Un artículo de Salvador Sostres (ABC, 22/12/2017)

España avanza contra el aullido rural

Ciudadanos ha ganado las elecciones y por primera vez desde 1980 la primera fuerza política de Cataluña es no nacionalista. El independentismo ha obtenido 170.000 votos menos que el constitucionalismo y nunca más podrá hablar en nombre de «la voluntat del poble».

La mayoría absoluta independentista es un espejismo porque la aplicación del artículo 155 ha delimitado el terreno de juego en Cataluña y las cartas de esta partida son absolutamente distintas de las que se repartieron en 2015. Si entonces el independentismo podía jugar de farol, hoy sabemos que su mayor amenaza -la declaración unilateral de independencia- era papel mojado: fue consumada del modo más vulgar, no obtuvo ningún reconocimiento (ni el del propio independentismo) y además fue neutralizada por la aplicación del 155 y las gravísimas consecuencias personales para los que se saltaron la Ley: unos están huidos, otros encarcelados y muchos otros en libertad pero a la espera de ser juzgados por delitos que conllevan penas de prisión de muchos años.

Que la suma de los escaños de los partidos que desean la independencia alcance la mayoría absoluta no significa en absoluto ni que estos partidos vayan a insistir en la vía unilateral -ya conocen a lo que se exponen, y no por el placer- ni que no se hayan dado cuenta de que por mucho que quieran separarse de España no tienen la fuerza para hacerlo.

Lo que sí es cierto, y una triste derrota inapelable, es que Cataluña seguirá teniendo problemas porque todavía muchos de sus ciudadanos siguen votando a lo más extravagante que se les ofrece, en este caso a un forajido capaz de querer por la noche convocar unas elecciones autonómicas y acabar declarando la independencia a la mañana siguiente por miedo a Twitter y a los gritos de jna loca (Marta Rovira) sin tenerla ni mínimamente preparada. Esta dificultad para relacionarse con la realidad que tiene una parte tan importante de los catalanes, les condenará a una crisis que cada vez va a ser más profunda y de la que no va a ser fácil recuperarse ni cuando se recupere la cordura: en el todo o nada Cataluña siempre lo ha perdido todo y no ha ganado nada, y que el radicalismo ciego que encarna esta tendencia haya obtenido 38 diputados (los 34 de Puigdemont más los 4 de la CUP) no sugiere nada bueno para la recuperación de la economía ni de la convivencia.

Pero lo más significativo que nos dejó la jornada de ayer es que tras las más duras decisiones que ha tomado el Gobierno desde la recuperación de la democracia, no sólo no ha habido ninguna reacción nacionalista consignable sino que ha dado más votos a los no independentistas que a los favorables a esa idea y una histórica victoria de Ciudadanos. Aunque la suma de escaños independentistas ha alcanzado la mayoría absoluta, ni va a ser fácil articular tal mayoría, está por ver si Puigdemont […]

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Un artículo de Salvador Sostres, publicado en ABC el 22 de diciembre de 2017.

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