Un artículo de Miguel Porta Perales (ABC, 07/09/2018)

El socialismo «buenista»

¿Quién dice que Sánchez no tiene programa? El «buenismo» socialista, o el bonapartismo «buenista», es su programa. Una propuesta involutiva que cuestiona el derecho a la libre educación, que feminiza por decreto todo lo que está a su alcance, que impulsa la depuración selectiva de la historia.

Nada de lo que sucede en el PSOE debe extrañarnos. Ese presuntuoso imperialismo del bien llamado «buenismo» que convierte el sentimiento en estrategia, apuesta por la tolerancia extrema, entiende el diálogo como terapia. Del rojo al rosa. Derechos a granel. Un populismo sonriente y gaseoso, una pasión del ánimo, una concepción grosera de la permisibilidad. Una izquierda que reeduca en los valores de la corrección política progresista. La política como spot para alcanzar y conservar el poder. La improvisación y la ocurrencia. El desconocimiento. La impostura y la frivolidad. Bandazos a la carta. La imagen. Gobierno bonito. Gobierno anuncio. Escasas convicciones. Dinámica frentista. La desvertebración de la nación vía agregado plurinacional.

Un socialismo «buenista» que coquetea con la utopía de la armonía perdida, con la subcultura New Age que cree en la capacidad de convicción e irradiación de la Nueva Era, con el síndrome de 1968 que espera la expansión del campo de lo posible, con una sociedad en que se imponga el deseo o la ilusión, con una humanidad comunitarista que implemente la colaboración mutualista, con una concepción del mundo que percibe el liberalismo como manifestación del «malismo». Un socialismo «buenista» que se autoerige en el sujeto ético por excelencia.

Nada de lo que sucede en el PSOE debe extrañarnos, decía. El PSOE se ha ido transformando en un movimiento «buenista».

Ya en 2001 (Ciudadanía, Libertad y Socialismo así como Un partido para la España del siglo XXI) se aprecia el hilo «buenista»: «idea moral», «enriquecer el interior de la democracia», «democracia progresista y solidaria», «libertad real», «pasión cívica», «nuevo estilo de hacer política», «los poderes», «realización personal». Esa amalgama «buenista» que amasa y funde el discurso flácido y emocional, el afán utópico, la ingenuidad, la superioridad moral, el sentimiento, el optimismo antropológico, la autoayuda, el antiliberalismo, el populismo. Y la sonrisa.

El hilo «buenista» del PSOE continúa con la Ponencia de la Conferencia Política (2013), que contiene una Documentación Complementaria que se presenta ante ustedes con el eslogan «Ganarse el futuro». Una «reflexión serena y abierta» que denota la atmósfera flácida y gaseosa del «buenismo» tardozapaterista: «la utopía permite avanzar», la «legitimidad en origen» frente a la «legitimidad de todos los días» que se obtiene gracias a la «participación permanente» y «la consulta» que buscan «mucha más democracia y mucha mejor representación». A ello, hay que añadir una descalificación de las políticas neoliberales y una apuesta por el Estado pastor que nos conducirá a un modelo de convivencia justo en que las personas podrán desarrollar su «proyecto vital y de ciudadanía».

El rechazo de la meritocracia educativa y los «criterios de competitividad» que «no responde en nada a mejorar la capacidad de la educación, sino a la deliberada voluntad de crear las condiciones para su degradación y posterior privatización». Más: «la evaluación no es un mecanismo de selección». Adiós a la cultura del esfuerzo. Y hay que «recuperar la asignatura de Educación para la Ciudadanía». Sí: «se estudiará el mundo desde los valores de las mujeres». La dictablanda feminista.

Una concepción de la igualdad entre sexos que aboga por la discriminación positiva. […]

La discriminación positiva o el grado omega del optimismo «buenista» que -suma y sigue- cree que las iniciativas empresariales, la representación, la cultura científica o el liderazgo surgen por decreto: «Promover programas específicos de apoyo especializado para la creación y consolidación de iniciativas empresariales de mujeres. Introducir en nuestra legislación la obligatoriedad de las cuotas de representación de las mujeres en los consejos de administración de las empresas y también en los comités de empresa… […]

La memoria histórica, claro está. ¿Reforma integral de la Ley de Memoria Histórica de 2007? ¿Comisión de la Verdad? ¿Ahora? ¿Qué verdad? ¿Qué criterio? ¿Qué objetivo? ¿Rehenes de la memoria subjetiva? ¿Retrocainismo? ¿Antifranquismo diferido? ¿Arañar votos a Podemos? ¿Maniobra de distracción o cortina de humo? ¿Todos los demás son franquistas menos nosotros? ¿Pasar a la historia por una anécdota? David Rieff: «La salvaguarda de la memoria histórica ha devenido una obligación moral de nuestra época. Pero, a veces los recuerdos cometen grandes injusticias con el presente». Y Jorge Luis Borges: «El olvido es la única venganza y el único perdón».

¿Quién dice que Pedro Sánchez no tiene programa? El «buenismo» socialista, o el bonapartismo «buenista», es su programa. Una propuesta involutiva que cuestiona el derecho a la libre educación, que feminiza por decreto todo lo que está a su alcance, que impulsa la depuración selectiva de la historia, que olvida lo prosaico. One World One Family. Más gasto. Más impuestos. Más cargos públicos. […]

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Un artículo de Miguel Porta Perales publicado en ABC el 7 de septiembre de 2018.

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