Un artículo de David Ortega (EL MUNDO, 22/11/2018)

El mejor homenaje a la Constitución

En la vida es importante ser práctico y eficaz, especialmente en los temas trascendentes y relevantes. No tengo dudas de que, para la vida política española, el respeto y valoración de la Constitución de 1978 es una cuestión crucial. El problema se centra en si realmente se conoce nuestra Ley Fundamental a pesar de que conmemoramos ya sus cuatro décadas de vida.

Me parece bien que en este año se hayan realizado diferentes eventos, actos, libros, monográficos de distintas revistas especializadas, e incluso que diferentes medios -TVE o este mismo periódico- se esfuerzan por darla a conocer. Sin embargo, creo que estamos pasando por alto lo más fundamental: ¿se ha realizado un esfuerzo serio y maduro para enseñar realmente la Constitución de 1978 al pueblo español? La respuesta es muy clara, un rotundo no. Llevo más de 15 años impartiendo la asignatura Conocer la Constitución española de 1978 en la Universidad para los Mayores de la Universidad Rey Juan Carlos, amén de cientos de conversaciones con amigos y familiares, y la conclusión es evidente. No sé sabe que es un Estado social y democrático de Derecho; cuáles son las funciones del Jefe del Estado en una Monarquía parlamentaria o, simplemente, qué es una monarquía parlamentaria; cuáles son nuestros derechos y libertades fundamentales -y nuestros deberes-, cómo podemos defenderlos y exigir su cumplimiento; de qué sirve realmente el Tribunal Constitucional;si somos un Estado laico o aconfesional -y si es lo mismo-; si tiene límites la libertad de expresión…; si existe un derecho al insulto; ¿qué competencias tiene el Consejo General del Poder Judicial?, etcétera.

Estas y otras cuestiones marcan nuestra vida, tanto pública como privada; sin embargo, poco o nada sabemos de cómo se regula en nuestro gran pacto de convivencia, que es la Constitución. Los constituyentes de 1812 eran más avanzados y sensatos que nosotros en esta cuestión, se notaba la mano del ilustrado Jovellanos en los temas de enseñanza. Así, el artículo 368 señalaba que «el plan general de enseñanza será uniforme en todo el reino, debiendo explicarse la Constitución política de la Monarquía en todas las Universidades y establecimientos literarios donde se enseñen las ciencias eclesiásticas y políticas». Hay un principio esencial en la vida, que es bastante irrefutable: sólo se valora lo que se conoce. Si la Constitución de 1978 no se conoce o se conoce más bien poco, como parece claro, ¿cómo se va a valorar?

Ante esta realidad poco discutible hay dos opciones, mirar para otro lado -se ha venido haciendo hasta ahora- o tomar cartas en el asunto de manera seria y responsable. Si creemos en nuestro sistema político regulado en la Constitución de 1978, va siendo hora de que nos lo tomemos en serio y lo expliquemos en las aulas. Éste sí que es un buen homenaje a la Carta Magna: darla a conocer a los españoles. Si la conocen, no tengo dudas de que la valoraran y defenderán o, al menos, hablarán de ella con conocimiento, lo que no es poco. Necesitamos mucha más cultura política y democrática y en este sentido es clave conocer lo esencial, lo básico de nuestra Constitución.

En la vida hay que aprovechar las circunstancias favorables y para este tema tenemos actualmente tres: 1ª) La conmemoración de los 40 años de la Constitución Española; 2ª) La clara necesidad de educar al pueblo español en los valores constitucionales y democráticos, especialmente en Cataluña -tampoco vendría mal en el País Vasco-; y 3ª) La reforma educativa que parece quiere poner en marcha el actual Gobierno de Sánchez.

La educación es el instrumento más poderoso de transformación social, esto es muy antiguo, ya Platón lo tenía claro -su obra La República ha marcado la historia política y educativa de la humanidad-. Después de él casi todos los grandes teóricos de la política tenían sus correspondientes proyectos educativos: Locke, Rousseau, Kant, Stuart Mill, Nietzsche, Russell.

En la vida es importante ser práctico y eficaz, especialmente en los temas trascendentes y relevantes. No tengo dudas de que, para la vida política española, el respeto y valoración de la Constitución de 1978 es una cuestión crucial. El problema se centra en si realmente se conoce nuestra Ley Fundamental a pesar de que conmemoramos ya sus cuatro décadas de vida.

