Una entrevista de Germán González a Antoni Bayona (EL MUNDO, 11/3/2019)

«El independentismo apela a una democracia que no atiende a normas cuando les conviene»

Fue uno de los testigos directos de los hechos que estos días se juzgan en el Tribunal Supremo y no uno cualquiera. Se podría decir que fue la voz de la conciencia del independentismo desde la legalidad recordando, antes de cada votación comprometida en el Parlament, que se estaba a punto de desobedecer al Tribunal Constitucional. Cree que se llevó al límite al Parlament y que el procés se planteó como «una carrera de 100 metros lisos» cuando en es «una maratón». «Muchos entendieron como fácil una situación que era mucho más complicada de lo que pensaban», detalla.

¿Qué piensa del juicio que se celebra en el Supremo?
Los delitos más graves no tienen consistencia. Para lo que pasó realmente en Cataluña el 1-O el Código Penal no tiene una respuesta. Se puede especular, salvando la presunción de inocencia, que hubo una desobediencia, incluso el Constitucional lo dice, pero eso debe decidirlo el Supremo. En Derecho Penal se debe ser muy estricto ya que puede suponer condenas graves.
En su libro afirma que «el procés ha sido más gestual que real». Esa es una de las principales líneas de defensa de los procesados en el Tribunal Supremo.
El libro está escrito mucho antes de que empezase el juicio y lo que describo tiene cierta coincidencia con la posición de los encausados. Todo tenía más apariencia de no querer llegar hasta el final.
¿Hubo un mal uso del parlamento como institución que representa a todos los ciudadanos?
El Parlament entró en conflicto con el Constitucional por las advertencias de que no se continuase por ese camino y, pese a ello, se acordaban nuevas resoluciones. Existe un problema institucional en las relaciones del Parlament con el Estado y otro derivado de la aprobación el 6 y 7 de septiembre de 2017 de las leyes de transitoriedad y el referéndum por una vía del reglamente que no está prevista para este trámite. Así se agravó la situación de las minorías, los grupos no independentistas, en el marco de la institución parlamentaria.
En el libro afirma que, en los últimos años, «el derecho ha perdido valor ante los políticos». ¿Cree que se ha vulnerado la normativa?
Cuando se contrapone democracia con legalidad creo que se entra en un terreno muy peligroso ya que no son dos conceptos indisociables. Parece que el independentismo apela a un principio de democracia sin límites y que incluso permite, cuando conviene, no atender las normas. En un estado que se define como democrático y de derecho, como pasa dentro de Cataluña, este planteamiento, como jurista, me sorprende. Legalidad y democracia son dos caras de la misma moneda y contraponerlo es uno de los más graves errores del proceso soberanista desde el punto de vista jurídico.
Habla de una «obsesión» de los grupos independentistas en el Parlament por conseguir sus fines. ¿Actualmente dificultan el diálogo?
Ahora se ha instalado en el Parlament la idea de cierto legitimismo, como si perviviera la situación anterior. Así tenemos las investiduras que se intentaron con Carles Puigdemont y planteaban nuevos choques con el Constitucional, después la suspensión de diputados procesados que creó problemas internos entre los dos grupos que defienden la independencia y finalmente que legislatura coincide con el juicio. Todo lleva a la legislatura actual que si la analizamos bien pues es realmente atípica, poco productiva y crispada en si misma.
Detalla que con la aplicación del 155, sin hacer efectivo otras medidas «más excepcionales» de la Constitución se acabó para que el procés quedara en una declaración parlamentaria.
Me cuesta ver las acusaciones de rebelión o sedición. Pensar que existe un plan preconcebido que debe acabar en una violencia organizada es notoriamente exagerado y creo que no se tiene en cuenta en el juicio que si debía de pasar lo que anunciaban el 27 y posteriores no pasó absolutamente nada y eso liga con que la aplicación del 155 que no planteó especial resistencia en los funcionarios.
Si esta declaración fue gestual, ¿cree que las referencias de los actuales responsables del Govern o del Parlament al mandato del 1-O están vacíos de contenido?
Tengo mis dudas de que esto no lo mantenga una parte del independentismo. Hay la tesis de legitimismo que determina esto y que diga el presidente de la Generalitat que fem república muchas veces declaraciones en esta línea. Es como la teoría de los universos paralelos, una realidad que están en una hipotética república que todavía se está construyendo, y que tal vez se podrá hacer efectiva, y la otra en el día a día que el Govern debe trabajar en ello. Hay un poco de esquizofrenia en este sentido.
¿Qué piensa de la actuación del Gobierno en el procés?
En el libro digo que el procés es legítimo pero critico la forma de llevarlo a cabo. También digo que en este conflicto el Estado no ha ayudado, se ha cerrado cualquier vía de negociación. Cuando una parte de una sociedad, desde un punto de vista democrático, tiene una demanda debe haber una salida. Se puede especular con una posible consulta, se debe especular con márgenes políticos que en definitiva no han estado. Además, la respuesta del 1-O genera el discurso de la represión y no se consiguió parar las votaciones podría no haberse sacado la policía a la calle y explicar que […]

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Una entrevista de Germán González a Antoni Bayona en EL MUNDO el  11 de marzo de 2019.

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