Un artículo de Joseph H. H. Weiler (El País, 10/10/2017)

Europa y Cataluña

Hay veces en que la decisión correcta puede parecer contraproducente a corto plazo. Aunque tratar de evitar el referéndum catalán alimente el sentimiento de injusticia durante décadas, el tiempo acabará avalando esta postura.

[…] Pero jugar “la carta de Franco” como justificación para la secesión es solo una hoja de parra que pretende tapar un egoísmo económico y social seriamente equivocado, un orgullo cultural y nacional desmesurado y la ambición desnuda de los políticos locales. Además va diametralmente en contra del sentido de la integración europea.

La imponente autoridad moral de los padres fundadores de la integración europea —Schuman, Adenauer, De Gasperi y el propio Jean Monnet— procedía de sus raíces en la ética cristiana del perdón, combinada con una sabiduría política ilustrada, en la que se entendía que es mejor mirar hacia adelante, hacia un futuro de reconciliación e integración, en vez de revolcarse en el pasado europeo, que, por cierto, fue infinitamente peor que los peores excesos del execrable Franco. Yo alegaría que solo en unas condiciones de verdadera represión política y cultural se puede presentar de modo convincente el caso para secesión. Con su extenso (aunque profundamente defectuoso) Estatuto de Autonomía, los argumentos catalanes a favor de la independencia producen risa y son imposibles de ser tomados en serio; unos argumentos que además desmerecen y resultan insultantes ante otros casos meritorios, aunque inconclusos, como el de Chechenia.

La UE lucha hoy en día con una estructura de toma de decisiones sobrecargada, con 27 Estados miembros y, lo que es más importante, con una realidad sociopolítica que hace difícil persuadir a un holandés, un finlandés o un alemán de que les interesa, desde el punto de vista humano y económico, el bienestar de un griego, un portugués o, también, un español.

¿Por qué habría de tener interés el hecho de incluir en la Unión a una comunidad política como sería la Cataluña independiente, basada en un ethos nacionalista tan regresivo y pasado de moda que aparentemente no puede con la disciplina de la lealtad y solidaridad que uno esperaría que tuviera hacia sus conciudadanos en España? La propia demanda de independizarse de España, independizarse de la necesidad de gestionar las diferencias políticas, sociales, económicas y culturales dentro de la comunidad política española, de la necesidad de resolver diferencias y trascender el momento histórico, descalifica moral y políticamente como futuros Estados miembros de la UE a Cataluña y a casos parecidos. Al buscar la separación, Cataluña está traicionando precisamente los ideales de solidaridad e integración humana sobre los que se fundamenta Europa. […]

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Un artículo de Joseph H. H. Weiler, publicado en El País el 10 de octubre de 2017.

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