Un artículo de Luis Sánchez-Merlo (El Español, 11/04/2018)

La batalla de la propaganda

Los partidarios de la ruptura se han tomado en serio lo que se ventilaba en cada momento en los medios de comunicación internacionales y han dedicado tiempo y dinero a explicar sus planes y sentimientos. Se han dedicado a divulgar “el anhelo de un poble” y las iniquidades del adversario. Y han cosechado un éxito notable, al haber sabido construir una narrativa eficaz, para lo que han contado con la inacción y hasta la munificencia gubernativa.

Y así nos va: los editoriales de la prensa de calidad sobre el conflicto, New York Times (NYT), Guardian, Times, Washington Post, Le Monde, Der Spiegel, apenas advierten la desobediencia dolosa, la insurrección activa y los delitos pendientes de juicio, gravísimos en cualquiera de los países miembros de la Unión Europea.

De profundizar en el conocimiento de los hechos, tras una investigación minuciosa, descubrirían trazas de indudable gravedad. Su rationale, en cambio, se puede resumir así: “el Estado español trata la independencia como un asunto penal” (NYT); “el jefe del Gobierno encarcela a los secesionistas” (The Times); o “la justicia está politizada” (Der Spiegel).

Los españoles leales a la Constitución y contrarios, por tanto, a la secesión de Cataluña, perdieron hace tiempo la batalla del lenguaje. Esa fue la primera y gran derrota en este largo conflicto. Los secesionistas se hicieron dueños de las palabras e impusieron las suyas, torticeras, para contar un relato ficticio, imaginado a la medida de objetivos separatistas precocinados, que resulte verosímil para quienes no quieren o no pueden contrastarlo con otras fuentes más fiables.

Además de haberse apoderado del lenguaje, los nacionalistas han venido ganando la partida de la comunicación, ante la inacción de los gobiernos españoles que, por un puñado de votos, hicieron la vista gorda a las afrentas supremacistas y al miedo que éstas generaban entre los no nacionalistas.

La primera causa de esta derrota es la incomparecencia, al dejar sin respuesta las mentiras, las acusaciones y el abuso del lenguaje. Produce rabia la inacción e ineptitud de quienes nunca se explicaron a tiempo, jamás se adelantaron a las falsedades encubiertas en el lenguaje emocional, escurridizo y cambiante, de los nuevos teólogos, y, en cualquier caso, no les hicieron frente con eficacia. Y siguen sin hacerlo, mientras la prensa extranjera bebe en abrevaderos secesionistas proclives, en algunos casos, a la afinidad incondicional.

Y así, algunos medios, al tiempo que cuestionan la democracia española, formulan una crítica desabrida hacia quienes no comparten la secesión. Y sus reflexiones sobre la ruptura dividen, en primer término, a los propios catalanes, la mitad de los cuales siguen sin vela en este entierro ¿Acaso se ha preguntado a catalanes no secesionistas, a españoles no catalanes, a juristas, intelectuales y editorialistas? Me temo que no.

La época dorada de los corresponsales extranjeros (con sueldo fijo, oficina, ayudantes locales y capacidad para investigar) terminó con la explosión de internet y la crisis económica de los diarios impresos de pago. En la nueva prensa, los grandes medios se nutren de noticias de agencias y de colaboradores (stringer) que cobran a tanto la pieza. Ha sido un cambio fundamental. Está claro que el stringer quiere ver su nombre en primera página (y cobrar por ello) y se ve obligado a escribir crónicas llamativas, estirando los hechos para que cuelen bien en el foreign desk. No disponen de mucho tiempo para la investigación, ni para contrastar las fuentes, por su escasa rentabilidad y falta de medios. La falta de filtros profesionales eficaces es un drama para la prensa de hoy.

Entonces ¿que ha pasado? Unos han hecho los deberes y otros no.

Un Libro Blanco sobre la cuestión catalana habría resultado útil para deshacer tópicos. No se hizo. Como tampoco está movilizado el fastuoso servicio exterior ni se facilita opinión desde el voluminoso aparato de comunicación del Estado. En definitiva, no se han contrarrestado los excesos que han ido jalonando el proceso. Y sin relato ni empatía para explicar la versión propia, sin tomar la […]

Leer completo en El Español

Un artículo de Luis Sánchez-Merlo, publicado en El Español el 11 de abril de 2018.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *