Súbitamente, tras los resultados de las elecciones europeas de 25 de mayo pasado y de las últimas encuestas de población, los líderes de los dos partidos mayoritarios se han dado cuenta de que gran parte de la población española está descontenta y desconfía de las actuaciones de los políticos y de quienes ostentan el poder; así que, casi al unísono, han comenzado a hablar de regeneración democrática, de forma apresurada e indefinida; por ejemplo, el PP quiere, antes de las próximas elecciones municipales de mayo de 2015, cambiar el sistema de elección de los alcaldes y el PSOE propone cambiar la Constitución de 78 para convertir a España en un Estado Federal, como si esta fórmula pudiera arreglar el desconsuelo del ciudadano o pudiera satisfacer a los independentistas. Nada se habla de reducción del tamaño de las organizaciones públicas, ni del déficit público, ni del billón de euros de deuda pública, ni de las listas electorales abiertas, ni de la independencia judicial, ni del sistema de elección de independientes como miembros de órganos constitucionales, ni de reducir el intervencionismo intensivo de las varias administraciones públicas territoriales en las actividades económicas, etc. Ha acertado el nuevo líder socialista al proponer la limitación temporal del cargo público a dos mandatos. Sigue leyendo
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