Guerra Mundial, hasta que la caída del muro en 1989 provocó la disolución de la República Democrática Alemana y se produjo la reunificación alemana, volviendo la capitalidad a Berlín.

​Cuando se trasladó la capital a Berlín, muchos vecinos de Bonn temieron que la ciudad quedara parcialmente despoblada por la marcha de los funcionarios y embajadas; pero no fue así porque un plan atento hizo que los edificios administrativos se convirtieran en sedes de grandes empresas y Bonn intensificó la acción turística, cultural y universitaria. Hoy es una ciudad vital a orillas del río Rin, “Vater Rhein”, que cruza Europa con su importante tráfico fluvial.

​Tiene la ciudad museos sobre ciencia, arte y tecnología (Arthmuseum, Kunstmuseum…..) y han creado “La casa de la Historia de la República Federal Alemana” que muestra “Unsere Geschichte”, es decir, “nuestra Historia”; allí se venobjetos y fotos sobre los avatares políticos, económicos y sociales vividos por Alemania desde 1945, así como de la época de división en dos países, la República Federal, libre, y la República Democrática Alemana, comunista, controlada por la URSS.

​El museo es impresionante en su realismo; muestra cosas e imágenes de la Segunda Guerra Mundial, de los campos de concentración, del holocausto judío y de otros grupos étnicos, del juicio de Nürnberger, del esfuerzo por la reconstrucción y de la acción de las mujeres alemanas tras la guerra. Debe citarse el recuerdo que hace de “las mujeres de los escombros”, pues hombres quedaron pocos, y fueron ellas las que, entre harapos, limpiaron las ciudades, seleccionaron los restos de los bombardeos y comenzaron la reconstrucción del país; primero, las fábricas, y, luego, las viviendas.

​El museo va comparando, de modo didáctico, en salas sucesivas divididas por un muro, la vida paralela, y tan distinta, de las dos Alemanias durante los treinta años de división; mientras, en el lado occidental, se comprueba cómo avanzaba en libertad política y en reindustrialización; al otro lado del muro, bajo el comunismo, se ven los métodos de control comunista sobre la vida e intimidad de los ciudadanos, la enseñanza dirigida, la economía intervenida y la carencia de casi todos los bienes que la sociedad occidental ya podía disfrutar.

​Así pues el museo recuerda, a los ciudadanos que vivieron esa época y a las generaciones nuevas, la agobiante atmósfera inquisitorial comunista del Este, en la que el poder era absoluto, fomentaba la delación, es decir, lo peor del ser humano, animando a los ciudadanos a señalar, de algo real o inventado, sobre otros vecinos, por venganza o a cambio de congraciarse con el poder o con el fin de obtener alguna ventaja laboral o económica; finalmente, se comprenden las razones del fracaso del sistema comunista, la frustración ciudadana, las protestas contra el Muro y la insatisfacción por la falta de libertad.

​Este Museo de la Historia reciente de Alemania merece una reflexión, pues acredita el deseo de libertad ciudadana, de unidad nacional y de esfuerzo por el progreso económico de los ciudadanos alemanes tras la guerra. Por ello puede servir como ejemplo para los ciudadanos españoles, especialmente ahora que necesitamos impulsar nuestras libertades, la unidad nacional y la transparencia de la democracia. En efecto, salvando las distancias, nuestra Historia presenta también el deseo de libertad para salir de la dictadura, de organizarnos en un Estado de Derecho y de vivir en democracia.

Deben conocer las nuevas generaciones de españoles, como los nuevos alemanes ven en el Museo de Bonn, que la transformación política de España fue ejemplar; pasamos de la dictadura a la democracia con la aprobación de la Constitución de 1978. La Constitución fue el resultado de la síntesis de la incertidumbre al “qué puede recurrir” tras la dictadura, del ansia de libertad que latía en el pueblo español y de la tolerancia política. Pero, ahora, tras 35 años vivimos una preocupante época de regresión democrática y de intolerancia; en España hay vicios que hay que atajar sin dudar: hay que eliminar la corrupción mediante el control riguroso del dinero público, elclientelismo, la invasión política partidista de las Administraciones, y hay que respetar la independencia de las instituciones y sus miembros. Falta sentido de unidad y solidaridad entre las regiones descentralizadas (no soberanas) y falta la libertad económica.

​Nuestra Constitución es aprovechable, y no hay que distraerse en batallas teóricas, pues el tiempo apremia, los puntos del modelo que debemos reparar están identificados y la opinión pública desea su reparación. Esa es la interpretación que debemos dar al resultado de las últimas elecciones generales de 20-11-2011 que ganó el Partido Popular con mayoría absoluta. Se espera esta regeneración, y sería muy penoso que se perdiera esta ocasión histórica para impulsar las reformas necesarias que se centran fundamentalmente en la necesidad de revitalizar el cumplimiento de las leyes y del Estado de Derecho, de renovar el funcionamiento interno y el sistema definanciación de los partidos, en eliminar burocracias administrativas y políticas que han crecido enormemente respecto al servicio necesario para los ciudadanos con un gasto público insostenible y deficitario y, finalmente, el llamado estado de bienestar necesita adecuarse a “lo posible”, a nuestras disponibilidades económicas para no vivir del “crédito”.

CONCLUSIÓN

​Los alemanes, tras la Segunda Guerra Mundial sintieron el deseo de libertad individual y de convivencia democrática. Tras la división del país, su reunificación haestado cargada de ilusión por la libertad y la unidad. El museo de Bonn nos recuerdatambién a los españoles, salvadas las distancias, que hay que trabajar y defender elsistema democrático y que debemos mejorarlo con la regeneración de las instituciones y métodos de transparencia y control del poder.

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