Editorial (EL MUNDO, 10/05/2020)

Riesgos del ingreso mínimo vital

El ingreso mínimo vital puede ser una herramienta adecuada para ayudar a mitigar la situación de vulnerabilidad en la que la pandemia ha sumido a muchas familias.

El ingreso mínimo vital puede ser una herramienta adecuada para ayudar a mitigar la situación de vulnerabilidad en la que la pandemia ha sumido a muchas familias. Nadie deber obviar que su impacto en la actividad económica amenaza con alimentar una de las peores crisis que hemos presenciado. Miles y miles de hogares de clase media han visto desplomarse sus ingresos en cuestión de días y aquellos que ya se encontraban en una situación de completa precariedad son incapaces de salir adelante. Ante este aciago contexto, corresponde al Gobierno articular una serie de mecanismos encaminados a la protección del bienestar del ciudadano que está sumido en una vorágine inevitable de impotencia. En una nueva exclusiva, este periódico ha tenido acceso al borrador del proyecto con el que el Ejecutivo de coalición pretende establecer los parámetros, las cuantías y la implantación administrativa del ingreso mínimo vital. Una medida cuya aplicación, dada la situación de emergencia en la que nos encontramos, sí encuentra hoy un marco propicio para su debate.

El ingreso mínimo vital puede convertirse durante la pandemia en un salvavidas para muchos españoles y, a la vez, ser una bombona de oxígeno para reactivar el consumo. Por eso cabe estudiar minuciosamente cómo llevarlo a la práctica de forma viable y eficaz. El primer requisito para cumplir con ambos fines pasa por que tenga un carácter coyuntural. La ayuda debe estar ligada a la pandemia porque, de lo contrario, las consecuencias podrían ser nefastas y de nada sirve aplicar un ungüento si el remedio es peor que la enfermedad. Las cuentas públicas se encuentran en estado de precariedad: en la edición del lunes nos hacemos eco de que la Seguridad Social y el SEPE sufrirán este año un déficit de al menos 55.000 millones. La ayuda no puede entenderse como un sustitutivo del sueldo sino como una cobertura temporal. Una renta social para toda la vida no sólo acarrearía indeseables efectos macroeconómicos, sino sociales, como retrasar la incorporación de esos trabajadores al mercado laboral. Nos parece esencial, por tanto, que como se […]

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Un artículo Editorial de EL MUNDO publicado el 10 de mayo de 2020

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