Me parece bien que en este año se hayan realizado diferentes eventos, actos, libros, monográficos de distintas revistas especializadas, e incluso que diferentes medios -TVE o este mismo periódico- se esfuerzan por darla a conocer. Sin embargo, creo que estamos pasando por alto lo más fundamental: ¿se ha realizado un esfuerzo serio y maduro para enseñar realmente la Constitución de 1978 al pueblo español? La respuesta es muy clara, un rotundo no. Llevo más de 15 años impartiendo la asignatura Conocer la Constitución española de 1978 en la Universidad para los Mayores de la Universidad Rey Juan Carlos, amén de cientos de conversaciones con amigos y familiares, y la conclusión es evidente. No sé sabe que es un Estado social y democrático de Derecho; cuáles son las funciones del Jefe del Estado en una Monarquía parlamentaria o, simplemente, qué es una monarquía parlamentaria; cuáles son nuestros derechos y libertades fundamentales -y nuestros deberes-, cómo podemos defenderlos y exigir su cumplimiento; de qué sirve realmente el Tribunal Constitucional;si somos un Estado laico o aconfesional -y si es lo mismo-;si tiene límites la libertad de expresión…;si existe un derecho al insulto;¿qué competencias tiene el Consejo General del Poder Judicial?, etcétera.

Estas y otras cuestiones marcan nuestra vida, tanto pública como privada; sin embargo, poco o nada sabemos de cómo se regula en nuestro gran pacto de convivencia, que es la Constitución. Los constituyentes de 1812 eran más avanzados y sensatos que nosotros en esta cuestión, se notaba la mano del ilustrado Jovellanos en los temas de enseñanza. Así, el artículo 368 señalaba que «el plan general de enseñanza será uniforme en todo el reino, debiendo explicarse la Constitución política de la Monarquía en todas las Universidades y establecimientos literarios donde se enseñen las ciencias eclesiásticas y políticas». Hay un principio esencial en la vida, que es bastante irrefutable: sólo se valora lo que se conoce. Si la Constitución de 1978 no se conoce o se conoce más bien poco, como parece claro, ¿cómo se va a valorar?

Ante esta realidad poco discutible hay dos opciones, mirar para otro lado -se ha venido haciendo hasta ahora- o tomar cartas en el asunto de manera seria y responsable. Si creemos en nuestro sistema político regulado en la Constitución de 1978, va siendo hora de que nos lo tomemos en serio y lo expliquemos en las aulas. Éste sí que es un buen homenaje a la Carta Magna: darla a conocer a los españoles. Si la conocen, no tengo dudas de que la valoraran y defenderán o, al menos, hablarán de ella con conocimiento, lo que no es poco. Necesitamos mucha más cultura política y democrática y en este sentido es clave conocer lo esencial, lo básico de nuestra Constitución.

En la vida hay que aprovechar las circunstancias favorables y para este tema tenemos actualmente tres: 1ª) La conmemoración de los 40 años de la Constitución Española; 2ª) La clara necesidad de educar al pueblo español en los valores constitucionales y democráticos, especialmente en Cataluña -tampoco vendría mal en el País Vasco-; y 3ª) La reforma educativa que parece quiere poner en marcha el actual Gobierno de Sánchez.

La educación es el instrumento más poderoso de transformación social, esto es muy antiguo, ya Platón lo tenía claro -su obra La República ha marcado la historia política y educativa de la humanidad-. Después de él casi todos los grandes teóricos de la política tenían sus correspondientes proyectos educativos: Locke, Rousseau, Kant, Stuart Mill, Nietzsche, Russell.

En alguna medida podemos encontrar base para ello en el artículo 27.2 de la propia Constitución: «La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales». Pues eso, enseñemos nuestro gran pacto de convivencia democrática y esos derechos y libertades fundamentales. Esto sí que es relevante para una nueva ley educativa, si el Gobierno de España se pone a ello, sería una gran oportunidad. Además, éste no es un tema ni de izquierdas, ni de derechas, ni de cristianos, ni de laicos, es una decidida defensa del bien común y del interés general, que falta hace que alguien la haga. Mi propia experiencia me dice que con una hora a la semana valdría para enseñar los más relevante, la columna vertebral de lo que es la Constitución de 1978.

Creo sin ninguna duda que éste sí sería el mejor y más eficaz homenaje a la Constitución española, a nuestra convivencia política y a nuestra débil cultura democrática. A veces nos gusta compararnos con los ingleses, franceses o norteamericanos en temas de cultura política, y eso es bueno, el problema es que nos sacan algunos siglos de historia. Nada me parecería más útil en la formación de nuestros hijos que dedicar una hora en primero o segundo de bachillerato a la enseñanza de nuestro régimen político de convivencia. Para opinar y hablar siempre es bueno primero conocer, la ignorancia no suele ser buena compañera de la vida. Eduquemos a las futuras generaciones en el espíritu constitucional y democrático siguiendo el pensamiento progresista, pero de verdad, de los constituyentes de 1812, mucho más serios y comprometidos con la Constitución que nosotros. En aquella etapa constitucional se […]

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Un artículo de David Ortega en EL MUNDO el 22 de noviembre de 2018.


David Ortega es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Rey Juan Carlos.

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