Trabajos monográficos

7. Denuncia e infiltración en el sindicato vertical

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I.- Introducción

En los años 50 el PSOE y el PCE adoptan posiciones divergentes en materia de oposición al franquismo, desde la vía sindical. El PSOE apuesta por la revitalización de su sindicato hermano la UGT, mientras que el PCE opta por abandonar los sindicatos clásicos.

La política del PSOE requiere una estrategia combinada entre los militantes del exterior y del interior (no existía una clara distinción entre PSOE, UGT y juventudes socialistas) para revitalizar la UGT, pero la acción de oposición frontal tiene el inconveniente del alto riesgo de caídas de sus activistas, como ocurrió en la huelga de mayo de 1947 y en las huelgas de 1957 y 1958, tensión que se agravaría en los años 59 a 61, 62 y 63 y 68 a 71.

El criterio de la UGT era que la no contaminación con la organización sindical franquista le otorgaría legitimidad moral tanto en el ámbito obrero como empresarial, facilitando convenios colectivos de empresa, ajenos al sindicato oficial, aunque no de sector. UGT apoyó la abstención en las elecciones sindicales, con bastante éxito. Este mismo criterio, de lucha desde el exterior a la organización sindical franquista, lo mantuvo la CNT.

Por su parte el PCE, aprovechando la ley de Convenios Colectivos de 1958, inicia maniobras de entrismo en la organización sindical franquista (CNS u OSE), aprovechando la ocupación de puestos sindicales a partir de las elecciones de 1963 y más claramente en las elecciones sindicales de 1966, pues era manifiesta la tolerancia para la participación de los entonces “ilegales”, cuya pretensión era heredar la estructura y medios de la OSE. En el año 1967 se celebraría la primera Coordinadora General de CC.OO., porque CC.OO. nació de manera espontánea, apoyada por el PCE, creándose comisiones de fábrica o de empresa.

Esta misma estrategia del entrismo utilizaría la USO, nueva organización sindical de tendencia social cristiana.

CC.OO. actuaba tanto desde dentro de la CNS como desde fuera, en acciones de lucha obrera directa, sufriendo graves caídas en las movilizaciones de 1968 a 1971.

Para UGT el entrismo no era sino colaboracionismo, contradictorio con la estrategia de denuncia ante los organismos internacionalistas, además de que revitalizaba a los propios sindicatos franquistas, de aquí que planteara la necesaria unidad de acción sindical mediante la organización de tres niveles de participación de los trabajadores en las decisiones que les afectaran: Asambleas de trabajadores, Comités de fábrica y Plataformas reivindicativas unitarias, instancias ajenas y contrarias a la legalidad sindical y alternativa a la estrategia de CC.OO., aunque no contradictoria porque, de hecho, se produjo en ocasiones la  unidad de acción sindical, porque CC.OO. también desarrollaba la acción sindical externa al sindicato oficial, partiendo de que cuanto más amplia fuera la plataforma más fácil sería la acción huelguista.

Para CC.OO. no era incompatible penetrar en el tejido de la CNS y, a la vez, orquestar su desprestigio, porque de lo que se trata de incrementar la eficacia de oposición al régimen.

Es obligado señalar, en esta introducción, que durante la dictadura de Franco, la lucha obrera representaba tanto la acción sindical de carácter reivindicativo, en sentido clásico, como la acción política de acoso y derribo al régimen.

También es necesario establecer que mientras que la UGT mantenía el criterio de acción sindical unitaria, CC.OO. y las propias organizaciones sindicales internacionales favorecía la unidad sindical, como mejor instrumento de acción sindical y política en un entorno desfavorable como era el de la dictadura.

Por último y también como cuestión previa, es de señalar que la acción de los sindicados, durante este periodo, se concreta en dos líneas de actuación, claramente diferenciadas:

a) Oposición al franquismo, desde dentro y desde fuera de la Organización Sindical Española (OSE).

b) Denuncia ante los organismos internacionales en los que las organizaciones clandestinas tuvieran voz.

Ambas estrategias serían, al decir de Santos Juliá, “el elemento catalizador de la agonía del franquismo residual”.

 

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7. Denuncia e infiltración en el sindicato vertical

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