Con veinticuatro horas de adelanto Puigdemont convocó el ‘caga tió’ de 2016, aunque la tradicional fiesta navideña no la protagonizaron en esta ocasión niños con caras asombradas junto al hogar de la masía ni el tronco cagó avellanas y turrón, como manda la tradición. En el patio del Parlament donde moran los espíritus de Clarís, Casanovas y Companys, el President, flanqueado por Forcadell y Colau, ofició de sumo sacerdote del aquelarre secesionista convocado para intentar sumar el apoyo del brazo de los comunes a su última ocurrencia: reeditar la consulta del 9-N, esta vez ‘con garantías y apoyo internacional’, antes de septiembre de 2017. Sigue leyendo
| Comentar