Un artículo de José Ignacio Torreblanca en El País

¿‘Khaleesi’ o Birgitte?

En el bipartidismo a la española, el ganador de las elecciones se lo llevaba todo: desde el Tribunal Constitucional a la televisión pública pasando por el Consejo General del Poder Judicial. Pero en este extraño país donde cambia el Gobierno y se van a casa desde el director del CIS hasta el subdirector general de Marina Mercante, el bipartidismo tenía una gran ventaja: que la noche de las elecciones te ibas a la cama sabiendo quién iba a ser el próximo presidente del Gobierno.

Sin duda que el pluripartidismo es, parafraseando a Rajoy, un lío. Pero tiene una gran ventaja: los partidos que gobiernan en coalición se vigilan unos a otros, tienden a no hacer demasiadas tonterías y suelen ser menos corruptos y autoritarios. ¿Fin de la historia? No. El problema es que España ha abandonado el bipartidismo pero no ha entrado todavía en el pluripartidismo. En el pluripartidismo hay tortas por estar en el Gobierno y pánico por quedarse en la oposición. Pero en la España posterior al 20-D lo que parece que hay es pánico a gobernar y tortas por estar en la oposición. Vean por ejemplo las palabras de Pablo Iglesias en la noche electoral. En lugar de ofrecer a sus votantes una coalición de izquierdas para desalojar al PP e imprimir un giro social a… [continuar leyendo en El País]

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