Recensiones Bibliográficas. Julio GIL PECHORROMÁN.

B. Notables en busca de masas. El conservadurismo en la crisis de la Restauración.

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I.- Situación de partida.

En los inicios del siglo XX el conservadurismo español, amalgama de diversas tendencias unionistas, ultramontanos o neocatólicos, romeristas, silvelistas y, después, puristas), firmes en el objetivo de mantener el sistema de turno con la liberales, han ido aproximando sus posiciones al adversario y tratan de asumir el movimiento regeneracionista surgido tras el desastre del 98. Pero, en todo caso, al igual que sus oponentes los liberales, sigue siendo un grupo de notables preocupados por mantener sus respectivas clientelas, basándose en el sistema caciquil imperante.

Lo cierto es que al inicio del siglo XX se había producido un hecho nuevo, el de la promulgación del sufragio universal masculino, lo que obligaba a integrar en sus respectivas clientelas no sólo a la clase media sino, también, a las clases populares, novedad que obligaba a reorientar una política de corte oligárquico, lo que se hacía más patente con la difusión de las ideas regeneracionistas de modernidad.

Así que aproximación ideológica a los liberales, necesidad de incorporar a su clientela a las clases populares y tendencia desarrollista del regeneracionismo son los tres vectores que condicionarán el próximo devenir de los conservadores.

Estas tensiones originan la fractura del conservadurismo español, en el que se percibe, por un lado, una línea basada en la confesionalidad, que incluye a los carlistas, en la que afloraron tendencias  militaristas, que no tuvieron éxito hasta Primo  de Rivera y, de otro lado, la tendencia liberal-conservadora de Silvela, Dato y Maura, que llegaría al Gobierno de la Nación y establecería, en las postrimerías del siglo XIX y en el primer decenio del siglo XX), una tendencia reformista, en congruencia con el regeneracionismo imperante (reforma de la Administración, descentralización regionalista, desarrollismo económico y reforma fiscal, innovación electoral y eliminación del sistema caciquil y reformas sociales).

Advierte el profesor Gil Pechorromán, en el trabajo que recensiono, que la propia estructura del conservadurismo político, formada por políticos profesionales, en muchos casos oligarcas con plena independencia económica, que gestionaron la reforma desde arriba, con su inevitable concepción elitista, y no por un bloque compacto que representara fielmente al conservadurismo de la clase media española, hizo estéril el esfuerzo renovador.

Naturalmente, no acabaron con el caciquismo, clave del propio sistema de turno. Cuando Maura ensayó, en el año 1903, la celebración de unas elecciones honradas, percibió que el sistema de turno ocultaba el mayor peso electoral de las izquierdas, razón por la que se preferiría un sistema organicista, estamental, en el que la élite tradicional asumiera el poder.

Maura no asumió la oposición a su política sino como una cuestión de orden público, cuyo hito más relevante sería la semana trágica de Barcelona de 1909, lo que hacía patente la presencia de una izquierda potente extramuros del sistema.

La “revolución desde arriba”, ideal del conservadurismo fracasó.

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B. Notables en busca de masas. El conservadurismo en la crisis de la Restauración.

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